El hospital no estaba en los mapas.
Estaba en la memoria.
Kang Aerin llegó creyendo que iba a cuidar a otros,
sin saber que algunos lugares no aceptan visitantes:
solo recuerdan.
Siete pacientes la esperaban.
No con miedo,
sino con reconocimiento.
Los pasillos respiraban despacio.
Las luces parpadeaban como un pensamiento cansado.
Y cada puerta cerrada prometía silencio…
pero entregaba ecos.
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Capítulo 6
—No necesito ésto —dijo Adrián mirándome fijamente.
—Entonces dime... —me crucé de brazos, con paciencia — ¿cuánto llevas sin dormir?
—No es asunto tuyo —dijo tensando la mandíbula.
—Si quieres seguir con el control, empieza por controlar tu propia recuperación —me mantuve calmada.
Comprendí que Adrian odiaba la idea de depender de algo externo para funcionar.
—Esto es una herramienta —dije suavemente — tomar la medicación no es una debilidad... Es una forma de mejorar.
En mi mano tenía la Sertralina y el Xanax, descansaban allí esperando una decisión.
—¿Puedes tomarlas frente a mi?
Adrian duda, pero allí me quedé, en silencio, mirándolo sin presión. No quería que me vieran cómo alguien que buscaba imponer, sino negociar.
El castaño accede con resistencia pero sin mentirme y luego de pasar las pastillas con un vaso de agua, voluntariamente abre su boca para demostrar que no me estaba engañando.
—Bien, descansa... Te veo mañana —sonreí agradecida.
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—¿Y qué me das a cambio? —preguntó Ethan, sonriendo con burla.
—Una oportunidad para que te sientas mejor —suspiré — ¿no te parece suficiente?
...«¿Ethan sólo toma sus medicamentos si les ve un beneficio personal?»...
—Eso depende... ¿Qué ganas tú con todo ésto? —dijo juguetón, inclinándose hacia mí.
—Escucha, si realmente quieres más libertad en el hospital, primero debes demostrarme que eres estable —era un buen trato.
Yo también debía demostrar que no cedía a sus manipulaciones.
Le entregué el Lupron y el Risperdal, el pelirrojo me observó unos instantes y se tomó las pastillas.
—¿Puedes sacar la lengua? —dije sonriendo con ironía — sólo por si acaso.
Ethan obedeció con un gesto casi obsceno, divertido para él.
—Gracias, que amable —le agradecí quitándole el poder del juego — hasta mañana Ethan.
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—Me apagan —resopló Jay de brazos cruzados, mirando las pastillas en mi mano.
—No deberían —dije con voz calmada — ¿por qué no me dices cómo te hacen sentir exactamente? Tu opinión sobre el tratamiento también importa.
—Esa mierda me hace sentir desconectado de mí mismo —dijo sin mirarme a la cara.
—Juro que trataré de ajustar la dosis si compruebo que es demasiado fuerte —le extendí el Tegretol y la Olanzapina.
Luego de unos segundos, Jay chasquea la lengua y se toma los medicamentos, pero con reservas.
Esperé a que terminara de tragarlas, buscando algún indicador de que me mentía, sin embargo, fué sincero.
Me tomé unos breves minutos para apilar los organizadores vacíos antes de retirarme de la habitación.
—¿Te sientes bien? —le consulté antes de cerrar la puerta, Jay asintió — de acuerdo, buenas noches Jay.
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—Sé que intentarás esconderlas, sé que tratarás de distraerme —dije con una sonrisa tranquila — y sé que crees que puedes engañarme por diversión. Si realmente quieres demostrar que eres inteligente, debes ser honesto conmigo.
—¿Entonces por qué molestarme en intentarlo? —sonrió Jake divertido.
—Porque quiero ver si por una vez decides ser sincero —dije sosteniendo su mirada.
En mi mano el Revia y el Aripiprazol, y la duda de Jake revoloteando en el aire.
—¿Puedes tomarlas por favor y demostrarme que no me has engañado?
Me mantuve serena en silencio y con paciencia, hasta que Jake accedió e ingirió ambas pastillas, abriendo la boca para que comprobara lo que le había pedido.
—Nos vemos mañana Jake —y le regalé una sonrisa.
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—Su sabor y textura me incomodan —se negó Nathaniel.
...«Nathaniel no rechaza los medicamentos, sólo encuentra excusas para no tomarlos»...
—Sabes que debes tomarlas —dije dejando las vitaminas, el Prozac y el Risperdal en su mano.
—¿Por qué son tan amargas? —observó las pastillas, haciéndolas girar entre sus dedos.
—Porque no están hechas para ser agradables —fruncí la nariz.
—Deberían estarlo... —dijo Nathaniel lambiendo una de ellas.
—Puedes tomarlas con agua si la textura te molesta —ofrecí — es un paso necesario para evitar que tu condición empeore.
Nathaniel parece pensativo unos segundos y se toma las pastillas con un vaso de agua, se muestra sediento, buscando deshacerse lo antes posible de su sabor.
—Saben horrible —se quejó.
—Lo sé —me mostré comprensiva — ¿puedes mostrarme?
Él abrió la boca y comprobé que no las había ocultado en su mejilla.
—Volveré mañana Nath —le sonreí — descansa.
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—No quiero tomarlas —dijo Ash mirando el Prozac y la Quetiapina.
Me senté frente a él, con calma.
—¿Por qué?
—Porque cuándo las tomo, no siento nada —dijo encogiéndose de hombros — y cuándo no las tomo al menos siento algo, aunque duela.
—Ash, no quiero que te sientas como un fantasma, pero tampoco quiero que te hundas —dije con suavidad — si crees que es demasiado, dime y lo ajustaremos juntos. Los medicamentos no buscan apagarte, sino estabilizarte.
Le entregue las pastillas y un vaso de agua.
—¿Puedes beberlo completo, por favor? —fui delicada.
—¿De verdad me escucharás si me duermen demasiado? —Ash aún no parecía convencido.
—Me aseguraré de hablar con los médicos para conseguir una dosis menos agresiva —dije con sinceridad.
Tras aquella condición, Ash accedió y se tragó su tratamiento junto con el agua. Presté especial atención por si el rubio intentaba esconderlas bajo la lengua.
Me devolvió el vaso vacío con la mirada puesta en mi.
—Gracias, Ash —le agradecí desde la puerta — te veo mañana.
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—No las necesito —dijo sin mirarme — sin ellas puedo entender mejor lo que realmente existe.
—Tienes que tomarlas —le extendí a Noah el Haloperidol y el Clozaril, junto con un poco de agua.
—Si las tomo... ¿Seguirías viéndome igual? —observó las píldoras sin tocarlas.
—¿Por qué no habría de hacerlo? —parpadee un par de veces, tratando de entenderlo.
—Porque no quiero que me quiten lo que me hace especial... —murmuró.
—¿Qué es lo que temes perder? —pregunte sin presionarlo.
Noah alzó los hombros, pero no habló
—No quiero cambiarte Noah, sólo quiero que sigas viendo el mundo a tu manera sin que éso te haga daño —dije con voz calma — te prometo que si notamos que los medicamentos te están cambiando de una manera que te desagrada, hablaré con los médicos.
Noah me analizó fijamente y se tomó las píldoras, voluntariamente me enseño que no mentía y agradecí el hecho de que todos hubieran cooperado.
—¿Cómo te sientes? —le pregunté antes de retirarme.
—Bien... —respondió desde su cama.
—De acuerdo Noah —murmuré — buenas noches.
Y tras cerrar la puerta 007, el profundo silencio de los pasillos me envolvió. Dejé el carrito auxiliar vacío a un lado y suspiré ligeramente agotada.
—Hiciste un gran trabajo para ser tu primer día —me elogió el guardia.
—Si, salió mejor de lo que esperaba —dije emocionada.
—Será mejor que vayas a descansar —dijo Joshua — es sólo el comienzo.
—Lo sé... Nos vemos mañana —me despedí.
—Descansa Kang...
Crucé los silenciosos y vacíos pasillos, la luna llena entraba por los amplios ventanales y cargaba los ambientes con su blanco espectral.
Salí del hospital pasando por entre medio del jardín hacia la residencia.
...«¿Por qué siento que dejo algo atrás?»...
Me fui a la cama, aún pensando en el día, aún con mi mente en el Nivel 3, pero completamente decidida a negociar ciertos asuntos por la mañana