Sinopsis:
Isabella, una joven y talentosa pianista, ve cómo su mundo se desmorona cuando su gran amor, Nicolás, sufre un trágico accidente de auto y es dado por muerto. Devastada y sola, descubre semanas después que está embarazada. Con el corazón roto pero decidida a salir adelante, se entrega a la música y comienza a trabajar como pianista en eventos y bodas, mientras cría a sus dos hijos gemelos.
Años después, recibe la oferta de tocar en una lujosa boda de alto perfil, con estrictas cláusulas de confidencialidad. Nada la prepara para lo que está a punto de vivir: el novio es Nicolás, vivo… pero sin el más mínimo recuerdo de ella.
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Capítulo 6 – A solas
El murmullo de los invitados se desvanecía mientras Nicolás guiaba a Isabella por un pasillo lateral del salón. Caminaba con pasos largos, tensos, como si temiera que ella desapareciera si no llegaban a tiempo. Abrió la puerta de una habitación privada —una sala de descanso decorada para los novios— y la dejó pasar primero. Cerró la puerta tras ellos. El silencio cayó como un telón.
—Gracias por venir —dijo él, sin saber por qué esas fueron sus primeras palabras.
Isabella lo miró con una mezcla de ternura y cautela. Había esperado cinco años por ese momento, pero no así. No con él vestido para casarse con otra mujer. No con sus hijos esperando afuera, sin saber que su padre estaba a solo unos pasos.
—No vine por ti —respondió ella con suavidad—. Vine a tocar el piano. No sabía que eras tú… hasta que te vi.
Nicolás asintió, frotándose las sienes. Se sentó en el borde de un sofá, con los codos sobre las rodillas.
—No recuerdo nada. Pero cuando te vi… algo se movió dentro de mí. Como si mi cuerpo supiera lo que mi mente no.
—Estábamos juntos —dijo Isabella, sentándose frente a él—. Íbamos a casarnos. Vivíamos en un apartamento pequeño, lleno de música, de planes. Y luego… desapareciste. Me dijeron que habías muerto.
Él alzó la mirada, confundido.
—¿Y los niños? ¿Son míos?
Isabella tragó saliva. Ese era el momento.
—Sí. Son tuyos. Gemelos. Sofía y Thiago.
Nicolás se quedó inmóvil. Como si las palabras no tuvieran sentido.
—¿Cómo…? ¿Cuándo…?
—No lo sabías —dijo ella, adivinando su pensamiento—. Me enteré después del accidente. Ya no estabas. No pude decírtelo. No pude encontrarte. Tus padres me cerraron todas las puertas. Me dijeron que no tenía derecho a nada. Que no pertenecía a tu mundo.
Él se levantó, caminando de un lado a otro, como si necesitara moverse para procesar lo que acababa de escuchar.
—¿Y por qué no me lo dijeron? ¿Por qué…?
—Porque no querían que volvieras a mí. Porque yo no era suficiente para ellos. Porque tener una familia conmigo no encajaba en sus planes.
Nicolás se detuvo. Cerró los ojos. Una imagen fugaz cruzó su mente: Isabella riendo, con las manos sobre su vientre. Luego otra, más borrosa: él acariciando su barriga, hablando con los bebés que aún no habían nacido.
—Estoy empezando a recordar cosas —susurró—. No sé si son reales o inventadas, pero… te siento. A ti. A ellos.
—No vine a reclamar nada —dijo Isabella, con voz firme—. Solo quería que supieras la verdad. Que existimos. Que te amamos, incluso sin que nos recuerdes.
Nicolás la miró, y por primera vez en años, sintió que el vacío dentro de él comenzaba a llenarse.
—Quiero conocerlos. A ti. A ellos. Quiero recuperar lo que me arrebataron… lo que me ocultaron.
Isabella asintió, con lágrimas contenidas.
Y en esa habitación cerrada, donde el pasado y el presente se encontraron por fin, Nicolás dio su primer paso hacia la verdad.
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¿ SE ENFRETARA NICOLAS A SU FAMILIA ?
POR AMBICIOSOS Y MALDITOS