Me obligaron a casarme con un hombre que no amaba, ni el a mi. En el camino aprendi a vivir como la esposa del segundo principe de Cassttle, resignada a morir como la princesa despreciada.
Hasta que llego el. Estaba segura que no volveria a verlo nunca y ahora resulta que esta aqui y que es el hermano mayor de mi esposo. El principe heredero.
Amarlo de la manera en que lo hacía era un pecado, uno dificil de no cometer, controlar el deseo que sentia por el, era una guerra que irremediablemente habia perdido, fue imposible no caer en su juego... de Seducción
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6. Veneno
Comencé a caminar dentro y no me esperaba lo que vería, en el comedor estaba toda mi familia, mi padre, mis 5 hermanas, mi esposo y suegros y ahí estaba él
Mi mirada se posó en él y rápidamente la quité, mis manos comenzaron a temblar, el recuerdo de aquel beso se instaló en mi mente.
Yo solo hice una reverencia y salude.
— Buenos dias a todos, Esposo, Padre, Madre Hermanas, Alteza — voltee a ver al hombre que se hacia llamar mi padre — Márquez. Buenos dias a todos
— Princesa, pase sientese, la estabamos esperando.
La silla que yo ocupaba estaba ocupada por mi hermana Patricia, ella me miro esperando que yo dijera algo, pero Alejandro fue mas rapido y hablo.
— Alteza, sientese aqui.
El abrió la silla a su lado y me invito a sentarme, no quería sentarme a su lado, pero no podía hacerle un desaire al príncipe heredero así que solo dije:
— Gracias alteza.
Camine hacia el y me sente, el cerro mi silla y volvio a tomar asiento a mi lado.
— Ya pueden servir la comida.
Comenzaron a servir la comida, mi padre hablaba con el emperador. Mi mirada estaba en mi plato, no queria ver la cara de molestia de mi esposo ni tampoco la cara de mis estupidas hermanas.
— Alteza, ¿Durmio bien anoche?
Esa pregunta me tomo desprevenida, la mencion de anoche salida de sus labios, me trajo el recuerdo de aquel beso y gracias a dios no estaba bebiendo nada porque hubiera salido disparado de mis labios y eso no hubiera sido bonito.
— Ha, si, dormi bien ya estoy mucho mejor, gracias por preguntar alteza.
— Oh no me agradezca, me preocupo por la salud de mi familia, cómo todo buen hombre — dijo con aquella sonrisa calida en su rostro.
— Eso es de admirar — dijo el Marqués, metiendose en la conversación — No nos han presentado como es debido alteza. Soy el Marquez Louis, el padre de la segunda princesa y las dos concubinas del segundo principe que ya conoce, ellas son mis otras preciosas hijas. La señorita Eloise Louis la mayor, Sally Louis la que le sigue y Sabrina Louis.
— Mucho gusto alteza es un honor conocerlo — respondieron al unísono.
Ni siquiera subi el rostro. No queria verlas.
— Encantado, señoritas.
— Alteza por si no sabes ninguna de mis tres preciosas hijas están casadas, todas son expertas en bordado y...
Si. Ya me lo esperaba.
— Sin ofender Marquez, pero no estoy en busca de una esposa. Mi corazon ya tiene dueña, asi que me disculpo si este almuerzo era con otras intenciones, como ya le participe a mis padres, ya alguien ocupa mi corazon.
Eso dolió.
Así que ya tenía a alguien más y estuvo en mi habitación anoche besándome. Era un descarado.
Quise patearlo en ese momento, pero tenia que comportarme. Eso no tendria ni que importarme, yo estaba casada y nada mas y nada menos que con su hermano.
— Yo... lo siento alteza no queria incomodarlo.
— Tranquilo no me incomoda marquez.
— ¡Alejandro! — la emperatriz exclamo su nombre — No puedes seguir con esto...
— Madre — susurro con una calma digna de admirar — Seguiré con esto hasta que ella sea mi esposa, asi que no te molestes es querer cambiar mi pensar. Conmigo no te funcionara.
— ¡No le hables así a tu madre, Alejandro! — exclamo el emperador.
Esto era incomodo.
— Si quieres que esa mujer desconocida se case contigo, debes traerla aqui para que yo la vea, ninguna mujer sera emperatriz sin mi aprobacion.
Alejandro solto una risa suave — Madre, no necesito tu permiso para amar a alguien. En pocos dias sere el emperador, asi que tampoco necesitare tu aprobación para hacerla mi emperatriz.
Está conversacion me estaba poniendo nerviosa, no quería presenciar como el unico hombre que habia deseado en mi vida se casaba con alguien mas, pero definitivamente preferia que fuera con cualquiera que no fuera una de mis hermanas. Eso si seria un golpe duro a mi corazon.
— ¡Niño desvergonzado! Todavia no eres emperador y ya quieres anularnos.
— Mujer calmate, tu hijo es inteligente no escojera a cualquiera.
— Exacto madre, se lo que hago, tu preocupate por seguir haciendo tu trabajo muy bien.
Eso se había escuchado como una amenaza.
Se notaba que el no tenia buena relacion con sus padres y lo entendia, los dos eran alimañas interesadas, todas las personas era peones para ellos.
— Hermano ¿Que tal si bailas esta noche con alguna de las señoritas Louis? —
Aquella proposición trajo aquello a mi mente. Habia olvidado el baile de esta noche. Diablos.
— No quisiera comprometer a las señoritas a dicho escandalo, podrian perder pretendientes que pensaran que quiero cortejarlas, cuando no es asi
Subí el rostro con rapidez, observandolas, aguantando las ganas de reir.
Eloise parecía que iba a estallar, su sueño frustrado de ser la emperatriz iba cayendo en picada y eso me complacía, esa arpía no merecía ser la esposa de Alejandro.
Ninguna de ellas lo merecía.
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Despues del almuerzo todos se retiraron a la terraza del palacio, los hombres hablaban de negocios y mis hermanas chismeaban con la Emperatriz. Todo esto me aburria de sobremanera y preferia estar en mi estudio con mis cuentas que estar aqui.
— Hermana y para cuando tendremos la dicha de saber que hay un pequeño principe creciendo en tu vientre
Casi escupo el té que bebía, todos se quedaron en silencio esperando, incluso la conversación de ellos se detuvo, sentia la mirada de todos, pero la que más quemaba mi piel era la de Alejandro.
No sabía que decirles, como les diría que yo ni siquiera había consumado el matrimonio cuando llevaba cuatro años casada.
Remus se acerco a mi y apreto mi hombro — Nosotros estamos en ello, no se preocupen, pronto habra un pequeño principe caminando por el palacio.
Si claro, en estos momentos me alegraba de su mala maña de siempre responder por mi, definitivamente no sabia que decir para callar a las viboras.
— Ya que estamos hablando de eso yo quiero aprovechar para hacer un anunció — dijo flora con emoción.
No podia sentir tan estúpida.
— No queria decirlo todavia porque no es seguro, pero aprovechare que estamos toda la familia junta para contarles que tengo tres semanas de retraso, creo que estoy embarazada.
El lugar quedo en silencio, la mano de Remus comenzo apretar mi hombro con demasiada fuerza. El no queria esto lo sabia, aunque el no me queria el no queria que yo dejara de ser su esposa o todo el mundo se daria cuenta de lo inutil que es.
— ¿Como asi? ¿No se supone que tu te cuidabas? — preguntó con una calma amenazante.
La mirada de miedo de Flora, era un placer para mi.
— Si, alteza yo... Me cuido, pero... A veces eso falla.
Flora tartamudeaba. Patricia la miraba con odio, las dos compitiendo por quién se quedaría en mi lugar. Pobres patéticas alimañas.
— Dejala hijo, ella tiene razon, ademas deberias estar feliz, por el camino que vas al parecer tu esposa no sirve ni para darte un heredero.
Todo su veneno no hacia ningún efecto en mí, me importaba poco lo que su madre o cualquiera en el imperio pensara, prefería morir a darle un hijo a la basura que tenía como esposo.
Todos se acercaron a felicitar a Flora, yo me quede sentada, la mano de Remus no me soltaba, estaba molesto y sabia que la iba a pagar conmigo mas tarde.
— Ahora todos deberiamos irnos a arreglar para esta noche.
Todos se levantaron y comenzaron a salir.
— Ustedes dos a mis aposentos ¡Ahora! — exclamo Remus con dureza.
Las dos miraron con miedo a Remus y se retiraron lo más rápido que pudieron.
Alejandro se acerco a el y le dio una palmada en el hombro.
— Felicidades hermano, pronto tendras aquel principe que tanto deseas.
Su voz de burla hizo que Remus apretara más fuerte, sentía que mi hombro se rompería en cualquier momento, pero mi cara seguía inexpresiva.
Cuando todos se retiraron Remus me solto.
— Levantate y sigueme.
El comenzó a caminar a su residencia y yo lo seguí, cuando llegamos mis dos hermanas parecían pelear, apenas nos vieron ellas callaron.
Yo me quede de pie cerca de la puerta, lista para escuchar todas las tonterias que salieran de la boca de mi querido y tonto esposo.
— ¡Que mierda han hecho! — Remus exclamo con fuerza — ¿Acaso no les a quedado claro a las dos? Cuando las acepte aqui se los dije — el se acerco a ellas y les grito — Ninguna de las dos sera mi esposa. ¡Nunca! Alicia seguirá siendo mi esposa, asi ustedes usen todas sus artimañas para ocupar su lugar, ninguna de ustedes esta lo suficientemente preparada para ser una princesa, asi que no quiero que sigan con esta estupida pelea. Conozcan su lugar o conoceran mi lado malvado y no creo que les guste.
Las dos estaban temblando de miedo — Si alteza, perdonenos, nosotras no quisimos desobedecerle.
— ¿No quisieron? ¡¿Entonces que mierda fue eso?! ¿Como te atreves a decir semejante estupidez de lante de todos sin participarme? ¡Eres una estupida malditasea! Ese bebe no puede nacer.
— Alteza, pero es su hijo — replico flora, con las lagrimas empañando su rostro.
— Me importa una mierda, buscaras manera de como desaparecer a ese bebe o yo te hare desaparecer a ti — susurro amenazante.
Las dos temblaban de miedo, Flora lloraba y Remus parecia poseido por la furia.
— ¡Largo las dos no las quiero ver mas!
Las dos salieron corriendo del salon. Ya sabia que ahora me tocaba a mi.
— ¡¿Que mierda haces ahi parada?! Pasa y sientate.
Yo pase tranquila y me sente.
— !¿Tu que mierdas estabas haciendo?! ¡¿Porque te quedaste callada?!
— ¿Que podria decir Alteza? ¿Queria que les dijera que mi esposo jamas a visitado mi habitación? — respondi.
El sonrio burlo — ¿Ahora te importa que no te visite?
— Oh no, no me malinterprete Alteza. Me hace feliz que mi esposo jamas se haya atrevido a pisar mi habitación. Es mas estoy muy feliz por la noticia. Larga vida al pequeño principe o princesa que crece en el vientre de su concubina.
— ¡Cállate! — exclamo con fuerza — Ese niño no vivira por mucho, mis hijos solo vendran de ti.
— Se equivoca Alteza, yo jamas tendre sus hijos — afirme.
— ¿Que mierda dices? — El se acerco y me todo de la barbilla — Te atreves a rechazarme zorra
— Yo nunca tendre tus hijos — afirme, sintiendo su mano apretar mi piel.
— Haras lo que yo te diga. ¿Acaso no estabas desesperada por ser mi esposa siendo solo una pequeña niña de 8 años? Bueno ya lo eres, asi que cumpliras con tu deber.
Mi ira crecia rápidamente, jamas quise ser la esposa de un hombre tan despreciable.
— Yo jamas quise ser tu esposa — solte mirandolo a los ojos — Me averguenza solo saber que me case contigo.
Ese le molesto demasiado. Me tomo del cuello cuando escuchamos a alguien hablar.
— Suéltala ahora.
Alejandro estaba aqui. No sabia si era una bendición o una maldición.
Remus me solto y se alejo de mi — Esposa retirate.
Yo solo me levante y camine a la salida, cuando pase al lado de Alejandro su mano rozo la mía, solo ese pequeño contacto fue suficiente para que todos aquellos sentimientos que había guardado dentro de mí resurgieran, había aguantado lo inimaginable de estas personas. Había estado en silencio tantas veces, manteniendo una coraza, fingiendo.
Estaba agotada.