Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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5 LA MANO QUE ENVENENA EL TRONO
Los rumores sobre Lyra habían crecido como un incendio en campos secos. En el imperio del Fénix y el Dragón, tener una cortesana como sirvienta de una noble no era solo un error – era una deshonra que manchaba la reputación de toda la familia real. Taylor se enfrentaba a Rosa en el centro del salón, sus ojos ámbar ardiendo de furia.
"¡Has arruinado mi reputación!" – gritó, golpeando la mesa con su puño hasta que los platos saltaron – "La nobleza ya habla de nada más que de esto. Dicen que nuestra casa no sabe elegir a sus sirvientas, que toleramos la impureza en nuestro propio hogar. Por tu culpa, el emperador ha cuestionado mi capacidad para gobernar. ¡No saldrás de tu cuarto por un tiempo! Te castigo a encierro hasta que esta vergüenza se disipe."
Rosa intentó hablar, pero sus lágrimas no dejaban que pronunciara una palabra coherente. Se marchó corriendo, mientras los nobles presentes murmuraban entre sí con expresiones de desdén.
En mi cuarto, escuchaba todo desde la puerta entreabierta, y una carcajada fría y satisfecha se escapó de mis labios.
"Jajaja... ¡mi plan fue perfecto!" – susurré, mirándome al espejo de bronce – "La reputación de Rosa está manchada para siempre. Este es solo el comienzo, perra. Pagarás por todo lo que le hiciste a la Lobelia original – te destruiré poco a poco, como quemas una tela fina con una chispa. Taylor y tú son nada para mí... el verdadero problema está en el palacio imperial, en la persona del emperador Teodoro."
Me senté en la cama, pasando las manos por mi cabello negro.
"Hoy el emperador será atacado en la Posada del Cisne Negro, donde pasará la noche infiltrado para investigar una conspiración entre los nobles del norte. Taylor tendrá que ir a resolver asuntos militares en la frontera y no regresará hasta dentro de tres días. Rosa está castigada, sin derecho a salir... finalmente todo salió como lo planeé. Esta noche ese emperador no escapará de mis garras. No busco su amor – él es solo un instrumento para mi propósito: ser la emperatriz viuda. No sé amar, no deseo amar a nadie... solo me amo a mí misma. Lograré lo que quiero sin importar las consecuencias. Prefiero ser la villana que sacrifica a todos antes que la estúpida protagonista que se sacrifica a sí misma."
Me disfrazé de mujer común – vestida con una túnica de lino marrón, un velo grueso que cubría mi rostro y zapatos de cuero gastados. La posada estaba llena de mercaderes y soldados, pero nadie me prestó atención – era solo otra mujer sin importancia en un mar de rostros desconocidos.
Gracias a al gremio de información, sabía exactamente en qué habitación se alojaría el emperador. Mientras sus hombres guardaban las puertas, yo me deslicé por el pasillo trasero, usando una llave maestra que Kael me había conseguido.
Cuando entré en la habitación, el emperador estaba luchando contra tres asesinos vestidos de negro. Eran hombres fuertes, pero yo era más rápida – y tenía mis agujas de plata envenenada, un arte que aprendí de la cortesana que me entrenó en mi vida anterior, quien también era una asesina especialista en venenos exóticos.
Con movimientos precisos y sin pestañear, lancé las agujas una por una – cada una alcanzando el cuello o el corazón de los atacantes. En segundos, yacían inertes en el suelo. El emperador se apoyó en la pared, jadeando, y entonces noté que su piel empezaba a tomar un tono azulado pálido.
"Ya estabas envenenado hace mucho tiempo," le dije, acercándome con paso lento mientras quitaba mi velo – dejando solo el cabello para cubrir parte de mi rostro – "Un veneno raro, de las montañas del este. Actúa despacio, debilitando los músculos hasta que no puedes moverte."
Lo ayudé a tumbarse en la cama y, usando aceites especiales que calmaban el dolor y relajaban los músculos, me acerqué a él. Era la primera vez en mi vida que me cruzaba con un hombre con una presencia tan intensa – aunque débil por el veneno, su cuerpo era imponente.
Fue doloroso, pero mantenía la compostura – sabía que este momento era crucial para mi plan. El emperador intentó hablar, pero solo logró articular unas pocas palabras.
"¿Quién eres... mujer?" – susurró, sus ojos azules clavados en mí – "Te acostaste conmigo... ahora eres mía."
Yo le hice girar su cuerpo suavemente, dejando que viera el pequeño lunar rosado en forma de estrella que tenía en la espalda – una marca única que nadie más poseía.
"Adiós, su majestad," le dije, mientras me preparaba para irme – "Horas antes mandé a mi criada a poner droga en las bebidas de tus hombres. Seguirán inconscientes por una hora más. Nos veremos pronto."
El emperador Teodoro era alto, más de dos metros, con cabello rojizo rizado y largo que caía sobre sus hombros, y ojos azules que parecían quemar con solo mirar. Aunque tenía 33 años – una edad madura para el reino – se veía imponente y atractivo. En mi vida anterior fallecí a esa misma edad, pero en este cuerpo tenía solo 20 años.
Theodoro Drakon:
Dejé un arete de plata con un colgante de estrella en la mesita de noche – a propósito, para que él pudiera buscarme después – y me fui sigilosamente por la misma puerta trasera por la que había entrado. Regresé a la mansión del príncipe antes de que amaneciera, sin que nadie se diera cuenta de mi ausencia.
Los días pasaron y el emperador no pudo encontrar a la misteriosa mujer que lo había salvado y compartido su cama. Sus hombres habían investigado todas las posadas y casas de la ciudad, pero no había rastro de nadie con un lunar rosado en forma de estrella en la espalda.
Mientras tanto, la emperatriz Isadora preparaba un banquete para celebrar la recuperación del emperador. Según lo que sabía de la novela, la emperatriz era un verdadero demonio – capaz de cualquier cosa, sin empatía por nada ni por nadie. y no toleraba ninguna amenaza a su posición.
"El banquete será en tres días," me dijo Elle, entrando en mi cuarto con un pergamino con la invitación – "Todos los nobles de la corte están invitados, incluyendo a la señorita Rosa y al príncipe Taylor."
Yo sonreí, mirando el arete que había conservado su pareja – exactamente igual al que había dejado con el emperador.
"Perfecto," susurré, cogiendo un vestido de seda roja que había hecho en mi tienda – "La emperatriz creerá que soy solo otra noble sin importancia. Pero el emperador reconocerá mi marca... y cuando lo haga, el verdadero juego por el trono comenzará."