Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.
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Capitulo 5
El descenso del piso 50 al 42 fue breve, pero para Davina se sintió como un cambio de era. En su pecho colgaba ahora una tarjeta magnética dorada, la que identificaba a los "Asistentes de Presidencia". El cristal del ascensor le devolvió su imagen: seguía siendo la chica de Estácio, pero sus ojos ya no buscaban permiso para existir.
Cuando las puertas se abrieron en el piso de Recursos Humanos y Operaciones, el ambiente era el mismo de ayer: frenético, frío y cargado de una falsa importancia.
Davina caminó directamente hacia el mostrador de recepción. Fabiana, la secretaria que ayer la había ignorado mientras limaba sus uñas, levantó la vista y frunció el ceño con fastidio.
—¿Otra vez tú? —suspiró Fabiana sin molestarse en ocultar su desprecio—. Ya te dije ayer que no hay vacantes y que la señora Fontes no recibe a nadie sin cita. De hecho, no sé ni cómo has pasado el primer control de seguridad. Lárgate antes de que llame a...
Davina no la dejó terminar. Colocó su tarjeta dorada sobre el mostrador, justo encima de las revistas de moda de la secretaria. El color desapareció del rostro de Fabiana al ver el sello de "Presidencia".
—No estoy aquí por una vacante, Fabiana —dijo Davina con una calma gélida—. Estoy aquí por los expedientes del Proyecto G-4. Y la señora Fontes me está esperando. Aunque ella aún no lo sepa.
Sin esperar respuesta, Davina se dirigió hacia la oficina acristalada del fondo. A través del vidrio, vio a Teresa Fontes de pie, reprendiendo a un joven asistente que parecía a punto de llorar. Teresa levantó la vista y, al ver a Davina entrar sin llamar, su rostro se puso rojo de furia.
—¡¿Pero qué clase de insolencia es esta?! —gritó Teresa, haciendo que toda la oficina se quedara en silencio—. ¡Seguridad! ¡Saquen a esta... esta mujer de aquí ahora mismo! ¡Le dije que se fuera a su barrio y no volviera!
Davina se detuvo en el centro de la oficina. Los empleados se asomaban por encima de sus cubículos. El silencio era absoluto.
—Buenos días, Teresa —dijo Davina. El uso del nombre de pila, sin el "Señora", fue como un bofetón—. Vengo de parte del señor Danilo Hawser.
Teresa soltó una carcajada estridente y nerviosa.
—¿De parte del señor Hawser? ¿Tú? No me hagas reír. No eres más que una muerta de hambre que no sabe ni combinar un traje. No sé cómo has burlado la seguridad, pero te garantizo que hoy dormirás en una celda.
En ese momento, el teléfono privado de la mesa de Teresa empezó a sonar. Era la línea roja, la que solo sonaba cuando la planta 50 tenía una orden. Teresa, temblando de ira pero condicionada por la jerarquía, contestó sin apartar la vista de Davina.
—¿Dígame? —su voz pasó de un grito a un susurro servil—. Sí, señor Hawser... Sí, estoy aquí... ¿Cómo? ¿Una nueva asistente? Pero señor, yo... yo ya hice las entrevistas y...
Teresa se quedó petrificada. El auricular pareció pesarle una tonelada. La voz de Danilo al otro lado fue lo suficientemente alta como para que Davina escuchara las últimas palabras: *"La señorita Guedes es mi nueva mano derecha en proyectos especiales. Cualquier falta de respeto hacia ella será considerada una falta de respeto hacia mí. Entrégale lo que pida. Ahora."*
El clic de la llamada finalizada sonó como un disparo en la oficina. Teresa bajó la mano lentamente, con los ojos muy abiertos, mirando a Davina como si viera un fantasma.
—Los expedientes, Teresa —repitió Davina, acercándose al escritorio—. Y los quiero ahora. El señor Hawser no tiene mucha paciencia con la incompetencia o las... demoras innecesarias.
Teresa, con las manos temblorosas, tuvo que buscar en su archivador bajo la mirada de todos sus subordinados, que no ocultaban sus sonrisas de satisfacción al ver a la tirana humillada. Le entregó una carpeta gruesa a Davina.
Davina la tomó, pero antes de salir, se inclinó hacia Teresa, lo suficiente para que solo ella la oyera:
—Por cierto, ayer me dijo que buscara algo "acorde a mi realidad". Tenía razón. Mi realidad es que acabo de convertirme en tu superior directa en este proyecto. Asegúrate de que los próximos informes estén limpios. No me gustaría tener que explicarle al señor Hawser por qué su Directora de RR.HH. es incapaz de seguir instrucciones simples.
Davina salió de la oficina con la cabeza alta. Al pasar por la recepción, Fabiana ni siquiera se atrevió a mirarla.
Al llegar al ascensor, Davina soltó un largo suspiro. Había ganado la batalla, pero al abrir la carpeta en el trayecto de vuelta al piso 50, se dio cuenta de por qué Danilo la había contratado. El "Proyecto G-4" no era una construcción de lujo. Era un plan de desalojo masivo en una zona humilde cercana a su propio barrio…