Cuando la corte celestial baja al mundo de los mortales para encarar a la diosa de la luna por haber roto las reglas, comienza una larga batalla en los cielos hasta que deciden eliminarla como castigo.
Sin embargo, su fiel esposa, la hará regresar como una mortal llamada: "Rinko Gumi" para que ayude a la princesa del cielo en su misión de recuperar los pergaminos antiguos.
Ahora una joven Rinko deberá proteger a la princesa para resurgir y encarar a la corte celestial en una última batalla contra los cielos.
¿Podrá Rinko resurgir y tener su revancha contra la corte celestial?
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Capitulo #5: El Pilar de los Cielos
Intenté quitarme esa estúpida reliquia que me causaba dolor pero era imposible, estaba pegada a mí como otra extremidad.
—Ya no les pegare, por favor basta… ya entendí, no les haré daño y huiré, solo detente… —le imploré resignada a huir con Sun Tsu—
El dolor de la corona se fue disipando poco a poco hasta que mi cabeza dejó de dolerme, no entendía muy bien el por qué me había dolido pero aún así, al momento de que dejó de dolerme me puse de pie y me limpie las lágrimas para ahora sí, escapar de los dragones.
—¡Rinko! —gritó Sun preocupada volando hacia mí con sus alas emplumadas—. Qué alivio, no te pasó nada ¿verdad?
Antes de que pudiera responder, el rey dragón se inclinó hacia nosotras para hablarnos, ya no como presas a las cuales cazar, sino como iguales, de Rey a Rey. Mi primera reacción al verlo acercarse fue cargar a Sun para escapar aunque antes de que diera un paso para escapar, el rey se disculpó.
—Siento las molestias, Rey Rinko
Me detuve cuando lo escuché decirme Rey, mis orejitas esponjosas de gato se levantaron de par en par y mi colita de gato antes erizada, se relajó y se meneó con curiosidad.
—Me disculpo por mi mala educación, no sabíamos que estábamos frente a otro Rey, pero ahora que lo sabemos, nos queremos disculpar dándole un regalo a usted y a su acompañante celestial
—¿Eh? —dijimos ambas sorprendidas por la inesperada disculpa del rey dragón—.
—¿Eres un rey dragón de Grea?
—¿Me darás un regalo?
—Así es, señoritas
Nos volteamos a ver con una inmensa sonrisa en nuestras caras, pues habíamos conseguido una invitación directa a uno de los sutras que estábamos buscando.
El Rey Dragón fue muy amable en llevarnos al reino de Grea, en su lomo. A diferencia de la nube mágica, un dragón se movía muchísimo más rápido, tanto que llegamos a su reino en menos de unas pocas horas.
Según Sun Tsu, ese reino fue construido por cinco héroes fuertísimos, hace mil millones de años como recompensa por ayudar a pelear contra un malvado rey. Lo curioso fue que en el reino había un inmenso pilar de metal rojo oscuro que parecía no tener un final.
—Wow, parece casi infinito
—Jaja, no es increíble, Rey, ese pilar fue un regalo de una vieja heroína del pasado pero tranquila, hay cosas más emocionantes que eso
—Por cierto, su majestad, sobre su comandante… antes no pude disculparme adecuadamente, pero…
Sun hizo una reverencia en el lomo del rey dragón para disculparse, lo que hizo que él soltara una carcajada.
—No te disculpes, niña, fue mi error lo que lo mató, no el Rey Rinko
—Mm… aún así, déjeme disculparme por la muerte de su soldado a manos de mi amiga Rinko
El palacio del dragón era aún más bonito de lo que imaginé, aparte de bonito era gigantesco, me sentía como una hormiga o peor, como una pulga pequeñita. Eramos tan pequeñas que teníamos que movernos dentro del castillo con ayuda de uno de los discípulos del Rey.
En las paredes había cuadros de los anteriores reyes, también había joyas hechas de oro o de perlas de mar, de verdad a ellos les gustaba mucho el oro, porque casi todo era de oro.
Tal y como había prometido, él nos dio uno de los sutras que estábamos buscando, no era la gran cosa, solo era un rollo de papel con palabras escritas en un idioma que no entendía nada.
Pero eso no era lo más importante en nuestra visita a ese bellísimo palacio, lo más relevante de todo esto, fue que los discípulos del Rey dragón me trajeron muchas armas para que las probara.
—¿Y bien? ¿Qué tal esa lanza? —preguntó el Rey viéndome junto a Sun Tsu—
Intentaba usar sus armas pero algunas se rompían cuando intentaba usarlas, otras eran demasiado largas o pesaban tanto que ni siquiera podía usarlas bien y muy pocas no se movían en lo absoluto del suelo.
—¡Ah! ¡Oiga! ¡¿Acaso no tiene ningún arma que no se rompa?! ¡¿O que al menos me sea útil?!
El rey dragón solo se rió para después voltear hacia el pilar de forma burlona, lo que me hizo enojar, quería darle un puñetazo pero me contuve para que la estúpida corona en mi cabeza no causara dolor.
—Lo siento, pero esas son todas las armas que tengo para ti, aunque si de verdad necesitas un arma… bueno, tal vez deberías probar empuñar el pilar viejo
—¿Ah? ¿Eso es un reto?
—Tal vez…
—Rinko, recuerda…
—¡Sí, ya sé! ¡Límites! ¡Ya me lo repetiste más de tres veces! —le saqué la lengua a Sun Tsu, ella solo sonrió y asintió—. Tonta —añadí caminando a la orilla del lomo del discípulo dragón del Rey—.
Con un simple salto pude llegar a una de las ventanas del castillo, con mis garritas de gato pude sujetarme y mantenerme pegada en el cristal. Mientras mi amiga y ese tonto Rey me observaban con intriga, me desplacé hasta un pequeño agujero en la ventana.
—¡Hmph! Ya que insistes, me llevaré tu estúpido pilar conmigo —dije para después enseñarle el dedo del medio al Rey—
Molesta y dispuesta a conseguir una nueva arma para mi viaje, estaba por saltar hacia el pilar viejo, sin embargo… Sun voló hacia mí con sus elegantes alas blancas para abrazarme y llevarme hacia el pilar para que lo tomara sin ponerme mucho en peligro de caer al mar del este de Grea.
Cuando estiré mi mano hacia el pilar abandonado, el mar y los cielos que rodeaban Grea temblaron con una intensidad tan brutal que todos los dragones volaron asustados, como un montón de peces que huyen de la red de los pescadores.
—¿Q-Qué? —susurraron los dragones que nos veían desde el interior del castillo—
Por otro lado, el pilar viejo comenzó a rugir casi como si estuviera encogiéndose poco a poco y al mismo tiempo que rugía, un brillo se desprendió de él.
Todo fue tan rápido que no me di cuenta de la velocidad del encogimiento del pilar, en unos pocos segundos, aquel inmenso e intimidante pilar se había vuelto un bastón.
Tanto Sun como el Rey dragón se quedaron con la boca abierta y parpadeando sorprendidos.
Pero de pronto, la ausencia del pilar que sostenía los cielos de Grea, empezó a tener algunas pequeñas consecuencias; esas eran tornados, tormentas y temblores que causaron un caos que duró por lo menos hasta que el cielo se acostumbrara a la ausencia del pilar.