⚠️ Edicion de capítulos ⚠️
🚫 Novela en Emisión y Corrección 🚫
Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.
Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.
¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?
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Capítulo 4: El Silencio del Cristal
Molly aterrizó en el aeropuerto de Zúrich bajo un cielo plomizo que amenazaba lluvia. El chófer personal de su padre, Jean, la esperaba con una sonrisa reconfortante.
—Bienvenida a casa, señorita Molly. Su padre la espera con ansias, aunque está preocupado por su viaje repentino.
—Gracias, Jean. Solo necesito hablar con él. Vámonos rápido, por favor —pidió Molly, subiéndose al asiento trasero del sedán negro.
El vehículo se deslizó por las carreteras suizas con la precisión de un reloj. Molly miraba por la ventana, ensayando mentalmente las palabras que le diría a su padre, cuando el mundo dio un vuelco violento.
En una intersección cerca de la autopista, un camión recolector de basura saltó la mediana tras perder los frenos.
El tiempo pareció detenerse. Molly vio el inmenso bloque de metal acercarse como una montaña imparable. Jean giró el volante con desesperación, pero fue inútil. El impacto fue brutal: un estruendo de metal desgarrado y cristales estallando que ahogó cualquier grito. El sedán fue arrastrado varios metros antes de quedar convertido en un amasijo de hierro a un lado del camino.
El silencio que siguió fue inmediato. Jean murió en el acto, con las manos aún aferradas al volante. En el asiento trasero, Molly yacía inconsciente, con el rostro pálido manchado de sangre, atrapada entre los restos del coche.
Dos horas después, en la oficina de L'Océan Bleu, el teléfono del despacho de Julien Dumont sonó con una insistencia fría. Julien contestó de inmediato.
—¿Dígame?
—¿Hablo con el señor Julien Dumont? —la voz de un oficial de la policía cantonal de Zúrich sonó distante—. Lamentamos informarle que se ha producido un accidente en la ruta 4. Un vehículo a nombre de su empresa...
Julien no escuchó el resto. El auricular resbaló de sus manos y chocó contra el suelo de madera. Sus rodillas fallaron y se desplomó en su sillón, con los ojos fijos en la fotografía de Molly que tenía sobre el escritorio. El magnate que controlaba cada detalle del futuro de su hija acababa de recibir la única noticia para la que no existía ninguna cláusula de rescisión.
A esa misma hora, la neblina se pegaba a los cristales de las oficinas del Holding Arcane. Ajeno al caos, Axel Brunner estaba sentado tras su escritorio de ébano, observando el contrato de L'Océan Bleu. Con un movimiento fluido, estampó su firma en la última página.
—Ya está —dijo, cerrando la carpeta con un golpe seco—. Hans, quiero que esto llegue a las manos de los Dumont antes del mediodía. No quiero que piensen ni por un segundo más que somos unos informales.
Hans tomó el documento con su habitual eficiencia.
—Se hará de inmediato, señor Brunner. ¿Desea que adjunte alguna nota personal para la señorita Molly?
Axel se reclinó en su silla. La imagen de Molly en la sala de juntas, defendiendo su postura con orgullo y firmeza, seguía fija en su mente. Experimentó una punzada de incomodidad, un impulso inusual en él.
—No, Hans. Yo mismo me encargaré de eso. Intenta comunicarte con ella; quiero ofrecerle una disculpa personal por mi comportamiento inicial.
Hans salió de la oficina, dejando a Axel a solas. El joven CEO tomó su teléfono e marcó el número de Molly. Una, dos, tres veces; saltó el buzón de voz. Frunció el ceño. Volvió a intentar diez minutos después, con el mismo resultado.
—¿Qué pasa, Axel? ¿La reina de los hoteles no te coge el teléfono? —la voz de Stefan entró en la habitación antes que su cuerpo, acomodándose en el sofá de cuero.
—No contesta, Stefan. No es el tipo de profesional que deja llamadas de negocios pendientes, especialmente después de la firma —comentó Axel, levantándose para caminar hacia el ventanal.
—Tal vez decidió que eres demasiado arrogante y está ignorándote en algún lugar —bromeó Stefan, aunque al notar la rigidez en la espalda de su amigo, suavizó el tono—. Relájate. Acabas de firmar el contrato. Dale unas horas. Estará volando o en alguna reunión.
En el Hospital Universitario de Zúrich, el tiempo transcurría de otra manera. Julien Dumont caminaba por los pasillos estériles con los hombros hundidos.
—¡Julien! —el doctor Lukas Weber, neurocirujano y amigo de la familia, lo interceptó con semblante grave.
—Lukas... dime que está bien —suplicó Julien, aferrando los brazos del médico—. Dime que Molly va a recuperarse.
Lukas lo condujo hacia una sala privada para alejarse de las miradas del personal.
—Julien, el impacto fue lateral, justo en su lado. Molly es fuerte, pero el golpe en la cabeza fue extremadamente violento. Ha sufrido un traumatismo craneoencefálico severo con una hemorragia que tuvimos que drenar de urgencia. Ahora mismo está en un estado de coma profundo. Su cerebro se ha desconectado para intentar sanar, pero no podemos predecir cuándo despertará.
Julien se desplomó en una silla, ocultando el rostro entre las manos, quebrado por un llanto seco. Su única heredera estaba atrapada en un sueño incierto. Tras unos minutos, se enderezó, forzando una expresión de dureza en sus facciones aún húmedas.
—Nadie fuera de estas paredes puede saber esto, Lukas. Escúchame bien. Si el consejo de administración se entera de que Molly está en coma, despedazarán las acciones del Holding en una semana. Usa tus influencias. Quiero que esta planta sea sellada. Seguridad privada en cada acceso. Para el mundo, Molly Dumont está en una misión confidencial en el extranjero. ¿Entendido?
Lukas asintió en silencio, respetando la fría estrategia de supervivencia del empresario.
De vuelta en el edificio de Arcane, la falta de respuestas empezaba a volverse intolerable. Axel caminaba de un lado a otro de la oficina, observando el teléfono sobre la mesa que seguía sin emitir ningún sonido. Stefan lo observaba desde la esquina, con la seriedad de quien presiente que algo se ha quebrado en el tablero.
Axel se detuvo en seco, tomó el aparato y marcó el número de Hans.
—Hans, localiza el coche de los Dumont o su agenda de hoy. Algo no cuadra. Averigua dónde está Molly ahora mismo.