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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 4 Te espero en mi habitación
Will
Estamos todos sentados y nos traen el té, pero yo pido vino.
—Y cuénteme, emperador... que diga, Will. ¿No ha pensado en casarse nuevamente? —me pregunta el padre de Eliza.
—La verdad... no me gustaría pasar mi vejez solo, pero la dama que quiero para mí, lamentablemente, ¡ella no me quiere para ella!
Eliza se mueve incómoda.
—¡Pero le digo un secreto! ¡Es mejor estar solo! —habla Saúl con una mano en la boca, como evitando que lo escuchen, pero claramente sí deseaba que lo escucharan.
—¡Conque te gustaría estar solo! ¡Cuidado me pides que te dé por la noche y no consejos! —habla Margaret y todos ríen.
Pero esa sonrisa me cautiva y es la de Eliza. Río mientras doy un sorbo a mi copa de vino; la veo. Es inevitable no admirar esa espléndida sonrisa. Nuestras miradas nuevamente se encuentran, pero rápidamente mira hacia otro lado. Respiro profundo y me termino de un solo trago mi copa de vino. Observo que Ciro nos mira y no me observa nada bien. Sé que no le agrado, pero que me perdone, porque a su madre la deseo completa.
—¡Es broma, cariño, pero me tienes cabreado por lo de ayer! —responde Saúl.
—¡Te lo merecías! —le responde Margaret y nuevamente reímos.
La tarde va pasando y trato de no ver a Eliza, pero me es inevitable. Se pone de pie y se disculpa.
—¡Regreso en un momento! —habla mientras camina hacia la salida.
Que si me pican los pies por salir corriendo, claro que sí. Ciro me observa, pero me hago el tonto y sigo hablando con Saúl. Ya ha pasado un rato y no regresa; mi nieto comienza a llorar y se enfocan en él. Así que es mi oportunidad.
—¡Ahora regreso, iré por un abrigo, la tarde se puso fría! —anuncio y Ciro entre cierra los ojos.
—¡Puedo pedir que vaya una empleada! —habla Ciro mientras ayuda a cubrir a Eloíse para que amamante a mi nieto.
—¡No hace falta! —sonrío y, antes de que hable, me encamino a la puerta.
Mi habitación queda en el segundo piso; claro que no me dejarían en el primero, cerca de Eliza. Pero no me importa. Camino por el pasillo; hay una enorme columna que queda en el camino y me escondo, ya que Eliza sale de sus aposentos. Cuando está cerca, la tomo del brazo y se asusta.
—¡Will! ¿Pero qué haces? ¡Nos pueden ver!
—¡Es más excitante así! ¿No crees? ¡Imaginar que están por descubrirnos! ¿Por qué ahora te da miedo? ¿No recuerdas cuando nos fuimos hasta aquellas habitaciones olvidadas y nos encerramos? Ese día gemiste muy alto.
—¡Estás loco! —intenta zafarse.
—¡Loco por hacerte mía otra vez! —digo besando su cuello—. ¡Ese escote me tiene mal!
—¡Aquí no, Will!
—¡Entonces vamos a mi habitación!
—¡Ni aquí ni en otra!
—¡Eso no decías hace una semana! Que, por cierto, ¿cómo hiciste para ocultarlos? ¿Cómo ocultaste mis besos?
—¡Basta, Will! No quiero que nos vean y menos que se enteren de que fui tu amante.
—¡No lo sabrán nunca! Diremos que simplemente surgió hace unas semanas.
—Ajá, ¿y en unas semanas ya nos llevamos como nos llevamos?
—¡Entonces te espero hoy en mi habitación! No faltes. ¡Te haré tantas cosas que no querrás irte!
Escucho cómo su respiración sube y baja rápidamente.
—¡Ya, Will, regresaré a la sala!
—¡Te espero en mi habitación! —vuelvo a hablar.
—¡Como quieras, pero suéltame!
Sonrío con auténtica satisfacción. La suelto, pero antes de que se pueda ir, la tomo de la cintura y la beso; forcejea, pero bien que lo acepta.
—¡Ya, Will! No quiero que Ciro ni mis padres nos vean.
—¡Bien, te veo luego!
Se acomoda el vestido y se marcha. Observo cómo se va y sonrío de lado. Sé que caerá; ya no solo me atrae, me gusta y la quiero para mí.
Al pasar un tiempo prudente, regreso y, claro, con mi abrigo puesto. Ciro me inspecciona lentamente y Eloíse lo observa. Tomo nuevamente asiento y comienzo a hablar con "mi suegro". Sonrío para mis adentros al ver a Eliza tan perdida; creo que se está imaginando muchas cosas.
—Will, ¿ya no has vuelto a viajar? —pregunta Margaret.
—¡No! Es un milagro que no me hayan solicitado más viajes, pero siempre, cuando uno menos se lo espera, viajó.
—Y cuéntame, Will... ¿no te enamoraste de tu amante? —pregunta Margaret y Eliza se atraganta con el té.
—¡Mamá, esas cosas no se le preguntan a un hombre! —la reprende Eliza.
—Es cierto, abuela. A un hombre no le gusta que le pregunten sobre sus aventuras —interviene Ciro, viéndome mal.
Eloíse observa mal esta vez a Ciro. Comienzo a reír para mis adentros; por querer evadir el tema, le salió el tiro por la culata.
—¡Jajaja! ¡Estamos en familia! ¿Cierto, Will? —habla Margaret.
—Por supuesto —respondo.
—Aun así, creo que a un hombre no le gusta que le pregunten sus intimidades —interviene Saúl—. Aunque estemos en familia, Margaret, ¡no seas imprudente!
—¿Entonces te molestaría que te preguntaran eso a ti? —le habla molesta Margaret a Saúl.
—¡Un hombre no es como ustedes las mujeres, que todo se lo cuentan y después se pelean y los chismes salen a la luz!
Sonrío mientras tomo un sorbo de mi copa.
—¿Acaso has tenido amantes y no lo he sabido, Saúl? —le habla Margaret enojada.
—¡Claro que no, mi amor! Solo no quiero que el emperador se sienta incómodo por tu culpa.
—¡No se preocupen! Solo puedo decirles que me reservo la respuesta —respondo sin ver a Eliza.
—No te preocupes, Will, y perdona a la imprudente de mi esposa.
—¡No se preocupe!
—¡Por tu culpa no podré conocer más sobre esa historia! —habla Margaret.
—¡No nos interesan las intimidades del emperador! —interviene Ciro—. Engañó a su esposa y no nos interesa.
—¿Pero ya no está con ella?
—¡Margaret! ¡No seas tan imprudente, por Dios! —la reprende su esposo.
Ciro tensa la mandíbula.
—Lamentablemente, ¡no!
Eliza me observa desde su puesto. Obvio que no diría nada que la perjudicara y menos con Ciro viéndola con celos.
—¿Te gustaba mucho? —pregunta Margaret.
—¡Margaret! —vuelve a hablar Saúl.
—¡Sí, me gusta!
—¿Cómo así? ¿Aún te sigue gustando? —habla con más interés Margaret.
—¡Suficiente! No hablaremos de la mujer que estuvo con el emperador ni nos interesa, y menos saber si le gustó engañar a su esposa; que así como la engañó a ella, seguro tiene a más mujeres —habla Ciro y Eliza se mueve incómoda.
—¡Sí, Margaret, no incomodes a Will, son sus intimidades! —habla Saúl y ella se cruza de brazos.
—¿Era hermosa? —habla rápidamente Margaret.
—¡Es hermosa! —respondo sin ver a Eliza. Pero puedo ver cómo el mundo arde con Ciro fulminándome con la mirada.
—¡Margaret! —la reprende su esposo.
Comienzo a reír.
—¡Qué intensos! ¡Ni Will se enojó y ustedes sí! —habla Margaret.
Sonrío y observo a Eliza de reojo.
—¡No se preocupe! Son cosas que a todos les dan curiosidad —hablo acomodándome en mi asiento.
—¡Sí, y más que nadie sabe quién es la dama afortunada! —habla Margaret acomodándose el abrigo.
—Si nadie sabe es porque es secreto, ¡Margaret! ¡Mejor hablemos de otro tema! Perdona a mi esposa, Will, es muy curiosa.
Río mientras me sirven más vino.
—¡No se preocupe! ¿Y ustedes cómo se conocieron? —intento cambiar el tema.
Margaret comienza a relatar su historia y a cada nada observo con disimulo a Eliza. La noche llega y todos nos ponemos de pie. La cena está lista, pero yo deseo irme pronto a mi habitación.
—¡Pasen una buena noche! —les hablo a los padres de Eliza.
—¡Igual tú, Will! —responde Margaret.
Asiento, beso a mis dos nietos y la frente de mi hija.
—¡Tengan todos una buena noche!
—¿De verdad no quieres cenar? —me pregunta Eloíse.
—No, cariño, tal vez solo pido fruta para que me lleven.
—Pediré que te la lleven.
Le agradezco y beso su frente; paso cerca de Eliza y en voz baja le hablo:
—Te veo más tarde —hablo solo para los dos y me voy como si no le hubiera dicho absolutamente nada.
Me encamino a mi habitación, pido que me traigan agua para estar fresco para esta noche. Al poco tiempo me la traen e ingreso a la ducha. Salgo y me coloco una bata grande; debajo de esto solo estará mi desnudez.
Me traen fruta, la cual meto a mi boca con suavidad.
Las horas van pasando y yo observo la chimenea. Estoy viendo fijamente el fuego cuando escucho que tocan la puerta. Sonrío para mis adentros.
—¡Adelante! —digo con una sonrisa de satisfacción.
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
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