Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Donde están los guardias
Hans se escondió por un par de días en un hotel barato para no levantar sospechas. Tenía poco conocimiento sobre dónde se encontraba y hacía donde se dirigía. Cambio su número de móvil, y algunos hábitos como el no usar trajes a medida, comer en restaurantes de lujo, ahora se había decidido por la comida rápida,
No tenía noción de dónde podía parar, pero tenía un conocimiento extraordinario manipulando los firewall instalar un software en un dispositivo. Así que no lamentaba haberse retirado de la sucia vida de Stefan y sus aficiones por jugar con la muerte.
Una hora después, observó una ruta de autobuses saliendo a diferentes puntos de la ciudad había vendido el auto a un turista que lo elogiaba, y al le convenía para no llamar la atención, porque juraba que Stefan lo estaría buscándo y seguro le echaría la soga al cuello.
Había trabajado junto al padre de Stefan desde muy joven, pero jamás pensó que Stefan sería un hombre tan desordenado y sadico, ya había aguantado diversas escenas de sus malas decisiones, tenía mucho dinero por la herencia que su padre le heredó antes de morir. Pero Stefan no tenía ni una milésima parte de lo que fue su padre que era un legendario mafioso muy temido y responsable.
Había dejado los negocios preparados para él, pero en ninguno siguió como su padre los llevaba. Abandono desde el principio a la junta de su Clan, desde joven le notó un extraño proceder con las jovencitas, después no le importaba que fueran casadas.
Intentó en varias oportunidades llevarlo al camino que su padre le había trazado, cuando conoció a Hilary esposa de Cole Blackwood pensó que solo bromeaba, pero después se dió cuenta que hablaba en serio. Hasta involucrarse con sus adicciones ayudándole a conseguir sus obsesiones. Pero ya no iba a seguir sus locuras.
Dominic Blackwood no era como su hermano, y estaba seguro que Stefan no iba a lograr salirse con la suya.
Tomó un autobús que lo llevó cerca de California, desde el hotel donde se hospedó manipuló información sobre Dominic, pero tuvo que borrar toda su información por su ubicación más número, en pocas palabras todo rastro, al darse cuenta que tenía muy buen equipo de seguridad y técnicos, rápidamente sacó los datos que había ingresado todo antes de que se dieran cuenta que estaba buscando.
Pero ya era tarde treinta minutos después, un equipo de control de la mafia, hombres de Dominic ya estaba rodeando el hotel.
Rápidamente fue descubierto y llevado hasta la base matriz del Clan donde más tarde ya tenía enfrente a nada más y menos que al mismísimo Don.
Dominic lo observó por varios minutos sin decir una palabra. Mientras que Hans se mostró demasiado nervioso.
— ¿Quien demonios eres? - preguntó al fin el mafioso sin mostrar ninguna actitud, eso hizo que Hans se le olvidara casi respirar. - ¿como diablos te metiste a la fuente de datos? - ¿para quien trabajas?
— Yo, yo…no sé cómo lo tomará. - respondió temeroso, no sé qué decir. Pero sí sé quién eres.
Dominic lo volvió a ver con el semblante fruncido.
— Empieza diciéndome la verdad. - aclaró.
Hans se aclaró la garganta, estaba muy nervioso no lo podía ocultar.
— Estoy huyendo. - exhaló fuerte. - estoy huyendo de Stefan Fischers.
Dominic cambió su actitud a una más severa.
— Acabas de echarte la soga al cuello.
— ¡Esperé Don! - no es lo que está pensando. Déjeme explicarle.
— ¿Y porque tendría que hacerlo? - ese infeliz tiene mucha deuda conmigo. - ¿como se que no me estás mintiendo?
— Porque tengo mucha información. - admitió y prefería echarlo de cabeza que pasar por la guillotina.
Dominic checo la hora.
— Tienes un minuto para empezar hablar.
— Yo nunca he estado en acuerdo con la actitud de él. Yo trabajé para Gregor su padre, pero era un hombre leal dentro de lo que cabe. Nada infalible, en cambio Stefan siempre fue un problema, cuando le gusta una mujer no le importa nada, si era casada, comprometida, no es un obstáculo para él, ya ha hecho desaparecer a tres hombres esposos.
Dominic se indignó.
— Mi hermano fue uno de ellos. - ¿piensa que yo le cederé a mi mujer? - bufó sarcásticamente.
— Señor tengo la ubicación del lugar. - le comunicó uno de sus hombres al cual le había dado la tarea.
Miró a Hans.
— Stefan sabe que vas por él. - le informó Hans. Tiene armas para responder un ataque.
Desde luego, no esperaba menos del cobarde. - se dirigió a la salida para irse.
— Piensa comprar tu seguridad. - le dijo antes de salir.
Dominic se quedó quieto, inmediatamente tomó su teléfono. No era que confiara demasiado en la gente, pero siempre había quien podría venderse por unos cuantos pesos por delante.
— Hagan que toda la seguridad esté aquí en este momento. - ordenó a Alowen de inmediato.
Alowen hizo lo ordenado sin preguntar nada pero extrañado.
Al momento diez minutos después tenía dos líneas de hombres formados en las instalaciones.
Con voz de acero empezó hacerles preguntas. Después de una minuciosa entrevista a los que tenían menos tiempo de trabajar para él.
— Esto es para todos sin excepción. - pronunció calculando y mirando a uno y a otro haciendo que se sintieran nerviosos, no sabía ninguno de qué se trataba.
— Hay un maldito lunático que quedra ofrecerles mucho dinero por traicionarme. - los miró de uno en uno con una mirada que causó escalofríos. Si algún día me entero que hicieron algo contra los míos, échense al fondo del océano con una roca en el cuello, será menos dolorosa su muerte.
Alowen apareció acercándose a su oído.
— Faltan más hombres de guardia que son los de tu familia y los cinco que cuidan a tu esposa. - masculló haciendo que Dominic se tensara.
Era verdad Vivían se había ido a casa pues le había prometido a Vicky que le ayudaría a organizar su fiesta de cumpleaños.
Le marco a su móvil, pero no tuvo respuesta, lo volvió a intentar pero fue inútil. Marcó a la mansión.
— ¿Madre Vivían llegó a casa? - preguntó con un nudo en la garganta.
— No aún, ¿pasa algo? - contestó confundida, — Vicky dijo que esperaba por ella. - le dijo mirando llegar a la abuela.
— Hilda, - ¿sabes sí Vivían a llegado?
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