Camila nunca imaginó que el hombre que marcó su adolescencia regresaría a su vida de la forma más inesperada. Leví, ahora un hombre poderoso y rodeado de sombras, no solo reclama su atención, sino que la arrastra a un mundo donde el peligro y la pasión caminan de la mano. Entre secretos familiares y una red de poder, Camila deberá decidir si proteger su corazón o entregarse al hombre que siempre fue su destino.
NovelToon tiene autorización de A. M. Rivas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 19 – PROMESAS DE MEDIANOCHE
Camila llevaba tres días sumergida en un silencio autoimpuesto, sin responder a las llamadas ni a los mensajes que hacían vibrar su teléfono a cada hora. Aunque no lo decía en voz alta, el vacío en su pecho era ensordecedor; lo extrañaba con una intensidad que la asustaba. Lo necesitaba, pero el orgullo y la humillación sufrida en la oficina seguían tan frescos como si Valeria acabara de salir de la habitación.
Esa mañana, decidió que ya era suficiente de esconderse. Regresaría al trabajo con la intención de concentrarse, de ser la profesional que siempre fue y de no permitir que la figura de Leví dominara cada uno de sus pensamientos... hasta que el destino decidió ponerla a prueba otra vez.
Al llegar a la entrada principal del edificio, se quedó petrificada. A pocos metros, Leví estaba allí, pero no estaba solo. Estaba hablando con Valeria bajo la luz cruda de la mañana. Su corazón se aceleró de una forma dolorosa, enviando ráfagas de pánico por todo su cuerpo. Sin pensarlo, se escondió detrás de una de las gruesas columnas de mármol del pasillo, observándolos como quien mira un accidente a punto de ocurrir.
Valeria reía, con esa risa cristalina y falsa que usaba más como un arma de guerra que como un gesto de alegría. Tocaba el brazo de Leví con una familiaridad posesiva que hacía que a Camila le costara respirar. Y entonces, ocurrió lo que ella más temía: Valeria se inclinó hacia él con una rapidez calculada para besarlo.
Aunque Leví se apartó con una firmeza absoluta y el rostro tenso por la molestia, Camila ya había visto demasiado. La imagen de ellos dos tan cerca, en ese espacio público, fue un puñal certero que atravesó su última capa de resistencia. Se alejó corriendo antes de que pudieran verla, sintiendo que el suelo de granito se deshacía bajo sus pies.
Horas después, cuando la luz del día empezaba a desvanecerse, Leví apareció frente a su apartamento. Tocó la puerta una y otra vez, con una insistencia que bordeaba la desesperación, hasta que finalmente ella abrió.
—¿Qué quieres, Leví? —preguntó Camila. Su voz era un témpano de hielo que intentaba ocultar el volcán que hervía por dentro.
—Hablar contigo. Necesito aclarar lo que pasó esta mañana y lo que ha pasado estos días. No puedes seguir evitándome como si no existiera lo que construimos —dijo él, intentando buscar su mirada.
—¿Para qué? ¿Para que me digas que todo fue un malentendido? ¿Que esa mujer no tiene un poder extraño para aparecerse en cada rincón de nuestras vidas? —su voz empezó a temblar, oscilando entre la rabia y el dolor más puro.
—¡Yo no la besé, Camila! Fue ella quien lo intentó de forma rastrera y me aparté de inmediato. Tú sabes perfectamente lo que siento por ti, lo que hemos vivido estos días no fue una mentira.
—No, Leví. Ya no sé nada —sentenció ella, dejando que las lágrimas que había contenido todo el día empezaran a rodar—. Lo único que veo es que ella sigue ahí, como una sombra que no puedes o no quieres quitarte de encima. Aparece cuando quiere, te toca cuando quiere... Tal vez ella tiene razón. Tal vez yo solo fui un impulso, una distracción que confundiste con amor porque era algo nuevo.
—No digas eso, por favor —rogó él, dando un paso al frente para intentar acortar la distancia.
—¡No me toques! —gritó Camila, retrocediendo como si la cercanía de él quemara su piel—. No puedo hacerlo, Leví. Estoy cansada de luchar contra fantasmas que yo no provoqué. Cada vez que intento sentirme segura a tu lado, ella vuelve para recordarme que no soy suficiente, que no pertenezco a tu mundo de contratos y pasados oscuros.
El silencio que siguió fue insoportable, cargado de una tristeza que parecía llenar cada rincón del pequeño apartamento.
—¿Por qué no puedes simplemente confiar en lo que te digo? —susurró él con la voz rota.
—Porque duele demasiado confiar y luego sentirse humillada —respondió ella con un hilo de voz, quebrada por dentro—. No sé si puedo seguir así, esperando el próximo golpe de Valeria.
Sin darle oportunidad de responder, Camila cerró la puerta con una suavidad que dolió más que un portazo. Adentro, se dejó caer al suelo, apoyando la espalda contra la madera fría, vencida por el peso de sus propios sentimientos. Afuera, Leví se quedó inmóvil en el pasillo, sin saber si marcharse o derrumbar la puerta.
Comprendió, con una punzada de culpa, que esta vez no bastaría con una promesa. El amor, incluso el más profundo, necesita un refugio seguro para florecer. Y Camila, en ese momento, se sentía expuesta, insegura y, sobre todo, profundamente sola.