Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
#Contiene: #RomanceProhibido #DirectorYAlumna #DiferenciaDeEdad
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capitulo 3: su mirada.
Lunes, 8:00 a. m.
Nicolás estaba hecho una furia en su oficina: su amigo no había llegado y debía dar la clase que le correspondía. Su enfado aumentaba cada vez que el celular sonaba y no contestaba; por fin, en uno de esos intentos, el muy irresponsable decidió atender.
📱¡Fabián, ¿dónde carajo estás?! —preguntó casi a gritos.
📱Cógela suave, mi querido director —contestó Fabián con total tranquilidad—. Estoy en una emergencia de nivel crítico bastante intensa.—y no era broma: estaba atrapado en una cama con una mujer que no paraba de mirarlo con deseo.
📱¡Cógela suave y que nada! —gritó Nicolás, dejando claro que lo que Fabián decía no le importaba ni un poco—. ¡Ven para acá ya, o estás despedido! Aló.
Fabián colgó el teléfono. La reacción de Nicolás fue impulsiva: lanzó su celular con furia contra el escritorio. Ahora, además, tendría que dar la clase él mismo, aunque no dominaba nada de la materia, y esa idea terminó de colmar su paciencia.
Con el rostro endurecido por la rabia, se dirigió al aula murmurando para sí, mientras los estudiantes lo miraban de reojo, sorprendidos de verlo hablar solo.
—Te voy a despedir, Fabián —murmuró Nicolás entre dientes—. Y no, la amistad no te va a salvar; casi quiero golpearte con la regla de metal de la pizarra.
Cuando llegó al aula 122, respiró hondo para calmarse y, con voz profunda y segura, comenzó:
—Buenos días, estudiantes.
Los estudiantes que hacían ruido se quedaron quietos al ver al temido director De la Vega. Kenta cruzó las piernas con coquetería y acomodó su falda, claramente buscando llamar su atención.
—Director De la Vega ¿nos dará usted la clase hoy? —preguntó Kenta, jugueteando con un lápiz entre los dientes, con evidente coquetería.
—Eso es. Ahora abran los libros, y rápido —ordenó Nicolás, dejando claro que no estaba de humor.
Apenas pronunció la orden, sintió cómo la paciencia se le tensaba al límite; un grito estuvo a punto de escapársele, pero logró contenerlo. Los estudiantes obedecieron de inmediato, temerosos, algo que no ocurría con otros profesores.
★彡 Mɪɴᴜᴛᴏs ᴍᴀ́s ᴛᴀʀᴅᴇ… 彡★
Nicolás tenía una libreta con el tema que le correspondía dar: símbolos y metáforas, algo que no entendía del todo. Aun así, decidió explicar lo que podía, con tal de terminar la clase antes de que su furia lo consumiera.
—Bien, símbolos y metáforas —dijo Nicolás—. Por ejemplo, un zapato perdido puede simbolizar la vergüenza de bailar mal. Y una metáfora bueno, es algo así como que tu silla te juzga cada vez que te sientas.
Los alumnos contenían la risa, no por entender la lección, sino por lo disparatado de lo que decía Nicolás. En ese momento, una voz dulce se escuchó desde el fondo del aula:
— Un símbolo es algo que representa otra cosa, más allá de su significado literal; por ejemplo, una paloma simboliza la paz. Y una metáfora es cuando comparas dos cosas distintas para darles un sentido más profundo, como decir “el tiempo es un ladrón”, porque se nos escapa sin que nos demos cuenta.
Todos quedaron sorprendidos. El director se levantó del escritorio donde estaba medio sentado y se acercó a Micaela, que mantenía la cabeza agachada.
—¿Es usted la nueva, cierto? —preguntó Nicolás, notando que ella no lo miraba.
—Sí, señor —respondió Micaela, manteniendo la vista baja.
—Puede levantar la vista, señorita —pidió Nicolás, percibiendo la acción como una falta de respeto.
Micaela evitaba levantar la mirada; su padre siempre le había dicho que no debía mirar a los ojos a hombres desconocidos.
—Señorita, le estoy hablando. Levante la vista —insistió Nicolás, mostrando mayor seriedad.
Al notar la insistencia y la ligera irritación en su voz, Micaela no tuvo otra opción que alzar la mirada poco a poco. Sus ojos se encontraron con los del director, tan intensos que le provocaron una sensación inexplicable en el pecho.
✦ MÁS TARDE ✦
Al llegar a casa, Micaela no podía dejar de pensar en la intensa mirada del director; decidió sentarse en su escritorio, abrir la computadora y plasmar sus pensamientos en ella.
"Mi cabeza no alcanza a comprender el corazón se debate. Esa intensidad ¿cómo decodificarla, si a la vez me llena de incertidumbre?"
Escribía usando palabras complejas y términos que solo ella comprendía, por si su padre llegaba a mirar la computadora.