Giovanna es obligada a casarse con un hombre que detesta. Ese hecho desencadena una serie de eventos qué la llevan a descubrir verdades qué habían permanecido enterradas.
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Capítulo 4
La mañana sorprende a Giovanna vistiendo la misma ropa del día anterior. Sus párpados están tan hinchados por el llanto qué le pesa abrir los ojos.
El dolor de cabeza es intenso y preferiría quedarse en su habitación el día entero, pero sabe que la vida sigue y aunque el futuro para ella no pinta bien tiene que armarse de valor y continuar.
Entra a la ducha, el agua caliente le ayuda, si es posible, a relajarse un poco. Elige su atuendo y se maquilla para ocultar la falta de sueño.
Baja y en el comedor se encuentra toda la familia reunida, debe disimular su coraje y su tristeza por el bien de sus hermanos.
- Buenos días.
- Buenos días, hija- responde su madre.
- Hoy por la noche viene Teodoro a cenar, seguramente aprovechará la ocasión para pedir tu mano. Ve de compras con tu madre y elige algo adecuado.
- Lo que usted ordene.
- Deja tu sarcasmo, no voy a tolerar faltas de respeto.
- Despreocúpese, pronto me iré de esta casa.
- Sí, con tu marido y más vale que aprendas a respetarlo. Me voy, no pienso seguir discutiendo. Micaela, encárgate de que todo esté listo para nuestro invitado, no quiero errores.
Giovanna toma su lugar en la mesa y sus hermanos comienzan a preguntar por qué está molesta con su padre. Es su madre quien responde cambiando el tema.
- Niños, apresúrense. No tarda en llegar el autobús escolar por ustedes.
- ¡Nunca nos cuentan nada! Qué molesto- se queja Rafael.
- Sí, nos tratan como si tuviésemos cinco años.
- ¡Ángelo, Rafael, obedezcan!- la voz más alta de lo normal de su madre les indica qué está molesta y sin chistar se levantan de la mesa para buscar sus mochilas.
Micaela se asegura de que sus hijos suban al transporte escolar y regresa con su hija al comedor.
- Giovanna, hija, te repito que no tienes que sacrificarte por nosotros, Déjame ayudarte a escapar.
- No, mamá. He tomado una decisión, no te preocupes por mí, estaré bien. Debo irme o llegaré tarde a la Universidad.
Sube a su auto y conduce por las calles de Roma, cualquier otro día el trayecto le resultaría agradable, hoy es lo opuesto. Al llegar ya la esperan Stella y Allesia, de inmediato notan qué algo anda mal.
- No dormiste, ¿qué pasa?
- Sí, cuéntanos- insiste Stella.
- Mi padre pactó mi matrimonio con Teodoro De Santis.
- ¡No! ¿Por qué? No puede obligarte- expresa Allesia indignada.
- Dime qué no aceptaste, por favor.
- No tengo opción. Teodoro le prestó a mi padre una gran suma de dinero para evitar que la empresa se fuera a la quiebra. Si yo me caso con él, a cambio acepta un porcentaje mínimo como accionista, si no, se queda con todo.
- Huye, escóndete- sugiere Stella.
- Imposible, mi madre y mis hermanos quedarían en la calle y yo no podría vivir sabiendo que fue por mi culpa.
- Perdón por lo que voy a decir, pero no me cabe en la cabeza que un padre le haga eso a su hija.
- Concuerdo con Allesia. Aquí hay gato encerrado.
- No voy a buscar explicaciones, eso no cambia mi destino.
- ¿Cómo puedes hablar así? ¿De verdad te has resignado?
- Sí, Allesia. No tengo alternativa.
- Debemos buscar una.
- No, chicas. Les agradezco que intenten ayudarme, pero no hay nada que hacer. Vamos a clases, no quiero llegar tarde.
Aunque intenta concentrarse, es imposible. En sus 20 años de vida solo una vez creyó estar enamorada y se llevó una gran decepción. Se trató de un compañero de clases, ambos tenían 16 años y ella era confiada.
Pronto se dio cuenta de las verdaderas intenciones del chico y decidió terminar la relación. Después se volvió más desconfiada y nadie ha llamado tanto su atención como para arriesgarse.
Al término de sus clases, su madre y sus hermanos la esperan. Había olvidado que tiene que cumplir la encomienda de su padre y lucir de acuerdo a la ocasión esta noche.
- ¿Qué tal tu día, hija?
- Normal.
- Hermana, ¿es cierto qué vas a casarte?
- Sí, Ángelo. Es cierto.
- Pero ese señor es muy viejo para ti- asegura Rafael.
- ¡Niños! No se les ocurra hacer esos comentarios delante de su padre. Cuando sean mayores comprenderán. ¿Entendido?
- Sí, mamá- responden al mismo tiempo.
Micaela estaciona el auto afuera de una exclusiva tienda. Los cuatro ingresan y mientras los niños se sientan a jugar con su celular, ellas comienzan a buscar entre los vestidos.
- Elige tu mamá. Yo no sé, ni me importa lo que voy a usar.
- Perdóname, hija.
- Tú no tienes la culpa, mamá.
- Sí la tengo, mi obligación es protegerte y mírame, aquí estoy comprando un vestido para que te comprometas con un hombre que no amas y que podría ser tu abuelo.
- Ni tú, ni yo podemos hacer nada. Ya he aceptado mi destino.
Eligen el primer vestido que parece aceptable, elegante y muy recatado para una chica de la edad de Giovanna.
Una vez en casa, se encierra en su habitación, una hora antes de la llegada del invitado especial comienza a prepararse.
Intenta mentalizarse para no salir corriendo y huir. Se mira al espejo antes de abandonar su habitación. Sus ojos reflejan la tristeza y la decepción qué se han instalado para no marcharse.
Antes de que su padre suba a buscarla decide bajar. Ahí en el salón están sus padres.
- Micaela, ¿qué clase de vestido es ese? Te pedí que la acompañaras para que comprara algo lindo, eso es digno de una abuela.
- Es elegante y discreto, Antonio.
- No me gusta.
El timbre suena y Giovanna siente que la ha salvado la campana.
- No hay tiempo para que se cambie, seguro es Teodoro.
Disgustado, se levanta para abrir personalmente la puerta. Les hace señas para que lo sigan y se coloquen detrás de él.
- Teodoro, bienvenido- saluda a su invitado al abrir la puerta- Adelante, por favor.
- Buenas noches, gracias por la invitación. Micaela, Giovanna, lucen bellísimas
- Gracias, Teodoro.
Giovanna prefiere guardar silencio y contiene la respiración cuando De Santis se acerca y besa dos veces su mejilla.
Permanece absorta en sus pensamientos durante la cena. Se limita a asentir o negar con la cabeza y cada tanto con frases de apenas unas cuantas palabras.
- Me gustaría fijar la fecha de la boda.
- Antes me gustaría saber algunas cosas- se atreve a decir Giovanna.
- Estoy dispuesto a responder cualquier pregunta que tengas- dice Teodoro.
- ¿Podré seguir estudiando una vez que estemos casados?
- Por supuesto, serás mi esposa, no mi rehén. Entiendo que no me conoces y que el asunto de nuestra boda te ha tomado por sorpresa, pero no soy un mal hombre.
- Conseguir esposa de esta manera tampoco es como que hable muy bien de usted.
- ¡Giovanna!- grita Antonio dando un manotazo sobre la mesa.
- No te alteres amigo. Entiendo tu punto Giovannita, ya me irás conociendo y confío en que tu opinión sobre mí será otra.
- Permítame dudarlo. Quiero dejar claro que me caso con usted obligada, pero hay algo a lo que no puede obligarme y es a tener sentimientos por usted.
- ¡Basta, Giovanna! No es forma de hablarle a tu prometido. Discúlpate inmediatamente.
- Déjala, amigo. Entiendo como se siente. No hace falta ninguna disculpa. Ya que todos estamos sincerándonos, haré lo mismo: tu padre ha recibido una gran cantidad de dinero de mi parte y no tiene con qué pagarme más que contigo. Puedo romper ese trato en este preciso instante y ustedes quedarán en la calle. La decisión es tuya, querida.
- He aceptado casarme con usted, no voy a cambiar de opinión.
- Perfecto, entonces la boda se realizará a fin de mes. Buenas noches, me retiro.
Teodoro se levanta de la mesa y Antonio lo acompaña a la salida. Giovanna se encierra en su habitación. Solo han transcurrido unos minutos cuando fuertes golpes en la puerta se escuchan.
- ¡Te lo advierto, Giovanna, es la última vez que pones en riesgo ese acuerdo! La próxima qué te atrevas a confrontarme pagarás las consecuencias.
- Cómo si no lo estuviera haciendo ya- dice en voz baja.
Escucha a su padre alejarse. Llora el resto de la noche, no sabe cómo hará para soportar ser la esposa de ese hombre.