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LA ESPOSA IMPERFECTA DEL DUQUE

LA ESPOSA IMPERFECTA DEL DUQUE

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Venganza / Grandes Curvas / Reencarnación / Duque / Completas
Popularitas:60.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Archiemorarty

Liora Montclair siempre supo que era un estorbo.

Hija menor de una casa noble en decadencia, fue criada entre insultos, miradas de desprecio y un veneno que nadie más que ella sospechaba. Su cuerpo —grande, rollizo, "impresentable" según su propia familia— era la prueba visible de años de humillación silenciosa. Cuando la obligaron a casarse con el Duque Alaric Ravens, el general más temido del Imperio Aurelius, Liora se preparó para lo peor: otro hombre que la miraría con asco.

Pero Alaric no la miró con asco.

De hecho, Alaric fue el primero en notar que su vestido de boda estaba diseñado para humillarla. El primero en tratarla con respeto. El primero en no verla como un cuerpo defectuoso, sino como una mujer con fuego en los ojos y una lengua afilada que ni siquiera un Duque podía domar.

Lo que Alaric no sabe es que Liora guarda secretos que podrían sacudir los cimientos del imperio. Secretos sobre su verdadero linaje. Sobre las sombras que la obedecen. Sobre la espada que esconde debajo de la dulzura.

Lo que Liora no sabe es que el veneno que corre por sus venas fue puesto ahí por alguien de su propia sangre. Y que destaparlo significará enfrentarse a conspiraciones que van mucho más allá de la crueldad doméstica.

Mientras Liora descubre que el "monstruo" con el que la casaron tiene las manos más gentiles que jamás la han tocado, una guerra se avecina en el horizonte. Una guerra que pondrá a prueba no solo su matrimonio, sino los secretos que ambos juran proteger.

Entre batallas en campos nevados, intrigas palaciegas que cortan más profundo que cualquier espada, y un niño de tres años con media lengua que insiste en llamarla "Lilola", Liora tendrá que decidir: ¿seguir escondiéndose detrás de la máscara de la esposa sumisa, o revelarse como lo que realmente es?

Porque debajo de la piel que todos despreciaron, late el corazón de una guerrera.

Y el Duque Ravens está a punto de descubrir que se casó con la mujer más peligrosa del imperio.

NovelToon tiene autorización de Archiemorarty para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 28. EL CUARTEL Y EL INVITADO

La región oriental los recibió no con calidez, sino con olor a tierra mojada, aire húmedo y pesado, y un silencio que resultaba sospechoso.

El cuartel secreto estaba oculto tras un acantilado rocoso, medio sumergido entre las sombras de árboles centenarios. Aquella construcción de piedra cubierta de musgo había sido un antiguo puesto de defensa durante las guerras de décadas atrás, ahora revivido por el Duque Alaric Ravens y su comitiva como punto de apoyo para limpiar la región oriental.

Dentro de la sala principal, en penumbras, la luz de las antorchas danzaba sobre los muros de piedra. Una larga mesa de madera estaba cubierta de mapas, documentos e informes escritos a mano. Alaric se erguía en la cabecera, ambas manos apoyadas sobre el mapa de la región oriental que se extendía ante él.

Frente a él, un hombre delgado con una túnica raída se inclinaba profundamente. Su rostro estaba cubierto por una capucha, pero sus ojos eran agudos e inquietos.

—Informa —ordenó Alaric con brevedad.

El informante tomó un respiro hondo.

—La región oriental se encuentra actualmente bajo el control no oficial de nobles menores y comerciantes del mercado negro. El mercado clandestino opera casi todas las noches, cambiando de ubicación constantemente. Armas ilegales, esclavos, venenos, incluso artefactos prohibidos: todo se comercia sin el menor temor.

Gideon, de pie junto a Alaric, cruzó los brazos.

—¿Arenas ilegales?

El informante asintió.

—Hay tres arenas grandes. Peleas a muerte. Las apuestas involucran nobles de otras regiones. Y esta medianoche habrá una gran subasta.

Alaric enarcó ligeramente las cejas.

—¿Subasta?

—Humanos, armas ilegales y criaturas monstruosas de la zona prohibida. Invitaciones limitadas. Seguridad reforzada —respondió el informante bajando la voz.

Un silencio pesado inundó la sala al instante.

Alaric exhaló un suspiro lento.

—La gente realmente convierte la tierra sagrada en un nido de pecado.

Alaric se volvió hacia los caballeros que ya se habían infiltrado en la región oriental desde el día anterior.

—Preparen la emboscada para esta noche. Nos moveremos al mismo tiempo que la subasta.

Varios caballeros asintieron con firmeza, los rostros serios.

—No debe haber fuga de información. Nos movemos sin que los demás nobles lo sepan. Esta no es una operación oficial del Imperio. Es una limpieza —continuó Alaric.

Gideon desplegó el mapa de la región oriental con más amplitud. Su dedo señaló los pasajes estrechos, los túneles subterráneos y las rutas fluviales.

—Las rutas de escape principales están aquí. Y aquí. Las cerramos todas —indicó Gideon sobre el mapa.

Alaric observó con detenimiento.

—Divide las tropas en tres. Un equipo cierra la ruta norte, otro la del sur, y el tercero entra por el centro. Que no escape nadie.

La discusión transcurrió con seriedad. Estrategia tras estrategia se diseñó con precisión fría. Cada posibilidad fue calculada: traición, contraemboscada, incluso bajas propias.

El aire en la sala se sentía cada vez más pesado.

De pronto, la puerta se abrió de golpe.

Un caballero entró jadeando, el rostro pálido.

—¡Su Excelencia! ¡Hay intrusos! ¡Están atacando el cuartel! —exclamó el caballero.

En un instante, la calma se derrumbó.

Alaric levantó la cabeza, los ojos encendidos con fiereza.

—¿Cuántos?

—¡No estamos seguros! ¡Pero se mueven rápido y son letales!

—¡Todos afuera! —ordenó Alaric.

El estruendo de pisadas resonó cuando salieron corriendo del edificio. En el patio trasero del cuartel, las antorchas estaban volcadas, y varios caballeros ya habían desenvainado sus espadas.

Y en medio del caos, tres figuras con capas negras permanecían de pie con total calma.

Sus espadas estaban desenvainadas, reflejando la luz de las antorchas con un brillo gélido.

Sin señal alguna, estalló el enfrentamiento.

Acero chocó contra acero. Chispas surcaron el aire nocturno. Gritos contenidos y resoplidos pesados se mezclaron en una sinfonía de muerte.

Gideon ya había sacado sus dos dagas; su cuerpo, agachado y listo para atacar. Sus ojos se movían rápidamente, leyendo cada movimiento del enemigo.

Un caballero cayó.

Luego otro.

Los movimientos de los tres encapuchados eran demasiado precisos, entrenados, letales: claramente no eran criminales comunes.

—¡Retrocedan! —gritó uno de los caballeros.

Pero ya era demasiado tarde.

Dos de ellos se lanzaron hacia Alaric.

Gideon se movió como un rayo, plantándose justo frente al Duque; sus dagas bloquearon una ráfaga de ataques. El metal chocó con fuerza, la vibración recorriéndole los brazos.

El tercero se deslizó por el flanco derecho.

Su espada desenvainada apuntaba directamente a Alaric.

Alaric dio un paso al frente y detuvo el ataque con facilidad. Sus espadas quedaron trabadas.

El Duque sonrió con soltura.

Alaric avanzó un paso, lo suficiente para cambiar el ángulo de ataque. Su espada se elevó con un movimiento que parecía simple, pero era preciso. El metal chocó, y el estruendo rasgó el aire de la noche.

El primer ataque fue repelido.

El segundo fue bloqueado y desviado con un giro de muñeca.

El tercero se vio obligado a retroceder cuando la punta de la espada de Alaric casi le rozó el cuello.

Sus movimientos eran rápidos. Entrenados. Letales.

Sin embargo, Alaric se mantuvo sereno.

Su rostro era inexpresivo, casi aburrido, como si aquello no fuera una emboscada sino un entrenamiento matutino.

Los segundos siguientes se llenaron de una sucesión de impactos. La tierra polvorienta fue pisoteada con fuerza. Las antorchas temblaban, y sus sombras danzaban frenéticas sobre los muros de piedra.

Entonces Alaric se detuvo.

Su espada seguía en alto, pero su cuerpo estaba relajado.

Alaric miró a su alrededor.

Los Caballeros Ravens yacían en el suelo: algunos desplomados, otros apoyados sobre un codo. No había sangre. No había heridas abiertas. Solo respiraciones pesadas y rostros atónitos.

Alaric exhaló un suspiro tenue.

—¿Ya terminó el espectáculo? —dijo Alaric.

La frase salió ligera, casi perezosa.

Todo movimiento cesó de inmediato.

Los tres encapuchados se quedaron inmóviles.

Incluso el que combatía con fiereza contra Gideon, cuyas dos dagas chocaban contra una espada larga, detuvo su ataque. Gideon retrocedió medio paso, alerta, pero con los ojos entrecerrados de sospecha.

Un silencio cayó, pesado y extraño.

Uno de los encapuchados, el que desde el principio había cruzado espadas directamente con Alaric en varias ocasiones, levantó lentamente la mano hacia su capucha.

Con un movimiento sereno, se la retiró.

La luz de las antorchas reveló el rostro de un hombre apuesto con mandíbula firme, nariz recta y ojos azules claros, afilados como el hielo. Su cabello rubio brillaba bajo la luz de las antorchas, con algunos mechones cayéndole sobre la frente.

El aura de un noble emanaba con claridad: no era un simple mercenario.

Alaric esbozó una leve sonrisa.

—¿Tenías que llegar armando semejante alboroto, Duque Arram Oberyn? —dijo Alaric con tono neutro, y continuó.

El aire pareció congelarse.

Gideon se quedó boquiabierto.

Colton, el líder de los caballeros, contuvo el aliento.

Ese nombre no era cualquier nombre.

El Duque del reino del sur.

Alguien tan renombrado como Alaric en la región de Oberyn.

Una familia conocida como genios de la espada.

Sin necesidad de una orden, Gideon, Colton y los caballeros que aún estaban de pie se inclinaron espontáneamente en señal de respeto.

Arram rio suavemente.

—Tranquilos. Solo estaba jugando un poco. Resulta que tus caballeros son muy vigilantes y organizados —dijo Arram con ligereza.

Alaric enfundó su espada con un solo movimiento fluido.

—Pero aun así los derribaron con facilidad —respondió.

Arram enarcó las cejas y luego sonrió de lado.

—Un toque sureño.

Gideon se acercó después de enfundar sus dos dagas. Sus cejas estaban profundamente fruncidas.

—Su Excelencia, ¿por qué un Duque del reino del sur está aquí? —dijo Gideon en voz baja a Alaric.

Alaric le lanzó una mirada fugaz.

—Recibí una carta suya antes de partir hacia la región oriental. Se enteró de nuestro plan de emboscada y quiso participar.

Gideon frunció el ceño.

—¿Y su motivo?

Alaric respondió sin vacilar:

—Porque resulta que la región oriental ha estado traficando con seres humanos hasta el reino del sur. Y también hay indicios de conexiones con la zona de los monstruos.

Arram esbozó una sonrisa tensa.

—Y además, estoy buscando a alguien en la subasta de esclavos de esta noche.

La mirada del hombre rubio era afilada, guardando algo que no se atrevía a pronunciar.

—Si preguntan quién, eso es asunto de Oberyn —añadió Arram con desenfado.

Gideon asintió lentamente.

—Si el Duque Arram participa, esto será mucho más fácil.

Alaric lo miró de reojo.

—¿Por qué piensas eso?

Gideon se volvió hacia los caballeros que ya se habían puesto de pie, aún visiblemente sorprendidos pero ilesos.

—Puede verlo usted mismo. El Duque Arram y los suyos derribaron a nuestros caballeros con facilidad. Estoy seguro de que su habilidad con la espada y en combate cuerpo a cuerpo no debe subestimarse.

Arram rio abiertamente.

—Lo tomaré como un cumplido.

Alaric cruzó los brazos.

—El reino de Oberyn es conocido por sus genios de la espada. Y la región sur limita directamente con territorio de monstruos. No es extraño que su gente esté acostumbrada a luchar para sobrevivir.

Gideon asintió con comprensión.

Arram entonces dio un paso al frente, los ojos entrecerrados con curiosidad inquisitiva.

—Nos conocemos desde hace tiempo, Alaric. Pero estoy ofendido. No me invitaste a tu boda —dijo Arram con un tono entre broma y reproche.

La sonrisa de Arram se ensanchó, llena de significado, y continuó:

—Supongo que tengo curiosidad por saber qué clase de mujer logró robarte el corazón. Me dan ganas de conocerla.

Al instante, la atmósfera cambió.

La sonrisa de Alaric se desvaneció. Su mandíbula se tensó y sus ojos se volvieron fríos: no de ira, sino de advertencia.

—No te permitiré conocer a mi esposa —dijo Alaric con firmeza.

Arram se quedó en silencio un momento, y luego soltó una carcajada.

Arram miró a Alaric con una sonrisa llena de interés y dijo:

—Vaya, una reacción así. Ahora tengo aún más curiosidad por tu esposa.

Y tras las antorchas temblorosas, las sombras de la región oriental parecían susurrar que aquella cacería no era solo cuestión de monstruos, mercado negro o traiciones.

Sino también de la esposa que el Duque Alaric Ravens protegía con su vida.

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Martha Cardenas
genial historia
MINNY@24💕
me encanta este duque ya lo amo 🥰🥰🥰🥰🥰
MINNY@24💕
wooooooo, es hermano del emperador guau , guau dijo el perro 🤗
Sara Rojas Retamal
quiero que tengan más bebés, que Alaric se sorprenda de nuevo 🥰💪💪👏👏
Pao Suarez
hermosa tu historia autora ojalá y nos regales unos extras , y la historia de los chicos
Sara Rojas Retamal
me encanta, 2 bebés 🥰🥰🥰💪💪💪👏👏
MINNY@24💕
😁🤣🤣🤣🤣🤣🤣
MINNY@24💕
hermoso bebé 🥰🥰🥰
MINNY@24💕
😁🥰🥰🥰🥰🥰🫣🫣🫣🤗🤗🤗🤗
MINNY@24💕
wooooo a la primera y ya quiere su noche 😏 ejhhh picaron 🤗🤗🤗💕
Sara Rojas Retamal
no es reencarnada? ojalá que siii, que practicar defensa personal y sea una guerrera empoderada 💪💪💪🥰👏👏👏
Nancy Monterrosa
los niños tienen su mundo de fantasía
Nancy Monterrosa
ya tenemos otra historia de amor acá , entre Elara y Aron.
Bea Ro
espectacular novela
America Lopez
ya sabía yo, que había esperado mucho, vamos Liora, aprovecha al Duque 🥰
Ceci del Castillo
Felicidades,excelente obra!!
America Lopez
caramba Liora, quién te ha visto y quién te ve, sobrina de la Emperatriz, que tal?! y prima del príncipe heredero y futura princesa heredera, casi nada
America Lopez
le salió protector el pequeño oso 🐻
America Lopez
tanto nadar para morir ahogada en la orilla 🤭🤭🤭
Nancy Monterrosa
que amor el del Duque ,una hermosa historia
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