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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23: El teléfono

Pasaron dos días desde la salida con Kevin. Dos días en los que no supe nada de él, ni una llamada, ni un mensaje. Nada. Y Karl, en cambio, se volvió insoportable.

Me llamó el domingo por la mañana, no contesté. Me mandó un mensaje: "¿Podemos hablar?" No respondí. Luego otro: "Ian, por favor." Y otro más: "Sé que la cagué. Déjame explicarte." Como si hubiera algo que explicar, como si no hubiera dejado claro, delante de Kevin y de medio café, que no quería saber nada de él.

Pero no se detuvo ahí. El domingo por la tarde apareció en la mansión dicendo que venía a invitarme a salir, a comer, a dar una vuelta, lo que yo quisiera. Y yo no podía mandarlo a la mierda delante de Elvira, no sin levantar sospechas. Así que fingí, sonreí, le dije que estaba cansado, que prefería quedarme en casa, que ya saldríamos otro día. Y él se quedó, en el salón, durante horas, haciéndome la vida imposible. Hablando de tonterías, preguntándome por cosas que no me importaban, mirándome como si esperara algo, no sé qué. Una sonrisa, una caricia, una migaja de atención. Y yo, mientras tanto, tenía que aguantar, porque Elvira estaba ahí, mirándolo todo, y no podía ser tan evidente.

Cuando por fin se fue, me encerré en mi habitación y tomé una decisión: tnía que acelerar las cosas. Necesitaba ese teléfono lo antes posible, no podía seguir soportando a Karl, fingiendo que me importaba. No podía seguir esperando, ya no me quedaba paciencia.

Y Kevin. No me esperaba que desapareciera después de la salida del sábado, era extraño. El Kevin de mis recuerdos no habría desaparecido así, habría llamado para saber cómo estaba, para asegurarse de que todo estaba bien, para decir algo, cualquier cosa. Pero no lo había hecho y eso me inquietaba más de lo que quería admitir.

Bueno, una cosa a la vez. Primero el teléfono de Valeria, después Kevin. Saqué el teléfono, abrí el chat con Marta y Julia y escribí un mensaje.

"Mañana. En el entrenamiento. Es el día."

———

Esa mañana el corazón me latía tan fuerte que podía oírlo. No era una metáfora, era un ruido real, un tamborileo sordo que retumbaba en mis oídos y me hacía temblar las manos. Estaba sentado, con el pendrive en una mano y la tablet en la otra, el plan estaba claro, todo estaba calculado. Pero eso no impedía que el miedo me recorriera la espalda como un escalofrío.

Marta estaba de pie frente a mí, tenía los brazos cruzados y la cara pálida. Julia, a su lado, estaba inmóvil, como una estatua, como si ya hubiera aceptado que esto iba a pasar, pasara lo que pasara.

—Repítelo —dije.

—No dejo que Valeria entre al vestuario —dijo Marta, con la voz temblorosa—. Me aseguro de que se quede en la cancha. Hablo de coreografías, de la entrenadora, de cualquier cosa. La mantengo alejada al menos diez minutos.

—¿Y si se da cuenta?

—No se dará cuenta, soy buena en esto. Puedo ser muy pesada cuando quiero.

Sonreí. Sin ganas, pero sonreí.

—Julia.

—Vigilo la puerta —dijo ella, sin que yo tuviera que preguntar—. Si alguien viene, toso. Si es Valeria, toso dos veces, si es alguien más, toso una vez y me pongo a hablar sola como una loca.

—¿Y si te preguntan qué haces?

—Digo que estoy esperándote. Que quedamos ahí y no sé dónde te has metido.

Asentí. Era un buen plan, un plan simple, uno que podía salir mal de mil maneras distintas. Pero era el único que teníamos.

—¿Y tú? —preguntó Marta—. ¿Qué haces exactamente?

—Entro, abro la taquilla, cojo el teléfono, lo desbloqueo, vopio todo, lo devuelvo y salgo.

—¿Y si no está el teléfono?

—Estará, Valeria siempre lo deja en la taquilla durante los entrenamientos, no lo lleva a la cancha porque le da miedo que se le caiga. Lo sé, lo he visto porque la he estado observando durante días.

—¿Y si la contraseña no funciona?

—Funcionará. 0502. Es el cumpleaños de Karl. Todo lo de ella tiene que ver con él, es una obsesiva.

—¿Y si te atrapan?

Me quedé callado un momento, luego la miré, directo.

—Entonces improviso.

Marta no dijo nada, Julia tampoco, pero en sus ojos vi algo que no esperaba: Fe. Fe em Ian, en el nuevo Ian que había aprendido a defenderse y ya no se callaba.

—Vamos —dije, levantándome.

———

El gimnasio olía a sudor y a limpio, a esa mezcla de desodorante y cloro que se te mete en la nariz y no se va. Las porristas estaban en la cancha, estirando, riendo, hablando de cosas que no me importaban. Marta caminaba a mi lado, con su bolsa al hombro y una sonrisa que pretendía ser natural pero que le temblaba en las comisuras.

—¿Estás bien? —le pregunté en voz baja.

—Sí, solo... no me gusta esto.

—A mí tampoco.

—Pero hay que hacerlo.

—Sí. Hay que hacerlo.

Llegamos a la puerta del pasillo que daba al vestuario, Julia ya estaba allí, apoyada contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada perdida en algún punto del pasillo. Cuando nos vio, asintió, un gesto mínimo, casi imperceptible. Pero suficiente.

—El vestuario está vacío —dijo sin mirarnos—, Valeria está en la cancha junto a todos las demás. Marta, es tu momento.

Marta respiró hondo, me miró y luego, sin mediar palabra, se giró y caminó hacia la cancha. La vi alejarse, llegar hasta Valeria, sonreír, hablar y Valeria, ajena a todo, le respondió con esa sonrisa falsa que usaba con todo el mundo.

—Ve —dijo Julia—. Ahora.

Entré al vestuario.

El aire estaba cargado. Olía a laca de pelo, a perfume caro, a desodorante de flores, y debajo de todo, como un rastro que no se iba, olía a ella. A nardo y ámbar sintético. Estridente. Invasivo. Químico. Me quedé quieto un segundo, solo un segundo. Respiré hondo y me moví.

Las taquillas estaban al fondo, ina fila de puertas metálicas, grises, numeradas. La de Valeria era la número 12., la había visto antes y la había memorizado. Llegué hasta ella y marquè el código. 0-5-0-2. La cerradura hizo clic, la puerta se abrió.

El teléfono estaba ahí, rosa, con purpurina, como el del sueño, como el que me había mostrado todo lo que Karl era. Lo cogí, lo encendí, la pantalla se iluminó. Pedía una contraseña de seis dígitos.

Probé con el cumpleaños de Valeria. 120809. La pantalla parpadeó. Error.

Maldije en silencio. Miré la puerta. Nadie. Miré el reloj. El tiempo se me escapaba entre los dedos, no podía quedarme ahí probando una y otra vez, no podía fallar. No podía arriesgarme a que la pantalla se bloqueara o a que alguien entrara.

Tenía dos opciones. El cumpleaños de Karl o la fecha que había encontrado en el diario. La fecha en que todo empezó. 18/01/26.

Me quedé quieto un segundo, pensando. Karl era un idiota, un idiota manipulable y Valeria era una obsesiva, una calculadora. Si a alguien se le había ocurrido poner esa contraseña en el teléfono de Karl, no había sido a él, había sido a ella. Porque Karl era demasiado básico para pensar en algo tan retorcido, pero Valeria no. Valeria era de las que usaban fechas, fechas que significaban algo que solo ella conocía y si esa fecha era el inicio de su relación, el día en que todo comenzó, entonces ella la tendría grabada.

No perdí más tiempo, marquè los seis dígitos. 1-8-0-1-2-6. La pantalla parpadeó y se abrió.

Estaba dentro.

Saqué el pendrive, lo conecté al teléfono con el adaptador OTG, la pantalla se iluminó. "Almacenamiento USB conectado." Bien. Empecé a copiar la galería: fotos, videos, todo. La barra de progreso avanzaba despacio, demasiado despacio, pero no podía hacer nada más, solo esperar. Miré el reloj, el tiempo seguía corriendo.

Mientras se copiaba, saqué la tablet de la mochila y la encendí. Abrí el WhatsApp de Valeria y lo primero que vi fue el chat de Karl. Ahí estaba, arriba, fijado, con esa foto de perfil que me revolvió el estómago. Karl sonriendo xomo si el mundo fuera suyo, como si Ian no existiera. Busqué el código QR, lo escaneé, la tablet vibró. "Dispositivo vinculado." Y en el teléfono de Valeria apareció una notificación. La borré rápido, sin dejar rastro.

En la tablet, apareció la lista de chats. Todos.

Y entonces, mientras la barra de progreso seguía avanzando, seguí revisando, no podía perder ni un segundo, esta era mi oportunidad y tenía que aprovecharla al máximo. Recorrí la lista de chats, rápido, sin detenerme, hasta que algo me llamó la atención.

Un chat cuyo nombre era Bebé.

Me detuve. El último mensaje decía: "Te amo, preciosa."

Me quedé mirando la pantalla, no podía creer lo que estaba viendo. ¿Valeria estaba con alguien más? ¿Además de Karl? Abrí el chat rápido, los mensajes eran cariñosos, tiernos. "¿Cómo estás, mi amor?" "Te extraño." "¿Nos vemos hoy?" Y las respuestas de Valeria frías, evasivas. "Estoy ocupada." "No puedo." "Ya veremos." Y luego, un nombre en uno de los mensajes. Ella lo llamaba Diego.

Diego. ¿Quién era Diego?

No tenía tiempo de leerlo todo, después lo haría. Las fotos y videos estaban terminando de copiarse cuando Julia tosió. Dos veces.

Mierda.

Mi corazón empezó a latir desbocado pero no podía permitirme entrar en pánico, no ahora, cuando estaba tan cerca. Cerré todo lo que había abierto, desconecté el pendrive, devolví el teléfono a la taquilla, la cerré bien y me escondí detrás de las últimas taquillas. En el hueco entre la fila metálica y la pared, un espacio estrecho, oscuro, pero suficiente para un cuerpo delgado como el de Ian. Me pegué a la pared, contuve la respiración.

Desde ahí oí las voces en la puerta del vestuario.

—¿Qué haces aquí? —Valeria. Su voz sonó fría, desconfiada.

—Estaba buscando a Ian. Entré y no lo vi, así que vine a los vestuarios. —Julia. Calmada, fingiendo naturalidad.

—Creo que Ian fue al baño, dijo que no se sentía bien.

—Ah, vale, entonces lo espero aquí.

Silencio. Un segundo, dos, tres.

—¿Y tú quién eres? —preguntó Valeria y su voz sonó más afilada.

—Julia, amiga de Ian. De antes del accidente.

—Ya.

Otro silencio, más largo, más denso. Y luego, los pasos de Valeria entrando al vestuario. Se acercó a su taquilla, la oí abrirla y luego, silencio, u silencio más largo, como si estuviera revisando algo. Como si estuviera buscando algo. Entonces, sus pasos se volvieron a escuchar, suaves, rápidos, no hacia la puerta, hacia el fondo, hacia las taquillas del final. Hacia mí.

Se estaba acercando.

Me pegué más a la pared, como si pudiera desaparecer, volverme invisible. El corazón me latía tan fuerte que creí que ella podiía oírlo. Sus pasos resonaban en el suelo, cada vez más cerca, podía oír su respiración.

Y entonces, Julia habló otra vez.

—Oye, Valeria.

Los pasos se detuvieron a mitad del vestuario, a pocos metros de mí.

—¿Qué? —dijo y su voz sonó impaciente.

—¿Tú sabes si la entrenadora va a cambiar la coreografía del partido? Porque Marta me dijo algo, pero no me acuerdo.

Silencio. Valeria dudó, la oí resoplar.

—No sé, pregúntale a ella.

—Es que no la encuentro y como tú eres la capitana...

—No soy la capitana.

—Ah, pensé que sí, porque siempre estás en el centro. En las fotos, en todo.

Otro silencio, más largo y luego, la voz de Valeria más suave, más vanidosa.

—Bueno, no soy la capitana, pero sí, siempre estoy en el centro. Alguien tiene que estar, ¿no?

—Claro, eso mismo pensé yo.

Julia, la muy lista, la estaba distrayendo. Con halagos, con tonterías, con cualquier cosa y Valeria, la muy vanidosa, picó. Porque Valeria no podía resistirse a que le dijeran que era importante. Sus pasos se detuvieron, ya no se acercaba, estaba quieta. Escuchando.

—¿Y qué tal el entrenamiento? —siguió Julia—. ¿Va bien la coreografía nueva?

—Bien. Es complicada pero la tengo controlada.

—Seguro que sí. Eres la mejor, ¿no?

—Alguien tiene que serlo.

Otra pausa y luego el teléfono de Valeria sonó, no se que pasó pero la escuché suspirar.

—Tengo que irme —dijo.

—Vale, nos vemos.

Los pasos de Valeria se alejaron hacia la puerta.

Esperé uno, dos, tres, diez segundos y salí del hueco. Julia seguía en la entrada, blanca, como si hubiera visto un fantasma.

—¿Se ha ido? —pregunté.

—Sí.

—Gracias.

—Casi nos pilla.

—Pero no nos pilló.

—¿Lo tienes?

—Sí. Todo.

—Vámonos.

Salimos. Marta nos esperaba en el pasillo, tenía la cara descompuesta.

—¿Qué ha pasado? Intenté detenerla todo el tiempo que pude pero dijo que tenía que salir. Que la estaban esperando.

—Está bien. Casi nos atrapa pero Julia salvó la situación.

—¿Y?

—Que tengo las pruebas.

Marta soltó el aire, un suspiro largo, tembloroso y luego, sin mediar palabra, nos siguió.

———

Esa noche en mi habitación, conecté el pendrive a la tablet. Las fotos, los videos, todo estaba ahí. Karl en la cama., desnudo, ambos sonriendo. Karl dormido, con el brazo de Valeria sobre su pecho. Valeria en ropa interior frente al espejo con Karl sin camisa abrazándola por detrás. También tenía los mensajes en el chat de la tablet, las burlas. "Es tan fácil de engañar." "Para la diversión estás tú."

Y luego, el chat de Diego. Lo abrí, lo leí. Diego, el novio de Valeria, el que no sabía nada. El que pagaba sus caprichos y depositaba dinero en su tarjeta mientras le escribía "te extraño" y recibía evasivas. El que la quería de verdad e iba a quedar destrozado cuando descubriera la quien era ella realmente.

Me quedé mirando la pantalla durante un largo tiempo.

—¿Quién eres, Diego? —susurré mientras miraba su foto de perfil.

No obtuve respuesta, pero no hacía falta, porque ya sabía lo que tenía que hacer. Primero, salir de Karl, luego, hacer pagar a Valeria y después ... después ya veríamos.

Apagué la tablet, me recosté en la cama, miré el techo y por primera vez en días, sentí que el control estaba de mi lado. Tenía las pruebas, el plan y tenía un nombre nuevo en la cabeza. Diego

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Nidia Mojica
Que enredo y que manera de frustarse la vida.
Nidia Mojica
Un muy buen punto.
Nidia Mojica
No señora Ian no debe aguantarse nada de nadien.
Nidia Mojica
Después ir por Kevin.
Nidia Mojica
También estaba sin respirar al leer.
kohaku viento
cuál será el secreto... ay. que angustia por saber. puede ser varias cosas supongo la que se me viene a la mente es que no es hijo de Sofía y por eso el favoritismo no se ya quiero saber el secreto. 🤣🤣🤭🤭🤭🤭🤭 abra que esperar a los próximos capítulos
kohaku viento: de que kevin es mejor no ay ninguna duda 🤣🤣Karl no sirve para nada
total 2 replies
kohaku viento
estubo de suspenso el capítulo. 🤭🤭🤭🤭. espero el próximo y queri ver la caída de Karl
kohaku viento
vamos que se puede aquí le hecho porras 🤣🤣🤣🤣🤣
Julissa Jimenez
siiiiii por fin tiene las pruebas 😂😂😂😂😂autora más capítulos para saber cómo va utilizar esas pruebas 😍😍😍😍😊😊😊😊😊
Alex
ojalá que cuando se rompa el compromiso la solución sea comprometer a Kevn y a Ian 🙏🏼🙏🏼
Alex
espero que Diego sea amigo y no enemigo
☆Nanu☆
son muy hábiles!!!👏👏👏👏
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
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