Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Agnes Norhaven 1
La mansión Norhaven se alzaba elegante y sobria, con una fachada de piedra clara y ventanales altos que reflejaban la luz del mediodía. El carruaje de Helen se detuvo con suavidad frente a la entrada principal, y de inmediato dos criados salieron a recibirlos con una reverencia impecable.
—Lady Lewis, señor Yard
—Lady Agnes los espera en el patio trasero.
Helen frunció apenas el ceño, curiosa.
—¿En el patio trasero?
—Sí, mi lady.
Dylan le ofreció el brazo y ella lo tomó, todavía con esa sensación extraña y cálida que le provocaba lo atento que él estaba siendo con ella desde el viaje.
Atravesaron pasillos amplios, llenos de tapices con escenas de carruajes antiguos y paisajes del reino, hasta que una puerta lateral se abrió hacia un patio amplio, empedrado, lleno de luz. Había varias estructuras de madera, rollos de tela, herramientas metálicas… y un carruaje grande estacionado en el centro.
Pero no había nadie a la vista.
Helen se detuvo en seco.
—¿Este es… el patio correcto?
Dylan miró alrededor, confundido.
—Eso parece.
El viento movió suavemente unas telas colgadas en un tendal improvisado. Se oía el canto lejano de un pájaro. Todo estaba… sospechosamente tranquilo.
—Lady Norhaven…
No hubo respuesta.
Helen dio un par de pasos más, mirando el carruaje con curiosidad.
—Quizás salió un momento…
En ese instante, se oyó un golpe seco metálico, seguido de un pequeño “ay” ahogado.
Ambos giraron la cabeza.
Y entonces, desde debajo del carruaje, comenzaron a asomar primero unos zapatos elegantes, luego unas manos manchadas de grasa… y finalmente una mujer entera que se deslizó hacia afuera con sorprendente agilidad.
Era hermosa.
Tenía el cabello oscuro recogido en un moño alto, aunque varios mechones rebeldes se habían soltado y enmarcaban su rostro. Sus ojos verdes brillaban con inteligencia y picardía. Llevaba un vestido práctico, no tan refinado como el que Helen esperaba ver en una dama noble, y tenía una mancha de aceite en una de las mangas.
Se incorporó, se sacudió las manos contra el vestido sin demasiado pudor… y sonrió.
—Ah. Ustedes deben ser mis invitados.
Helen parpadeó.
Dylan abrió un poco la boca.
—¿Lady… Agnes Norhaven?
—En persona.. O al menos… la versión que suele vivir debajo de los carruajes.
Helen no pudo evitar reír, sorprendida y encantada al mismo tiempo.
—No esperábamos… encontrarla así.
Agnes ladeó la cabeza, divertida.
—¿Debajo de un carruaje o con las manos sucias?
—Ambas
Agnes soltó una carcajada franca.
—Oh, querida, si vieran cuántas veces he tenido que esconder grasa bajo guantes de encaje para reuniones importantes…
Dylan carraspeó, intentando recuperar la compostura.
—Es un honor conocerla, Lady Norhaven. Soy Dylan Yard, y esta es Lady Helen Lewis.
Los ojos verdes de Agnes se iluminaron de inmediato al posarse en Helen.
—¿Lady Lewis? ¿La de la anulación escandalosa y la nueva empresaria misteriosa?
Helen se quedó rígida un segundo.
—¿Eso ya es… fama?
—Querida, en este reino nada jugoso tarda en circular… Y déjeme decirle:
me encanta su estilo.
Helen no pudo evitar sonreír, relajándose.
—Gracias… creo.
Agnes miró a Dylan de arriba abajo con ojo crítico y divertido.
—¿Y usted es el famoso Dylan Yard, el hombre que hace temblar a los contables y pone celoso a varios nobles respetables?
Dylan se puso un poco rojo.
—Eso es… una exageración peligrosa.
—No para mí..
Agnes se limpió las manos con un paño que sacó del bolsillo.
—Bueno, no se queden ahí como estatuas incómodas. Vengan, les muestro lo que estaba haciendo.
Los condujo hacia el carruaje.
—Estoy probando un nuevo sistema de suspensión… Menos sacudidas, más estabilidad… y espacio extra para carga.
Helen se inclinó para mirar con atención.
—¿Usted misma diseña esto?
—Todo… Si quiero algo bien hecho, prefiero hacerlo yo.
Helen sintió un cosquilleo de admiración inmediata.
—Entonces definitivamente vine al lugar correcto.
Agnes la miró con interés renovado.
—¿Ah, sí?
—Estoy desarrollando una línea de cortinas y persianas modernas… Busco materiales, mecanismos, ideas nuevas.
Los ojos verdes de Agnes brillaron.
—Oh, esto se acaba de poner interesante.
Dylan sonrió al ver cómo, en cuestión de segundos, dos mujeres brillantes ya estaban conectando como si se conocieran desde hace años.
Y mientras Agnes comenzaba a explicar sus diseños con entusiasmo y Helen escuchaba fascinada, Dylan no pudo evitar pensar, con una mezcla de orgullo y una emoción extraña y peligrosa.. Helen no solo estaba encontrando aliados.
Estaba construyendo un mundo completamente nuevo para sí misma.