Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 24
El bosque Lin guio a sus hombres a un lugar seguro, buscando una zona cerca de la montaña y los arboles más altos. Los árboles altos amortiguaban el viento helado y ocultaban cualquier rastro de movimiento. Allí, finalmente podían descansar después de una ardua batalla, el cansancio era notorio en sus hombres y algunos estaban heridos, así que merecían ese respiro.
—descansen, esto aún no acaba. —ordenó Lin, quitándose el casco. Su voz sonaba firme, pero el cansancio le pesaba en los hombros.
Habían perdido hombres, pero menos de los que la montaña había reclamado al enemigo. Los heridos fueron atendidos con manos temblorosas y vendas improvisadas. Nadie habló durante varios minutos; el silencio estaba cargado de lo que pudo haber sido.
Lin se apoyó contra el tronco de un pino y cerró los ojos solo un instante. El rostro del Khan volvió a su mente, su mirada demasiado lúcida, sus palabras demasiado precisas, dijo lo que ella anhelaba, y eso, la hacía sospechar.
Libre.
—General —dijo uno de los soldados, rompiendo sus pensamientos. — ¿Qué haremos ahora?
Lin abrió los ojos. —Aún no ha terminado. — Se incorporó y recorrió con la mirada a los hombres que quedaban en pie.
—El Paso de la Serpiente sigue siendo un riesgo. La mina lo retrasó, pero no lo detuvo. —Hizo una pausa— Necesitamos que Wei lo sepa de inmediato.
Sus ojos se posaron en un joven soldado que, pese al combate y la retirada, aún se mantenía erguido, respirando con relativa calma.
—Tú —dijo— Eres el menos exhausto.
El soldado dio un paso al frente y se inclinó.
—A sus órdenes, general.
—Viajarás ligero. Llevarás este mensaje al general Wei —Lin le entregó un pergamino sellado—. Dile que el avance del Khan fue detenido en la mina, pero que escapó. El Paso de la Serpiente aún es vulnerable. No debe bajar la guardia y que de aviso al coronel Gao, el Khan no está en el campamento de la frontera, si quiere atacar, que así lo haga, así el Khan perderá sus refuerzos.
—Lo haré llegar, aunque me cueste la vida.
—No te costará —respondió Lin con firmeza— Regresarás con vida. Es una orden.
El soldado asintió y desapareció entre los árboles, tragado por la noche. Lin permaneció observando la dirección por la que se había ido. Luego miró hacia la montaña, ahora silenciosa, como si nunca hubiera rugido.
—El Khan vive… —murmuró— Y eso cambia todo.
Dos días después, en la capital, el aire del palacio estaba cargado de una tensión distinta, la Emperatriz Madre sostenía el mensaje con manos rígidas. Sus ojos recorrían las líneas una y otra vez, como si se negaran a aceptar lo que leían.
“Lin sigue viva.
El Khan no ha avanzado por la mina.”
El pergamino crujió bajo sus dedos.
—Inútiles… —susurró, apretando los labios con ira.
Caminó lentamente hasta la ventana, desde donde se veía el patio interior del palacio. Soldados imperiales entrenaban bajo la vigilancia de oficiales leales al emperador. Aquella visión solo avivó su ira.
—Esa mujer debía haber muerto en la montaña —dijo en voz alta— Y el Khan debía estar más cerca del trono.
Se giró con brusquedad.
—Convoca a mis aliados —ordenó al sirviente que aguardaba en silencio— Esta misma noche. Hay algo importante que hablar.
El sirviente palideció.
—¿A… todos, Majestad?
—A todos —repitió ella— Ministros, consejeros, generales retirados. Es hora de hablar por el futuro del imperio.
Horas después, en una cámara apartada del palacio, las sombras se reunieron alrededor de una mesa baja. Rostros conocidos de la corte, hombres y mujeres que sonreían ante el emperador durante el día y conspiraban en la noche.
La Emperatriz Madre tomó la palabra.
—El emperador se aferra al poder gracias a esa general y eso lo hace salirse de nuestro control, si sigue así, muchos de ustedes pueden perder su poder. —dijo con desprecio— Mientras ella viva, él seguirá bajo su encanto.
—Pero el Khan aún está suelto —intervino uno de los consejeros— Eso puede jugar a nuestro favor.
La Emperatriz Madre sonrió, esta vez con auténtica satisfacción.
—Exactamente. Si no podemos derrotar al emperador con ejércitos… lo haremos con la corte. —Clavó la mirada en cada uno— Le quitaremos aliados, debilitaremos su autoridad y, cuando llegue el momento, lo dejaremos solo.
—¿Y Lin? —preguntó otro— No caerá fácilmente.
—si logra volver con vida, el emperador tendrá a todo el ejercito de su lado y el pueblo lo apoyará. —
—Nadie es invencible —respondió ella— Solo necesitamos aislarla… y empujarla al lugar correcto.
En la lejanía, sin saberlo, la Emperatriz Madre daba inicio a sus planes. Mientras que Lin, aun estaba con la duda, ¿como el Khan sabe sobre ella?, o había un espía en el palacio o entre sus tropas, o quizás, alguien en la corte estaba ayudando al Khan, alguien con conocimiento sobre el terreno de esa zona, ya que no cualquiera conoce aquellas minas.
...
Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada