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La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Ojos. Pt.23.

Subimos al coche. El motor ruge bajo la ligera lluvia. El parabrisas empañado se limpia con un chirrido irregular. Héctor teclea de inmediato sin parar, veo sus ojos, completamente hundidos en cansancio. Será mejor que apague su cerebro o lo quemará.

Durante el trayecto, ninguno de los dos habla. El cansancio tiene un peso distinto cuando llevas demasiados secretos encima. Cada semáforo parece un recordatorio de todo lo que no hemos descubierto aún.

Al llegar al edificio. El barrio está medio vacío, apenas iluminado con la luz del sol que tiembla con el viento. Me detengo lento, incluso el frenar del Mustang se siente con sueño. Héctor me contagia el bostezo, guarda su laptop y baja sin decir más.

Bajo del coche y justo frente a la entrada lo veo: el joven reportero de la rueda de prensa de esta mañana. Rodeado por unos nueve pandilleros; los muchachos de Maik.

Los reconozco a todos por sus miradas. Expandilleros, la mayoría. Buenos chicos ahora, pero con los nudillos aún marcados por los años violentos. Maik los salva, a cambio, cuidan el edificio y a sus inquilinos… Y todos… lo observan con el mismo odio que se reserva para un traidor o un soplón.

Caminamos en silencio. Héctor alza la cabeza y corta por la mitad al niño con la mirada. Veo como aprieta el culo e intenta ocultarse tras su pequeña libreta y su lápiz.

Cazo un cigarrillo de mi bolsillo; esperando que este niño no quiera un autógrafo y una foto, para una hermana enferma.

—Miren quién está aquí —dice uno de ellos, con la voz ronca—. El periodista novato. No deberías venir por estas calles con una cámara tan linda colgando del cuello —le toma la cámara y lo jala, clavándole los ojos—. Mucho menos venir a este edificio queriendo entrar con ella.

El muchacho traga saliva. Esta pálido como un fantasma. Cuando me ve, sus ojos se agrandan. Siento que el alma se le saldrá por el trasero.

—D-detective… yo… por favor, no me mate —balbucea, levantando las manos—. Sé lo que dicen de usted, que es temperamental, que no le gusta que lo sigan… pero yo no vine a molestar. Se lo juro.

Me acerco despacio. Le clavo la vista en sus ojos grises que no dejan de temblar. Su cabello rubio se eriza con miedo, como un pobre gato contra un muro, rodeado de perros rabiosos.

—Suéltalo —le digo, al chico que lo sostiene de la cámara

Él lo suelta, sin despegarle la mirada letal sobre la cara.

—Baja las manos, muchacho. No soy tan malo como dicen.

El baja las manos aun temblando, su mirada pegada en mí. Siento que correrá a toda prisa por su vida, en cualquier momento.

Héctor se queda atrás, observando. Siento su risa disimulada, queriendo negar lo que dije. Los chicos de Maik no se mueven, tensos, listos para reaccionar si levanto la voz.

—¿Qué haces afuera de mi edificio, muchacho? —le pregunto, encendiendo el cigarrillo.

—V-vine a buscarlo… bueno, no a usted directamente. Estoy… probando suerte en esta ciudad. Vine desde Santa Villa hace dos semanas. Quiero crecer como un reportero independiente. Conseguir buenas historias, ¿Ya sabe? Algo grande.

Sus palabras tropiezan con el miedo. Y lo peor… es que creo que dice la verdad.

—¿Y elegiste seguir al policía que más desprecia tu profesión en todo el distrito, para conseguirla? —digo, exhalando el humo en su dirección.

Se encoge de hombros, sin atreverse a responder. Uno de los muchachos da un paso al frente, pero levanto la mano.

—Tranquilos, muchachos —les digo sin levantar la voz—. Déjenmelo a mí. Este es mío.

Ellos retroceden, aunque no bajan la guardia. Me vuelvo hacia el joven reportero y le clavo la vista nuevamente. Su cuerpo se contrae, quiere desaparecer, lo veo en sus ojos.

—Ven conmigo, chico. Vamos a dar un paseo. Tú y yo.

—¿A dónde? —pregunta con un hilo en la voz.

—A ningún sitio en especial. Solo quiero saber qué tanto quieres una historia… y por qué me sigues.

Me giro hacia Héctor.

—Sube al departamento. No dejes los informes solos, ni un segundo. Revisa todo con calma. Yo me encargo de él. Descansa un poco.

Héctor asiente, serio. Veo que su batería interior ya está por llegar a cero, solo quiere dormir.

—Ten cuidado, hermano. Llámame si necesitas algo.

—Siempre lo tengo, tranquilo —le respondo, aunque los dos sabemos que eso no es verdad.

Camino junto a él sin decir más. Miro sobre mi hombro al reportero, con la mano le digo que me siga. Los muchachos de Maik no le despegan la mirada mientras camina tras de mi temblando.

Abro la puerta del coche para el reportero. Él entra con torpeza, tratando de no temblar. Yo doy la vuelta, subo al asiento del conductor y cierro la puerta. El ruido de la lluvia contra el techo llena el silencio.

Enciendo el motor y me quedo mirando al frente, con el cigarrillo humeando entre mis dedos. El rugir del motor se siente como una advertencia; esta conversación va a doler.

Acelero, el coche avanza sin rumbo definido. El tablero marca las 12:54 p.m. El sol apenas se filtra entre las nubes espesas, tiñendo la ciudad con esa luz gris que nunca termina de decidir si va a llover del todo o solo va a morir.

El motor suena parejo, el cigarrillo se consume lento en mi mano, y el chico en el asiento del copiloto no deja de mover las piernas. Puedo escuchar el roce nervioso de sus zapatos contra la alfombra del coche.

—Antes de hablar —le digo sin mirarlo—, quítate todo lo que tengas encima. Reloj, teléfono, grabadora, lo que sea.

—¿Qué?

—Nada de “qué”. Hazlo. —Mi tono sale más áspero de lo que pretendía—. Si vas a hablar conmigo, será sin oídos externos.

El muchacho traga saliva, asiente sin decir palabra.

Abro el compartimento central, entre los asientos. Veo como se quita el reloj, dos teléfonos, dos anillos, una pequeña grabadora de solapa que intentaba ocultar bajo la chaqueta. Incluso un audífono diminuto. La cámara. Los deja dentro del compartimento central. Cierro la tapa y se ilumina con un resplandor azul.

Héctor lo modificó hace años. Un campo de interferencia encerrado dentro del metal y su forro negro de piel. Nada entra, nada sale.

1
favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
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