En esta continuación de la saga, La heredera, nos sumergimos en un mundo donde la amistad, los secretos y las traiciones se entrelazan en una trama envolvente. Draco Giulliano, Luciano Letsos y Alexandro Dmitrikis, tres amigos unidos por lazos profundos con oscuros secretos, se ven envueltos en un torbellino de intrigas, mientras comparten un lazo con una rica heredera. A medida que los enredos del pasado emergen y las lealtades son puestas a prueba, los personajes se ven enfrentados a decisiones que pondrán a prueba su relación y su moralidad. Esta historia nos sumerge en un mundo de pasiones desatadas, luchas internas.
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26
Draco viajo junto a su hija a Italia, Emiliano lo había invitado al partido y festejo del cumpleaños de sus hijos.
Luciano también decidió asistir al partido de polo sería la presentación oficial de su flamante esposa, asi que viajo a Italia.
Olivia terminó de ducharse pero cuando fue a vestirse no encontró su ropa.
—¡Luciano! Dejó pasar un minuto. Empezó a golpear el suelo con la punta de sus dedos. Gritó de nuevo. Se oyeron pasos subiendo la escalera. Olivia sonrió y se cruzó de brazos. Pero no era Luciano. Había enviado a Dmitri a ver lo que quería. Furiosa, se ocultó tras la puerta para que no la viera.
—El señor Letsos no está acostumbrado a que nadie le llame a gritos -le dijo Dmitri-. De hecho eso le pone de muy mal humor.
—Siempre está de mal humor -se quejó Olivia.
— Es que la muerte de su padre ha sido muy dura para él.
—¿En qué puedo ayudarla? -le preguntó Dmitri.
—En nada, déjalo -Olivia cerró la puerta y se sentó en el borde de la cama.
Desde la muerte de su padre ella también había estado de muy mal humor, y había pasado muchas noches sin dormir. Algunas veces, había querido decirle algo a Andreas, y de pronto se daba cuenta de que ya no estaba a su lado y que nunca más lo iba a estar. Para Luciano después de más de veinticinco años, aquel sentimiento debía ser mucho peor.
Una empleada llamó a la puerta y entró en la habitación, arrastrando dos pesadas maletas. Las dejó sobre una silla y salió de la habitación otra vez. Un segundo más tarde, entró Luciano con dos maletas de cuero.
—Parece que te vas a instalar aquí. ¿Cuándo me devuelven mi ropa, para trasladarme yo a otra habitación? -le preguntó Olivia.
—Ésta es tu ropa -respondió Luciano. Te la he comprado acaba de llegar.
—¿Y por qué me has comprado ropa? .
—Porque no tienes nada elegante que ponerte. Considéralo un regalo.
—Muchas gracias. Eres muy generoso, Luciano. Pero preferiría que me devolvieran mi ropa.
—No. ¿Por qué te crees que te la quité? , él la miró y apretó sus labios de forma muy sensual. —No me gusta que lleves ropa que te ha comprado otro.
—Pues he de informarte que lo que llevaba me lo compré yo.
—Sabes muy bien a lo que me refiero -la recriminó muy enfadado-. El vestido que llevabas en el hotel te lo compró Andreas, ¿no es cierto? Olivia asintió. -Pues por eso lo he tirado. No puedo soportar la idea de que fuiste también su mujer -gruñó Luciano, furioso por tener que explicar su conducta.
—Aparte de que no soy la mujer de nadie...
—Ahora eres mi mujer.
—¿Cómo has dicho?
—Andreas te entregó a mí.
—Repite eso otra vez -sugirió Olivia, enfurecida por aquellas palabras.
—Y me tengo que hacer responsable de ti, tendrás que cumplir mis deseos de ahora en adelante.
—Yo no cumplo los deseos de nadie, respondió.
—Lo harás conmigo.
—¡Quiero que me devuelvas mi ropa! -gritó Olivia, poniéndose en pie como un resorte, sin soportar más su mirada. Lucíano estiró un brazo para tocarle el rostro. —En cuanto pueda salir de esta habitación, iré a la policía a denunciarte! -gritó Olivia, cuando pudo introducir aire en sus pulmones.
—No se te olvide decirles que soy tu marido. Ya verás cómo se parten de risa...
—¡Tú no eres mi marido! -le espetó Olivia, con renovado vigor-. Y como se te ocurra ponerme una mano encima.
— ¿ Qué vas a morderme?, pregunto Luciano algo divertido.
—Si no fueras tan grande, te rompería los dientes!
—Ya estás aprendiendo. Hace sólo una semana, me habrías atacado -murmuró él con satisfacción.
Olivia se estremeció de pura rabia y confusión. le acarició el pelo y la miró con una intensidad desconcertante.
—Podrás morderme todo lo que quieras esta noche. Me gustan las novedades en la cama. Ahora vístete y baja tenemos que hablar.
Cuando cerró la puerta, Olivia se agarró a la cama, para no caerse. Seguro que estaba bromeando y que en realidad no quería decir que quisiera hacer el amor con ella esa noche. Pero lo único que tenía que hacer era negarse. ¿Lo único? No iba a ser nada fácil decirle «no» a Luciano.
¿En qué había quedado su deseo de lograr una relación más civilizada con él? En treinta segundos la había sacado de sus casillas otra vez. ¿Por qué le había comprado toda aquella ropa? .El día en que se casaron, Luciano había protestado porque no se puso uno de los vestidos que le había regalado Andreas. Y ahora le molestaba que se los pusiera.
Parecía que tenía que sentirse ofendida por ponerse las prendas que Andreas le había regalado. Empezó a dolerle la cabeza. Aquella situación la desbordaba.
Olivia empezó a sudar cuando entró en el comedor y vio aquellos descomunales muebles. Luciano la miraba. ¿Por qué la miraría como si ella le perteneciera?.
— Siéntate, estaremos aquí tres días hoy a la noche iremos a un baile y mañana a un partido de polo y luego viajaremos a una isla tengo que supervisar unas reformas en un hotel al menos eso me llevará unas cuantas semanas.
—¿Unas cuantas semanas?, en una isla.
—¿Por qué no? A nadie le puede extrañar que una pareja de recién casados busque la soledad en una isla -respondió él, mirándola de forma indolente.
—¿Por qué te empeñas en seguir recordándome esa estúpida ceremonia? -le espetó Olivia
—Creo que ya es hora de que firmemos una tregua -respondió, con un brillo un tanto desconcertante en sus ojos.
—¿Una tregua? -repitió Olivia.
Luciano respiró con impaciencia.
— No creo que te extrañase mi reacción cuando leí el testamento de Andreas. Es posible que fuera un tanto desmedida, pero has de comprender que Andreas era para mí más que un padre. Además, no me imaginaba que pudiera tener otra mujer en su vida.
—No la tenía. ¿Cuántas veces te lo tendré que decir? ¡Yo no era su querida! Tú estuviste en aquella casa. ¡Debes haberte dado cuenta de que teníamos habitaciones separadas!
Él se encogió de hombros y le contestó:Pero... -Yo, por ejemplo, no he dormido nunca toda una noche con una mujer. ¿Crees que por eso no hago el amor con ellas? -le dijo en tono irónico.
Olivia sintió aquel comentario como un puñal en su espalda. Apartó su mirada de él, pero no pudo por ello dejar de imaginárselo en los brazos de su amada Helena.
—Eres como una piedra -le condenó ella-. En cuanto consigues lo que quieres, te marchas. Debería darte vergüenza admitirlo.
Luciano apretó los labios y le contestó: —El sexo es un intercambio de placer físico...
—¡Eso es, sin afecto, sin sentimientos! ¡No me extraña que a Andreas le molestase tu actitud hacia las mujeres!.
—¡Christos...! -exclamó, tratando de calmarse-. No veo que haya nada malo en mis opiniones.
—Pero te olvidas del amor.
—Yo nunca he estado enamorado... -le respondió Luciano, mirándola con impaciencia-. Ahora bien, si me apetece estar con una mujer, me siento atraído...
—Será mejor cambiar de conversación - Olivia levantó el tenedor y el cuchillo, para empezar el primer plato. No le apetecía mirar a Luciano. ¿Sería verdad que nunca había estado enamorado? ¿Ni siquiera de Helena? Seguro que no podría reconocer ese sentimiento, a menos que se lo vendieran caro y se lo ofrecieran por su teléfono móvil.
— También quería disculparme sé que tú no vendiste la historia de la boda, fue tu amigo el mismo lo reconoció.
—¡No!
Luciano la observó con ojos incisivos y fríos. —No entiendo cómo eres tan ingenua en algunas cosas -musitó él-. Le dejaste a Patrick en posesión de una noticia que vale un montón de dinero. Y lo que hizo fue venderla. —¡Eso no es cierto!
—Él lo admitió -replico , mirándola a los ojos-.
—perdona por echarte la culpa a ti.
—No importa -contestó ella, inclinando la cabeza.
—A mí sí me importa -murmuró él. Te juzgué mal. ¿Pero por qué me hiciste creer que tú eras la que había dado la noticia a la prensa?
—Yo... yo... -tartamudeó Olivia.
—Todo lo que haces parece que lo haces para proteger a un hombre que te ha traicionado -comentó él con desprecio.
Olivia se levantó—No tengo más hambre -murmuró y salió de la habitación tan rápidamente como pudo.
No podía creerse que Patrick hubiera sido capaz de traicionar su amistad por dinero. Sabía que para él era muy importante el dinero, que era una persona muy ambiciosa, pero su negocio le iba bien. Con lágrimas en los ojos, salió al patio. Salió corriendo, por el gran jardín, y buscó refugio, como si fuera un animal herido. Empezó a sollozar. Se tapó la cara con las manos. De pronto, sintió unas manos en sus brazos que la obligaron a darse la vuelta. Se puso muy tensa y un escalofrío recorrió su espalda.
—No te asustes, soy yo -murmuró él, como si lo más natural del mundo fuera que él la abrazara para tranquilizarla-. Ya sé que duele cuando la gente te decepciona...
—Es la única persona en la que he confiado, aparte de Andreas -le dijo Olivia entre sollozos. Luciano bajó los brazos y ella se dio la vuelta al instante.
—¿Desde cuándo conoces a Patrick?
—Desde que tenía trece años. Fue algo extraño -susurró, mientras recordaba-. Antes de conocerlo, me asustaba más que los otros chicos que había en el orfanato. -
—¿Qué orfanato?
—Cuando murió mi madre, mi padrastro me metió en un orfanato.
—¿Por qué? -le preguntó Luciano.
—Porque no era su hija. Descubrió que mi madre estaba embarazada de mí, después de casarse con ella.
—¿Pero por qué no se divorció cuando se enteró? -le preguntó Luciano.
—La amaba, pero nunca le perdonó lo que le hizo -murmuró-. Después, tuvieron dos hijos. Así que cuando ella murió, él decidió deshacerse de mí.
—¿Cuántos años tenías?
— Nueve. Pasé por muchos sitios. De todos me escapaba, así que me consideraban una niña difícil. Allí conoci a Patrick lo habían llevado para que estuviera cerca del hospital donde estaba su madre. Tenía una hermana, que ofrecieron en adopción. Pero nadie quiere adoptar a adolescentes. Prefiero no hablar de estas cosas... -Olivia empezó a alejarse, sin comprender todavía el porqué le había confesado a Luciano cosas tan íntimas, que a él nada le podían importar.
—Parece que quieres mucho a ese payaso -comentó él con salvaje incredulidad-. Es un desgraciado que te vendería por horas, si pudiera hacerlo.
Olivia se dio la vuelta, con lágrimas en los ojos. —¿Cómo te atreves a decir eso?
—Pues ya ves que no ha dudado un minuto en entregarte. ¿Se preocupó por saber cómo era yo? ¿O cómo te iba a tratar cuando esto terminara?
—Eso no es cierto... -contestó Olivia, con voz temblorosa.
—¡Di una palabra más en su defensa y te juro que me voy a Londres y le hago picadillo! -gritó Luciano con tanta violencia, que ella se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos-. Y antes de que me preguntes por qué no lo hice antes, recuerda que sabe toda la historia, y no solo lo que han publicado. No quiero despertar una mañana y ver que todo el mundo está enterado de tu sórdida relación con Andreas...