“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 21 El ciclo eterno
El círculo Solaris brillaba intensamente en el centro del santuario.
La luz plateada cubría el suelo antiguo, iluminando los símbolos que habían permanecido dormidos durante siglos.
Aren estaba en medio del círculo.
El aire a su alrededor parecía vibrar.
Sus manos temblaban ligeramente.
Fragmentos de recuerdos se movían dentro de su mente como relámpagos.
Campos de batalla.
Sombras.
Luz.
Y una presencia…
Oscura y familiar.
—Aren.
La voz de Darian lo sacó de la visión.
El alfa estaba frente a él.
Sus ojos lo observaban con atención.
—Respira.
Aren inhaló profundamente.
La luz del círculo disminuyó un poco.
Pero los recuerdos no desaparecieron.
—Lo vi —dijo finalmente.
Elric dio un paso adelante.
—¿Qué viste?
Aren miró a Darian.
—A él.
Darian frunció el ceño.
—Eso otra vez.
—En una guerra.
El silencio cayó dentro del santuario.
Aren continuó.
—Pero no eras como ahora.
Darian cruzó los brazos.
—Eso ya lo mencionaste.
—Eras diferente.
Más alto.
Más oscuro.
Más… poderoso.
Darian soltó una pequeña risa.
—Eso suena como propaganda.
Aren negó lentamente.
—No.
Sus ojos seguían fijos en él.
—Donde caminabas…
Las almas desaparecían.
Elric murmuró con voz temblorosa.
—El dios de la muerte…
Caelum habló con reverencia.
—Nox.
Darian los miró con molestia.
—Dejen de llamarme así.
Pero Aren continuó.
—Y yo estaba frente a ti.
La luz del círculo volvió a intensificarse.
—La vida seguía mis pasos.
Los soldados se levantaban.
Las heridas desaparecían.
Darian permanecía en silencio.
Algo en esas palabras…
Le resultaba incómodamente familiar.
—Eso no prueba nada —dijo finalmente.
Aren inclinó ligeramente la cabeza.
—Tal vez.
Luego añadió algo más.
—Pero no éramos enemigos.
El silencio cayó nuevamente.
Elric levantó la mirada.
—¿Qué?
Aren habló con voz baja.
—Nunca peleábamos entre nosotros.
Caelum respiró con dificultad.
—Las leyendas…
Darian frunció el ceño.
—¿Qué leyendas?
Elric respondió lentamente.
—Las historias antiguas dicen que el dios de la vida y el dios de la muerte caminaban juntos.
Aren miró a Darian.
—Siempre juntos.
Elric terminó la frase.
—Porque eran amantes.
El silencio explotó dentro del santuario.
Darian se quedó completamente inmóvil.
—Eso es ridículo.
Aren sostuvo su mirada.
—No lo parecía en la visión.
Darian negó con la cabeza.
—No voy a aceptar una historia basada en sueños.
Pero algo dentro de él…
No estaba tan seguro.
Un recuerdo extraño apareció en su mente.
Una voz.
Suave.
"Mientras la vida exista, yo caminaré a tu lado."
Darian apretó la mandíbula.
—Esto no significa nada.
Pero el círculo Solaris brilló aún más fuerte.
Como si el santuario mismo estuviera respondiendo.
Caelum murmuró con asombro.
—El templo los reconoce.
Elric asintió.
—La dualidad divina.
Aren habló en voz baja.
—La vida y la muerte no eran enemigos.
Darian lo miró.
—¿Entonces qué éramos?
Aren respondió.
—Un equilibrio.
El silencio volvió a llenar el santuario.
Pero en ese momento…
Un sonido resonó desde la entrada.
Pasos.
Muchos pasos.
Darian se giró inmediatamente.
—Llegaron.
Las puertas del santuario se abrieron violentamente.
La figura del ejecutor apareció en el umbral.
Detrás de él…
Más de veinte Cazadores.
Sus espadas brillaban en la luz del templo.
El ejecutor observó el círculo brillante.
Luego a Aren.
—Perfecto.
Su voz resonó en la sala.
—El despertar ya comenzó.
Darian levantó su espada.
—No darás otro paso.
El ejecutor inclinó ligeramente la cabeza.
—Darian Valerius.
Hizo una pausa.
—O debería decir…
Sus ojos brillaron detrás de la máscara.
—Nox.
El silencio se volvió mortal.
Darian frunció el ceño.
—No me llames así.
El ejecutor sonrió.
—Todavía no lo recuerdas.
Pero lo harás.
Aren habló entonces.
—¿Por qué lo llamas así?
El ejecutor lo miró.
—Porque así se llamaba el dios de la muerte.
El silencio volvió.
Luego añadió algo más.
—Y porque su alma volvió a nacer.
Darian respondió con frialdad.
—Eso es una suposición.
El ejecutor levantó su espada.
—Lo comprobaremos.
Los Cazadores avanzaron.
La batalla comenzó dentro del santuario.
Elric y Caelum enfrentaron a los primeros enemigos.
Darian corrió directamente hacia el ejecutor.
Las espadas chocaron con una fuerza brutal.
Pero esta vez…
El ejecutor no retrocedió.
—Tu poder está despertando —dijo mientras bloqueaba un golpe.
Darian gruñó.
—No sé de qué hablas.
El ejecutor sonrió.
—Lo sabrás pronto.
Mientras tanto…
Aren observaba la batalla.
El círculo Solaris brillaba más fuerte.
La energía del templo recorría el aire.
Su corazón latía con fuerza.
La vida y la muerte.
Dos fuerzas opuestas.
Pero en sus recuerdos…
No eran opuestas.
Eran inseparables.
Y cuando sus ojos se cruzaron con los de Darian…
Aren sintió algo extraño.
Algo antiguo.
Algo inevitable.
El ejecutor también lo vio.
—Perfecto.
Sus ojos brillaron.
—El dios de la vida…
Levantó su espada.
—Y el dios de la muerte.
El silencio cayó un instante antes del choque final.
Y entonces el ejecutor dijo las palabras que cambiarían todo.
—La guerra de los amantes eternos ha comenzado otra vez.
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