Primer libro. Saga Destino.
Ariana, una joven que, debido a las circunstancias de la vida, sufre una pérdida imborrable.
Esto se convierte en su tormento y decide vengarse de lo ocurrido.
En medio de todo esto, se embarca en una travesía en alta mar, donde tendrá la oportunidad de encontrar el amor, ese sentimiento que puede ayudarla a dejar atrás su pasado.
Sin embargo, ella lucha contra esto y no quiere rendirse hasta lograr su objetivo: vengarse de quienes le han causado tanto daño, aunque eso también la destruya.
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Capítulo XXIII — Secretos.
Ariana del Cassal.
Después de abandonar el muelle, nos encaminamos hacia el hotel con el propósito de empacar todas nuestras pertenencias.
Erick me comentó que el viaje tendría una duración aproximada de 30 horas y media, y al escuchar eso, sentí que me quería morir.
Sin embargo, intenté mantener la calma, recordando que fui yo quien decidió realizar este viaje por mi cuenta; nadie me obligó a venir.
— Prácticamente, estaremos dos días en el aire, ¡qué fantástico! — exclamé de manera sarcástica.
Él me miró y esbozó una sonrisa burlona.
— Ariana no es para tanto; piensa que todo terminará al llegar. Claro, si no se trata de lo que yo estoy imaginando, porque si es así, Vallejo estará en serios problemas —murmuró con seriedad.
— No te cae bien, ¿verdad? —pregunté, aunque es bastante obvio.
— Vallejo es el hombre más despreciable que puedes conocer. Fue militar; según escuché, era teniente, pero utilizaba su rango para su propio beneficio.
» Lo dieron de baja por traición y estuvieron a punto de matarlo, solo que logró escapar y ahora vive escondiéndose como las ratas.
Sus palabras me sorprenden.
¿Cómo es posible que alguien como él conozca al Capitán Strauss? ¿Acaso él también estuvo involucrado en eso?
Sin embargo, lo que realmente me asusta no es eso, sino algo más.
— Espera, ¿me estás diciendo que el Capitán Vallejo es peligroso? Si resulta que nos robó el cargamento, nos enfrentaremos a él sin ninguna protección. ¡Es una locura! — grité, alterada.
— Tranquilízate, Ariana, no debemos preocuparnos. Si mis sospechas son ciertas, Vallejo no se atrevería a hacernos daño, ya que eso significaría enfrentarse al Capitán Strauss — afirmó con una firmeza que, en lugar de tranquilizarme, solo despierta más interrogantes en mi mente.
— ¿Cómo es que se conocen? ¿Por qué estás tan seguro de que estar de lado del Capitán Strauss nos protege de cualquier peligro?
— Te explico: fue el Capitán Strauss quien salvó a Vallejo y lo ayudó a escapar en un momento crítico.
» Desde entonces, han forjado una amistad sólida y Vallejo no se arriesgaría a traicionar esa lealtad tan arraigada. Sin embargo, tras lo que ocurrió, tengo dudas sobre la verdadera fidelidad de Vallejo.
Juan Pablo no fue quien me contó nada de esto.
Se supone que él y la otra persona se conocen desde el momento en que él perdió a su prometida.
Pero, ¿acaso todo esto sucedió mucho antes de ese evento? ¿Ese podría ser el motivo por el que él no tiene idea de lo que está pasando?
¡Ah! Esto es un auténtico lío; no logro entender nada.
La única persona que podría aclarar mis dudas es alguien a quien no deseo tener cerca, especialmente ahora que he decidido intentar algo con Erick.
Aún más que antes, esta parte de la historia me hace reafirmar que mis sospechas sobre el Capitán no estaban tan erradas.
Tengo la firme impresión de que es una persona peligrosa, y cada día que pasa me convenzo más de que tengo razón al pensar así.
Finalmente, concluimos de empacar todas nuestras cosas y nos dirigimos a la recepción para cancelar nuestra estadía y devolver las llaves de la habitación que ocupamos.
— Este lugar me hará falta — comenté, sintiendo un ligero tono de tristeza en mis palabras.
— Regresaremos algún día. Si eso es lo que deseas, lo haremos — respondió, esbozando una sonrisa que decidí corresponder.
Tomamos un taxi directamente hacia el aeropuerto.
Los boletos ya estaban comprados, y me sorprendió mucho el hecho de que Erick hubiera logrado organizar todo en cuestión de unas pocas horas.
Además, los boletos eran de primera clase, lo que añadía un toque especial a la aventura.
Como mencioné antes, no tengo un conocimiento profundo de él, pero eso no me lleva a querer alejarme.
Al contrario, a su lado, aunque sea un desconocido, me siento tranquila y en paz.
Luego de todo lo que he vivido, no cambiaría esa sensación de calma por nada del mundo.
****
El vuelo se sentía como si nunca fuera a terminar. Las horas se acumulaban interminablemente, y esa sensación me provocaba una creciente ansiedad.
En el camino, hicimos algunas paradas debido a complicaciones, o al menos eso fue lo que logré escuchar entre murmullos, y empecé a sentirme cada vez más irritada por la situación.
Erick, por su parte, no me soltaba la mano en ningún momento.
Era reconfortante, pero también un poco incómodo.
Incluso permitió que me recostara en su hombro, y, sin darme cuenta, terminé quedándome dormida en esa posición durante varias horas.
Cuando finalmente desperté, me sentí completamente avergonzada. Me había quedado dormida en un lugar tan público y, además, con Erick tan cerca.
Mi rostro se sonrojó de inmediato y noté que él se reía de mi situación, lo que solo contribuyó a incrementar mi molestia.
No podía evitar sentirme irritada por su actitud tan inmadura, lo que contrastaba con la intimidad del momento que acabábamos de compartir.
Cuando finalmente aterrizamos en Filipinas, me apresuré a salir del avión, y Erick hizo lo mismo.
Ambos teníamos un solo objetivo en mente: llegar al hotel y descansar como es debido, ya que, sinceramente, me sentía completamente agotada.
— ¡Por fin! pensé que no ibamos a llegar.
Ya estaba convencida de que no íbamos a llegar nunca, y si la situación se prolongaba un poco más, estaba a punto de saltar del avión para terminar con mi sufrimiento.
Erick estalló en carcajadas al escuchar mis palabras, pero al notar mi mirada de reproche, se quedó en silencio.
Desde ese momento, comenzó a disculparse en voz baja, casi susurrando, durante todo el trayecto hacia el hotel.
Todo esto me hacía gracia, no lo voy a negar, pero tampoco me gustaba que se riera de mi condición.
Aunque seamos claros, como me dijo una vez mi prima: El dolor ajeno no lo siente nadie, pero que se burlen y ya verán cómo lo van a sufrir.
— Ariana, ya llegamos al hotel — escuchar su voz me sacó de mis pensamientos y bajamos del auto.
No perdimos tiempo como lo hicimos en Brasil, eso sí que no.
Erick solicitó rápidamente la llave de la habitación y, una vez que la tuvo, nos dirigimos al ascensor.
Al llegar, entramos en la habitación. Opté por no prestarle atención en ese momento y me recosté en la cama para intentar dormir.
Apenas apoyé la cabeza en la almohada, la somnolencia comenzó a hacer efecto, aunque aún me mantenía consciente, lo que me permitió escuchar unas palabras que me sorprendieron.
— Eres realmente hermosa, Ariana. No puedo creer que estés aquí, a mi lado, y aún menos todo lo que me haces sentir — susurra con voz suave, acariciando mi rostro con una de sus manos, su toque es delicado como una brisa suave —. Has llegado a desestabilizar mi mundo por completo y a hacer que todo aquello que alguna vez prometí que ya no me importaría, ahora se desvanezca en el aire. Te quiero.
Deja un beso suave sobre mi mejilla y, después de ese dulce gesto, escucho sus pasos alejándose mientras sale de la habitación.
Me encontré reflexionando sobre esas palabras que me dijo.
A pesar de que mi mente se aferra principalmente a su declaración de que me quiere, hay un elemento que me perturba en todo lo que mencionó, y es esa frase en particular.
«Has llegado a desestabilizar mi mundo por completo y a hacer que todo aquello que alguna vez prometí que ya no me importaría, ahora se desvanezca en el aire»
¿Qué es lo que has jurado, Erick?
¿Acaso has sufrido la pérdida de alguien, como le ocurrió al Capitán?
¿O tal vez solamente son imaginaciones mías y todo esto se refiere a algo completamente distinto?
La verdad es que ya no sé en qué creer ni qué pensar.
Este misterio que rodea todo me perturba profundamente.
¿Cuándo podré, por fin, descubrir lo que oculta ese barco y las personas que lo habitan?
Deseo de todo corazón que sea pronto, porque, de lo contrario, temo que acabaré volviéndome loca.