Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 14
Alana se dirigió a Diana y le comentó: Amiga, no podremos salir esta noche. El señor Alejandro me acaba de informar que debemos irnos hoy a las diez, ya que mañana la reunión será muy temprano.
Diana, al escuchar esto, respondió: Bueno, amiga, todo sea por el trabajo. Esperemos que esto nos asegure el puesto fijo.
Alana asintió y dijo: Así es, amiga.
En ese momento, Diana, bajando un poco la mirada y con una actitud un tanto cómplice, le dijo a Alana: Oye, Cheo me ha comentado que está enamorado de ti. ¿Por qué no le das una oportunidad?
Alana, visiblemente sorprendida, exclamó: ¿Cheo enamorado de mí?
Diana asintió y agregó: Sí, lo tienes loco de amor.
Alana se quedó en silencio, sin saber muy bien qué responder ante esa revelación.
Diana: ¿Qué piensas al respecto?
Alana: No tengo mucho en mente, solo me sorprendió lo que acabas de decir, pero no sé si deba reflexionar sobre ello.
Diana: Amiga, quería contarte que desde hoy tengo novio.
Alana la miró con seriedad.
Diana: Sí, su nombre es Gustavo. Trabaja en el quinto piso y es increíblemente guapo. Me dijo que llevaba varios días observándome y que le gusto. Así que decidí darle una oportunidad a nuestra relación.
Alana: Eres un poco traviesa, ¿no crees que sería mejor que se conocieran mejor antes de dar ese paso?
Diana: No te preocupes, amiga, todo estará bien.
Alana: Bueno, vamos a casa. Ayúdame a empacar algunas cosas.
Diana le dijo a su amiga con entusiasmo: Claro, vamos. Ambas comenzaron a subir las escaleras del edificio hasta llegar al departamento de Alana. Una vez dentro, se dedicaron a organizar y empacar algunas cosas que necesitaban. Después de un rato de trabajo, Alana y Diana decidieron sentarse a conversar para relajarse un poco.
En medio de su charla, el teléfono de Alana comenzó a sonar. Al mirar la pantalla se dio cuenta de que era un número desconocido. Con curiosidad, contestó la llamada y dijo: Buenas tardes. Al otro lado de la línea, un hombre se presentó: Buenas tardes, Alana. Soy Alejandro.
Intrigada, Alana respondió: Señor, ¿necesita algo?. Alejandro, en un tono amable, le dijo: No, solo quería avisarte que pasaré por ti en la plaza a las 10 de la noche. Alana, aún un poco sorprendida, contestó: Ah, bueno, está bien. Gracias, estaré atenta. Antes de colgar, Alejandro simplemente dijo: ok y la llamada terminó.
Diana se despidió de Alana y se dirigió a su casa. Por su parte, Alana decidió prepararse algo para cenar mientras esperaba a que llegara la hora prevista.
Ya a las diez, Alejandro llegó a buscarla. Ella lo estaba esperando en la plaza y, al verlo, subió rápidamente al auto.
—Buenas noches, señor —saludó ella con amabilidad.
Alejandro le respondió de manera cordial mientras comenzaba a conducir. Luego, Alana, un poco preocupada, le dijo:
—Señor, ¿por qué nos vamos tan tarde? La última vez no volvimos a casa porque las calles estaban oscuras.
Alejandro, con una voz tranquila, le explicó:
—Sí, son oscuras, pero no tenemos alternativa. Debemos estar allí muy temprano.
Alana decidió no insistir más y, en su lugar, se dedicó a observar los lados del camino mientras continuaban su trayecto.
Después de un buen rato, Alana se quedó dormida. Alejandro estaba conversando con ella, y al notar que no respondía, se giró hacia ella y se dio cuenta de que estaba profundamente dormida. Sonrió al verla descansar y continuó conduciendo, robándole de vez en cuando miradas furtivas, pensando en lo hermosa que era.
De repente, el sonido de su teléfono interrumpió sus pensamientos, sacándolo de su ensueño. Al ver que era Yuly quien lo llamaba, decidió no contestar. Sin embargo, el teléfono siguió sonando insistentemente. Fue entonces cuando Alana, al despertarse y notar que el teléfono no dejaba de sonar, le dijo: señor, su teléfono.
Alejandro, sin apartar la mirada de la carretera, respondió: No quiero contestar, déjalo sonar.
Alana observó a Alejandro, que parecía concentrado en la carretera. Luego, dirigió su mirada hacia el camino y comentó: “Falta mucho para llegar”.
Alejandro la miró con una suave sonrisa y le respondió: “Falta poco. No puedo ir muy rápido por lo oscuro de la calle. Si quieres, puedes seguir durmiendo; te llamaré cuando lleguemos”.
Alana, sintiendo que el sueño se le había pasado, dijo: “No, tranquilo, ya se me pasó el sueño”.
Alejandro la miró de nuevo, esta vez con un gesto de comprensión.
Para ocupar su tiempo, Alana sacó su teléfono y empezó a ver videos en TikTok, buscando entretenimiento mientras continuaban el viaje.
El trayecto se prolongó más de lo esperado; viajaron de las 10 de la noche a la 1 de la madrugada. Debido a la falta de luz en las vías, Alejandro había tenido que ser cauteloso y no acelerar demasiado. Finalmente, al ver que ya habían llegado a su destino, Alejandro le dijo a Alana: “Hemos llegado”.
Alana, al notar que el lugar no era el mismo que habían visitado la vez anterior, se dirigió a Alejandro y comentó: Señor, este lugar es diferente.
Alejandro, con una sonrisa, le respondió: Aquí es donde nos quedaremos. Recuerda que es el fin de semana, así que pasaremos aquí el tiempo. Vamos.
Alana bajó del auto, tomó su maleta y siguió a Alejandro, quien la conducía hacia el interior del establecimiento. Maximus, su amigo, les había dejado a alguien encargado para que los recibiera y les indicara cuáles eran sus habitaciones.
En ese momento, un joven se acercó y les dijo: Buenas noches, señor Alejandro. Buenas noches, señorita. ¿Les gustaría que los guiara hasta su habitación para que puedan descansar?
Buenas noches, dijo Alana con una sonrisa.
Alejandro respondió: Buenas noches. Sí, por favor, indícanos el camino.
Teo los guió hacia las habitaciones, que estaban situadas una al lado de la otra. Les entregó las llaves y, con una breve despedida, se retiró.
Alana, sintiendo el cansancio del viaje, comentó: Bueno, señor, creo que iré a descansar un rato. Usted debería hacer lo mismo, ya que solo será un momento.
Alejandro asintió: Descansa, nos vemos aquí a las 7 de la mañana, ¿de acuerdo?
Está bien, que usted también descanse, respondió Alana con amabilidad.
Al entrar en su habitación, Alana se dio cuenta de lo acogedora y bonita que era. Con una sonrisa, dejó su maleta en un rincón y, sintiendo una gran fatiga, se dejó caer sobre la cama. Tenía muchísimo sueño y estaba lista para descansar.