Las vidas de Ömer, Irene, Gabriella y Ezequiel se cruzarán para desatar diferentes destinos. Amor, rencor, odio y remordimientos.
Entre ellos un hombre capaz de todo para dañar a quien odia con toda su alma.
Una historia llena de cambios y cruces inesperados.
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CAPITULO 23
...ÖMER...
Me quedé en mí oficina con dolor de cabeza, no puedo creer que no me dejara ver a Noe sino es bajo su vigilancia.
– ¿Mí amor? –Gabriella entra–. ¿Estás bien?
– Me duele un poco la cabeza –le digo–. Vino esa mujer y...
– Si, lo sé, me la cruce en el camino –se acerca a mí y me abraza–. Todo va a estar bien.
– Mmhhh... –suelto un suspiro–. Esto es lo que necesitaba, un abrazo tuyo así.
– Cada vez que necesites uno me avisas –me besa la mejilla–. Siempre estaré para ti.
– Y yo para ti –beso su cabeza y acaricio su vientre–. No quiero que te pongas mal, ¿de acuerdo?.
– No te preocupes, estoy bien –me mira–. ¿Que fue lo que te dijo?
– Muchas cosas –digo frustrado.
Les voy contando todo lo que me dijo Irene, tratando de no estresar a Gabriella, lo menos que quiero es hacerla sentir mal. Ella me escucha atentamente.
– Ömer, mí amor –toma mí mano–. Si para ver a tus hijas ellos tienen que estar creo que deberías aceptar.
– ¿Cómo es, amor? –digo frustrado–. Estarán sobre las niñas y sobre mí en todo momento.
– Pero esa en la única alternativa en este momento, mí vida –me mira–. Hasta que todo se pueda arreglar como se debe.
– ¿No te entradas? –le pregunto.
– No voy a negar que quizás me moleste en algún momento –me sonríe–. Pero son tus hijas y merecen verte igual que tu a ellas.
No puedo creer la bendición que tengo al tener a Gabriella cómo esposa, como el amor de mí vida. Dios me bendijo con ella, con mis hijos. No puedo ser más feliz.
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...GABRIELLA...
Después de salir de la empresa llamamos a Rick, Leila y Ahmed a la casa para hablar sobre lo que pasó.
– ¿¡Estás bromeando, Ömer!? –dice Rick enojado–. ¿Quieres traer aquí a las personas que te metieron en la cárcel por dos años?
– Es la única forma de ver a mis hijas –Ömer baja la mirada–. No quiero perder más tiempo de sus vidas.
– Entiendo eso, Ömer –dice Leila–. Pero... no son buenas personas.
– Chicos... no bajaremos la guardia ante ellos –digo segura–. Tampoco dejaré que Irene o Ezequiel se acerquen de más a mis hijos.
– Está bien –dice Rick–. ¿Quieres que estemos aquí?
– La verdad es que me gustaría eso –dice Ömer–. ¿Aceptarían?
– Claro que sí, hermano –dice Ahmed–. Estaremos aquí.
– Gracias a todos –dice aliviado.
Después de esa reunión Ömer llevo a los niños a dormir, yo me quedé lavando los platos. Luego de unos minutos siento las manos de Ömer en mí cintura y su mentón en mí hombro, acaricia mí vientre lentamente.
– Ha crecido un poco –dice tiernamente.
– Si, ha crecido. No veo la hora de tenerla –le sonrío–. ¿Te lo imaginas?.
– Me la imagino –besa mí cuello–. Una niña hermosa, con la sonrisa de su madre. Esa que me alegra siempre, me la imagino siendo como tu.
– Ömer... –me giro y lo beso–. Espero que tenga tu temperamento que sea noble y buena gente
– Con que sea como tu, es todo lo que quiero –me da un beso en la frente–. ¿Estás segura que quieres que vengan?
– Si, mí amor. No tengo problema –le digo–. Solo espero que Irene entienda una sola cosa...
–Mmhh... ¿Que es esa "cosa" que tiene que entender? –me pregunta.
– Que tu eres mío –lo beso–. Que tu eres mí macho.
Ömer me mira sorprendido y se echa a reír con ganas, me abraza más fuerte.
– ¿Tu macho? –se rie–. Claro que sí...
– ¿Te quedó claro? –lo miro seriamente–. Eres mío.
– Soy tuyo, todo tuyo –dice sonriendo divertido–. Soy tu macho.
Nos reímos juntos y Ömer me ayuda a limpiar.
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...IRENE...
Hablamos con Ezequiel sobre lo que Maddie hablo con Ömer, una cena en su casa. Me sorprendió que no se haya enojado ni nada por estilo, solo está... tranquilo.
– ¿Así que mañana? –pregunta tranquilo–. ¿En casa de Leviens?
– Si, arreglamos eso –dice Maddie–. Yo iré así les guste o no a quien sea.
– Eso ya lo tengo claro –dice Ezequiel–. E imagino que llevarás a Noe a escondidas haciendo que ella nos diga que se va a casa de una amiga.
– No, te equivocas –dice Maddie mirándolo–. No te tendría porque mentir, jamás sacan a Noe a ningún lado y yo soy mayor de edad
– Bien, ¿mañana? –se levanta–. Está bien, preparen todo y vamos para allá.
– ¿Así nada más? –pregunta Maddie–. ¿Sin líos?
– Así nada más... –nos mira–. ¿Que más puedo hacer?
Ezequiel se gira y se va sin decir nada más. Está actuando extraño, ¿que pasa por su cabeza? ¿que está pensando?.
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...ÖMER...
Después de llevar a los niños al jardín de infantes vamos a la empresa. Tenemos una importante reunión con un socio, él cual no me agrada, Alan Malcolm, al principio si lo hacía pero después lo noté demasiado interesado en mí mujer.
Aquí estamos de nuevo, en otra reunión tengo bien vigilado a ese idiota.
– Bien los planos parecen estar bien –digo mirando los planos–. No hay nada malo.
– Que bueno, Ömer –dice Alan–. Los diseñadores de mí empresa hicieron un buen trabajo.
– La verdad que si –Gabriella mira uno de ellos–. Felicitelos de nuestra parte.
– Lo haré, Gabriella –dice mirandola–. Pero... Deberías verlos, tu eres una de las mejores diseñadoras.
Mientras el idiota dice estás palabras, posa su mano sobre la de Gabriella en un gesto de "amistad", golpeó su mano con uno de los planos, enrrollado.
– ¡Saca la mano, Antonio! –digo después de golpearlo–. Que mamá está en la cocina.
– ¿Mamá? –pregunta confundido.
– Quiero decir que saques tus de manos de mi esposa –le digo molesto–. Con todo respeto claro.
– Ömer... –dice Gabriella–. Solo fue amable, mí amor.
– Claro... –digo–. Bien continuamos con la reunión, Antonio.
Cuando voy a mí oficina, Gabriella viene conmigo. Cuando entramos ella se cruza de brazos.
– ¿Tenías que tratarlo así? –me pregunta.
– ¿Que esperabas que hiciera? –le digo–. Ese tipo se te insinúa en la primera oportunidad.
– No hace eso, mí amor –se acerca a mí–. Me respeta.
– Respeto mis polainas –tomo su cintura en mis manos–. Que aprenda a controlar sus manos. Después de todo... soy tu macho.
– Claro, macho –nos reímos–. Te amo, Ömer.
– Yo también te amo, mí vida –le doy un beso–. Mucho, mucho.