Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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23
El Bosque Oscuro permanecía en un extraño silencio.
Las palabras de la anciana ninfa aún resonaban en la mente de Valery.
No dejaba de acariciar su vientre.
Todavía le costaba creer que una pequeña vida crecía dentro de ella.
Y mucho menos que aquella vida hubiera cambiado el destino de tres imperios.
De pronto...
Una fuerte opresión invadió su pecho.
Se detuvo en seco.
Llevó una mano hasta el corazón.
—Valek...
Susurró.
La angustia que sintió no era suya.
Era de él.
Mucho más intensa que cualquier otra vez.
Era desesperación.
Era furia.
Era dolor.
Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.
—Le ocurrió algo...
La pequeña ninfa se acercó inmediatamente.
—¿Qué sucede?
Valery cerró los ojos.
Sin saber por qué, llevó ambas manos hasta el lugar donde tantas veces Valek había apoyado las suyas.
—Por favor...
Susurró.
—Escúchame...
No sabía si realmente podía hacerlo.
Solo siguió hablando desde el corazón.
—Estoy bien...
No vengas lleno de odio...
Yo estoy bien...
No te preocupes por mí...
Te prometo que voy a proteger a nuestro bebé...
Y voy a volver contigo...
Durante unos segundos solo existió el silencio.
Entonces...
Muy lejos de allí...
Valek, que sostenía a Draven por el cuello, abrió lentamente los ojos.
Escuchó aquella voz.
No con sus oídos.
Sino dentro de su alma.
"Estoy bien..."
El emperador permaneció inmóvil.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Tonta...
Murmuró.
—También aprendiste a encontrarme.
Draven aprovechó aquel instante para intentar liberarse.
Demasiado tarde.
Valek volvió a mirarlo.
Ya no había duda alguna en sus ojos.
Solo decisión.
—Se terminó.
Con un solo movimiento, su espada atravesó completamente el pecho de su primo.
Draven abrió los ojos.
La sangre comenzó a escapar de sus labios.
—Im... imposible...
Valek retiró lentamente la espada.
El cuerpo del demonio cayó pesadamente sobre la tierra.
El último heredero de aquella rama maldita acababa de morir.
En el Bosque Oscuro...
La anciana ninfa levantó bruscamente la cabeza.
—Viene.
La pequeña ninfa sintió la misma presencia.
Era aquella mujer.
Más rápida que antes.
Más violenta.
Las ramas comenzaron a romperse.
Los árboles se inclinaron.
La asesina apareció frente a ellos con la espada cubierta por aquella energía negra.
Su mirada se clavó inmediatamente sobre Valery.
—Por fin.
La encontré.
Zafar desenvainó su espada.
La pequeña ninfa creó una barrera de raíces.
Pero la mujer simplemente sonrió.
—Quítense.
No vine por ustedes.
Solo por el bebé.
Valery abrazó instintivamente su vientre.
La anciana dio un paso al frente.
—No permitiré que la toques.
La mujer atacó.
Todo ocurrió demasiado rápido.
La espada atravesó el aire.
La anciana empujó a Valery hacia atrás.
Después...
Recibió el golpe con su propio cuerpo.
—¡Abuela!
Gritaron todas las ninfas al mismo tiempo.
La anciana cayó lentamente de rodillas.
La sangre comenzó a teñir su túnica.
Aun así...
Sonrió.
Miró directamente a Valery.
—No... se detenga...
Su respiración era cada vez más débil.
—Proteja...
Al pequeño...
Él...
Será...
Nuestra...
Esperanza...
Sus ojos se cerraron lentamente.
El bosque entero quedó en silencio.
La pequeña ninfa rompió en llanto.
Zafar sujetó inmediatamente a Valery.
—¡Tenemos que irnos!
—¡No!
—¡Emperatriz!
La tomó del brazo mientras la ninfa contenía a las demás hadas.
—¡Ella dio su vida para que usted escapara!
Valery lloraba mientras era obligada a alejarse.
Las últimas palabras de la anciana seguían resonando en su corazón.
Muy lejos de allí...
Valek levantó lentamente la cabeza.
La muerte de la anciana hizo temblar todo el vínculo que compartía con Valery.
Después...
Sintió el miedo de su esposa.
Fue suficiente.
El emperador desapareció.
Todo demonio que encontró en su camino murió antes siquiera de comprender qué ocurría.
Nadie pudo detenerlo.
La tierra quedó cubierta de cuerpos.
Ni soldados.
Ni monstruos.
Ni mercenarios.
Solo sangre.
Kael observó desde la distancia.
Jamás había visto al emperador pelear de aquella manera.
Parecía una fuerza de la naturaleza.
Imparable.
Valery y Zafar corrieron durante varios minutos.
Hasta que el bosque terminó abruptamente.
Frente a ellos apareció una enorme cascada.
El agua caía desde varios metros de altura formando un lago cristalino.
Valery apenas podía respirar.
Las lágrimas seguían cayendo por su rostro.
—Ella...
Murió por mi culpa...
Zafar negó con firmeza.
—Murió cumpliendo el juramento que hizo.
Un fuerte impacto resonó detrás de ellos.
La mujer había vuelto a encontrarlos.
Su espada seguía cubierta de sangre.
—Ya no tienen a nadie que los proteja.
Zafar dio un paso al frente.
—Mientras yo siga respirando...
No tocarás a la emperatriz.
La mujer soltó una risa.
—¿Todavía no entiendes?
No quiero matar a esa humana.
Solo acabar con lo que lleva dentro.
Ese bebé jamás debe nacer.
Porque si lo hace...
No existirá reino capaz de detenerlo.
Zafar atacó primero.
Las espadas chocaron con fuerza.
El combate comenzó junto a la cascada.
Mientras ambos peleaban...
Un rugido hizo temblar la tierra.
Un enorme troll apareció rompiendo varios árboles.
Sus ojos estaban completamente negros.
La criatura observó directamente a Valery.
Y comenzó a correr hacia ella.
Valery retrocedió instintivamente.
Protegió su vientre con ambas manos.
—No...
El troll levantó su gigantesco brazo dispuesto a aplastarla.
En ese mismo instante...
Dentro del vientre de Valery ocurrió algo.
Un pequeño latido.
Después otro.
Como si aquella diminuta vida hubiera reconocido una presencia conocida.
Muy lejos...
Valek, que atravesaba el bosque a toda velocidad, se detuvo de golpe.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
No era el vínculo con Valery.
Era diferente.
Más pequeño.
Más débil.
Pero increíblemente claro.
Una llamada.
Una llamada que nacía desde la misma sangre que compartían.
El emperador abrió lentamente los ojos.
Una emoción desconocida cruzó por su rostro.
—¿...Hijo?
Sin perder un segundo volvió a desaparecer.
Ahora ya no seguía únicamente el rastro de su esposa.
Era aquella pequeña vida, aún oculta en el vientre de Valery, la que lo estaba guiando directamente hacia ella.
Y por primera vez desde el inicio de aquella guerra...
Valek supo exactamente dónde encontrar a su familia.