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La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un contrato de sangre. Un matrimonio obligado. Un pecado imposible de ocultar.
Para su padre, ella es solo una pieza de ajedrez en un juego de poder. Para Arturo Rial, el hombre con el que debe casarse por obligación, ella es un frío contrato de negocios.
Pero todo cambia cuando aparece el hermano mayor de Arturo, un hombre que no conoce la palabra "no". Él no quiere un acuerdo; la quiere a ella. Entre los rincones oscuros de la mansión, él la marca, la reclama y la convierte en su mundo, desatando una obsesión que amenaza con destruirlo todo.
En este juego de traiciones, ella es la niña dulce que se convertirá en la caída del hombre más peligroso de la mafia.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23

La navaja automática en la mano de Arturo brilló bajo la luz mortecina de la biblioteca con un destello frío y letal. El dolor de sus costillas rotas pasaba a un segundo plano, eclipsado por la humillación, los celos y esa locura ácida que le carcomía las entrañas al ver a Isabella con su tableta entre las manos. Bella ya no tenía el aspecto de la niña sumisa que él pretendía dominar; llevaba la bata de seda oscura desalineada, los labios hinchados por los besos de Vincenzo y en su cuello se leía el nombre de su hermano escrito a base de marcas indelebles.

—Pensaste que podías jugar a ser la reina de esta mafia, ¿verdad, Isabella? —Arturo avanzó un paso, arrastrando los pies pero manteniendo el arma al frente. Su respiración era un silbido asmático debido al vendaje—. Eres una maldita moneda de cambio. Le diste mis códigos a Vincenzo, pero no vas a vivir para ver cómo se desangra en el puerto.

—El único que se está desangrando aquí eres tú, Arturo —respondió Bella, manteniendo la espalda recta contra el ventanal de madera. El miedo intentaba congelarle las piernas, pero el recuerdo de la fuerza de Vincenzo en su piel la noche anterior actuaba como un escudo—. Ya perdiste. Tu padre lo sabe, tus soldados lo saben. Eres solo un cobarde que necesita un cuchillo para sentirse hombre frente a una mujer.

—¡Cállate! —rugió Arturo, perdiendo el control.

Se abalanzó sobre ella con una velocidad desesperada. Isabella reaccionó por puro instinto de supervivencia; usó la pesada tableta táctica de Arturo como un escudo, lanzándola con fuerza directamente hacia el rostro de su agresor. El dispositivo impactó de lleno en la nariz de Arturo con un sonido seco, haciéndolo retroceder mientras un hilo de sangre brotaba de sus fosas nasales.

Sin embargo, el golpe no fue suficiente para detenerlo. Furioso, Arturo la agarró por las solapas de la bata de seda, empujándola con violencia contra la estantería de libros. El impacto hizo que varios tomos pesados cayeran al suelo, y la navaja automática rozó la mejilla de Bella, cortando un mechón de su cabello oscuro.

Mientras tanto, en el todoterreno negro mate que volaba a ciento sesenta kilómetros por hora por la autopista del este, la pantalla del tablero de Vincenzo parpadeó. La alerta perimetral de la biblioteca privada de la mansión se había encendido: Dispositivo Administrador Rial comprometido. Vincenzo clavó los ojos en el retrovisor, la mandíbula tan rígida que sus dientes parecieron crujir. Vargas acababa de confirmarle por radio que los datos enviados por Isabella habían llegado a tiempo, permitiendo a los hombres de "La Sombra" flanquear a los clanes del norte en el muelle. Pero el gigante no estaba pensando en las armas ni en el puerto. Estaba pensando en la biblioteca. Estaba pensando en su Bella a solas en esa ala de la casa con el animal herido que era su hermano menor.

—Vargas, quédate al frente de la aduana. Limpien el muelle —ordenó Vincenzo por el intercomunicador, su voz bajando a un tono tan gélido que helaba la sangre—. Yo regreso a la mansión. Hay una plaga en mi casa que debí aplastar hace mucho tiempo.

Vincenzo tiró del freno de mano, haciendo que el todoterreno derrapara en mitad de la carretera en un giro de ciento ochenta grados, dejando marcas de neumáticos quemados sobre el asfalto mientras ponía rumbo de vuelta al infierno de los Rial.

En la biblioteca, la resistencia de Isabella se agotaba. Arturo la tenía sujeta por el cuello, su mano apretando con una fuerza ruda que comenzaba a cortarle el oxígeno. La navaja temblaba a milímetros de su garganta.

—Voy a dejarle una marca a mi hermano que nunca se le va a borrar de la memoria —masulló Arturo, con los ojos desorbitados por la paranoia y la pérdida de sangre—. Le gustas tanto... vamos a ver si le sigues gustando cuando te devuelva en pedazos.

El estallido que siguió no provino de una bota contra la madera. Fue el sonido sordo y devastador de la cerradura de hierro de la biblioteca siendo arrancada de cuajo por un impacto de escopeta táctica. La puerta se abrió de par en par con una violencia divina, y la silueta masiva, ancha y grandota de Vincenzo se recortó contra la luz del pasillo.

No hubo advertencias. No hubo discursos.

Vincenzo avanzó los tres metros que lo separaban de ellos con la velocidad de un proyectil. Agarró a Arturo por la muñeca que sostenía la navaja y, con un giro brutal de su mano callosa, hizo cruzar el hueso en un chasquido seco. Arturo soltó un alarido de puro dolor mientras el arma blanca caía sobre la alfombra.

Sin darle tiempo a tocar el suelo, el hermano mayor lo levantó del esmoquin desaliñado y lo estrelló contra el gran escritorio de caoba, destruyendo los papeles y los tinteros que Arturo tanto cuidaba. Vincenzo se posicionó sobre él, hundiéndole el antebrazo en la garganta con una presión que le puso los ojos en blanco a su hermano menor en un segundo.

—Te di una oportunidad en la cabaña, Arturo. Te di una oportunidad frente a nuestro padre —gruñó Vincenzo, su voz ronca vibrando con un odio antiguo y letal. Sus ojos grises estaban completamente negros—. Pero fuiste a buscar a los del norte. Traicionaste a la familia y, lo peor de todo... pusiste tus malditas manos sucias sobre mi reina.

—Vincenzo... por favor... —alcanzó a ahogar Arturo, con la cara tornándose de un color azulado por la falta de aire, sus dedos arañando inútilmente los músculos de granito del antebrazo del gigante.

Isabella, recuperando el aliento apoyada contra el estante, miró a su esposo. Vio la ferocidad en sus hombros, la sed de sangre que emanaba de su cuerpo masivo, y supo que si Vincenzo ejercía un kilo más de presión, Arturo no saldría vivo de esa habitación. La sumisión hacia el monstruo que la protegía se mezcló con un destello de frialdad mafiosa que empezaba a heredar.

—Déjalo, Vincenzo —dijo Bella, su voz firme cortando el aire de la biblioteca—. No lo mates aquí. Tu padre viene hacia la mansión con los capos del consejo. Si muere en tus manos ahora, parecerá una pelea de hermanos. Deja que el consejo de la mafia lo juzgue por la traición del norte. Deja que vea cómo le quitas el apellido antes de que le quites la vida.

Vincenzo detuvo el movimiento de su brazo. Giró la cabeza lentamente hacia ella, evaluando las palabras de su esposa. Una sonrisa lobuna, cargada de una admiración oscura, se dibujó en sus facciones duras. Su Bella estaba aprendiendo rápido las reglas del trono.

El gigante soltó a Arturo, quien cayó sobre la mesa de caoba tosiento y buscando desesperadamente el aire, completamente destruido. Vincenzo se giró hacia ella, la tomó de la cintura con una delicadeza que contrastaba salvajemente con la brutalidad de los segundos anteriores, y la pegó a su pecho para revisar su rostro.

—¿Te lastimó? —preguntó, rozándole la mejilla donde el mechón de cabello había sido cortado.

—Estoy bien. Llegaste a tiempo, mi lobo —susurró ella, enredando sus manos en la cazadora de cuero de él.

Vincenzo la besó en la frente, un gesto posesivo y protector que selló la victoria de la mañana. Arturo estaba tirado en el suelo de su propia biblioteca, despojado de sus armas, de sus códigos y de su futuro. La guerra con los clanes del norte apenas comenzaba afuera, pero dentro de la mansión Rial, el nuevo régimen de Vincenzo e Isabella se había escrito con el color de la pólvora y el sabor de una traición que ya no tenía perdón

1
Maria Mongelos
Gracias querida escritora por estos capítulos 💕
Maria Mongelos
Y Arturo en que terminó, porque mientras siga vivo hay peligro
Maria Mongelos
Esta muy buena la historia 💕
Maria Mongelos
Bebé en camino en medio de esta guerra de poder, quieren lastimar a Bella porque es el punto débil de Vincenzo
Maria Mongelos
Pobre Arturo se quedó sin nada
Maria Mongelos
Isabella ya no es la sumisa de Arturo, es la mujer que necesita Vicenzo a su lado
Maria Mongelos
Arturo cree que puede vengarse de su hermano, no lo conoce bien, Vincenzo le va a dar su merecido
Maria Mongelos
Pobre Bella, donde fué a parar
Maria Mongelos
Está muy linda esta historia 💕
Nairobis Cardozo Portillo
Vicenzo ojos bien abiertos Arturo te entregó a los enemigos
Elisabeth Figueroa
👏👏👏👏👏👏/Smile//Smirk/
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Maria Mongelos
Esto está muy intenso
Maria Mongelos
Vicenzo es el heredero por derecho, esta reclamando algo que suyo
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Maria Mongelos
Vincenzo toma lo que quiere sin pedir permiso, en este caso la presa es Isabella
Maria Mongelos
Ya está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Isabela se metió en la boca del lobo y ese es Vincenso
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
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