milena es una princesa que luchara por el trono
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La grieta en el equilibrio
El aire había cambiado.
No de forma violenta… pero sí suficiente para que Milena lo notara. Como si algo invisible se hubiera movido en los cimientos del mundo.
Y ella sabía por qué.
Había tomado una decisión.
Una que no estaba dentro de las reglas.
Milena permanecía de pie, inmóvil, con la mirada fija en el horizonte. El eco de Darian ya no era tan débil como antes.
Seguía siendo inestable…
pero había crecido.
—Esto ya no es solo un rastro… —murmuró.
Era más.
Mucho más.
Cerró los ojos, concentrándose nuevamente. Esta vez, el flujo del equilibrio no era perfecto. Había pequeñas distorsiones… leves alteraciones en los destinos cercanos.
Nada caótico.
Aún.
Pero suficiente.
—Lo estoy afectando… —susurró.
Y eso lo cambiaba todo.
De pronto, una presencia apareció detrás de ella.
—Lo sabías.
Milena abrió los ojos.
No se giró de inmediato.
—Sí —respondió con calma.
El hombre encapuchado dio unos pasos a su lado.
—Entonces elegiste romper el equilibrio.
Milena negó levemente.
—Elegí no destruirlo.
—Es lo mismo —replicó él.
El silencio se tensó.
Milena finalmente lo miró.
—No —dijo con firmeza—. Es diferente.
El hombre la observó con detenimiento.
—Explícalo.
Milena sostuvo su mirada.
—Destruirlo sería fácil. Ignorarlo… también. Pero entenderlo… eso cambia las reglas.
El hombre guardó silencio unos segundos.
—Eso es lo que pensó Darian.
El nombre volvió a pesar.
—Y por eso está así —añadió él.
Milena apretó los puños.
—No. Está así porque algo falló.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Y crees que puedes arreglarlo?
Milena no dudó.
—Sí.
Esa respuesta cambió el ambiente.
—Entonces estás dispuesta a arriesgar todo —dijo él.
—Ya lo hice —respondió ella.
El viento sopló con más fuerza.
Y entonces…
la grieta apareció.
No en la tierra.
No en el cielo.
En el flujo.
Milena la sintió antes de verla.
Un quiebre.
Pequeño…
pero real.
Su expresión cambió.
—Eso no estaba ahí…
El hombre también lo notó.
—Ya comenzó.
Milena cerró los ojos, enfocándose en la grieta. Era como una ruptura en el tejido del destino… una fisura causada por una decisión imposible.
Por su decisión.
—No… esto no puede avanzar… —murmuró.
Pero la grieta respondió.
Se expandió apenas.
Lo suficiente.
Y entonces…
algo salió de ella.
Una sombra.
No humana.
No definida.
Pero viva.
Milena retrocedió un paso.
—¿Qué es eso…?
El hombre no respondió de inmediato.
Su expresión se tensó.
—Consecuencia.
La palabra cayó como un golpe.
La sombra se movió lentamente, como si estuviera despertando.
Como si buscara.
Milena apretó la mandíbula.
—Esto es por mi culpa…
—No completamente —dijo el hombre—. Pero sí lo aceleraste.
La sombra se detuvo.
Y entonces…
giró hacia ella.
Como si la reconociera.
Milena sintió una presión en el pecho.
—No…
El eco de Darian vibró dentro de ella.
Reaccionando.
Protegiendo.
La sombra dio un paso.
Milena levantó la mano instintivamente.
Y la energía respondió.
El equilibrio reaccionó.
La detuvo.
Pero no la destruyó.
La tensión llenó el aire.
—Si continúas… vendrán más —advirtió el hombre.
Milena no bajó la mano.
—Entonces los enfrentaré.
El hombre la miró fijamente.
—No puedes salvarlo… y salvar el mundo al mismo tiempo.
El silencio fue absoluto.
Milena sostuvo su mirada.
—Eso lo decidiré yo.
La grieta pulsó.
La sombra se desvaneció lentamente.
Pero no desapareció del todo.
Y en ese instante…
Milena entendió.
Esto ya no era solo una elección.
Era una guerra.
Entre el equilibrio…
y el amor.