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La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Época / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre el mar y el deceo

El amanecer los recibió con tonos dorados sobre el mar.

El avión aterrizó suavemente, y al bajar, el aire cálido y salado envolvió a Soleiny de inmediato. Era la primera vez que viajaba tan lejos… la primera vez que veía el mar.

Sus ojos lo buscaban todo.

Camilo la observó de reojo.

—Te acostumbrarás —dijo con una leve sonrisa.

El hotel era aún más impresionante de lo que imaginaba. No había habitaciones comunes: pequeños penthouses privados, perfectamente distribuidos, con vista directa al océano.

Lujo… en silencio.

Privacidad absoluta.

Sergio y su esposa llegaron con ellos, pero al recibir las llaves, tomaron caminos distintos.

—Nos veremos en la playa… si salimos —bromeó Sergio.

—Cuídate —respondió Camilo con media sonrisa.

Al entrar al penthouse, Sol apenas tuvo tiempo de mirar alrededor.

El cansancio la vencía.

Camilo, en cambio, fue directo al minibar. Sirvió un vaso con hielo y whisky, encendió música suave y se dejó caer en el sofá.

Sol caminó directo a la habitación.

El mareo del vuelo aún no desaparecía. Entró al baño, tomó una ducha rápida, envolvió su cuerpo en una toalla…

Y cayó rendida en la cama.

Se quedó dormida casi de inmediato.

Tocaron la puerta.

Camilo abrió.

—Señor, su equipaje. ¿Dónde lo dejamos?

—Pásenlo, por favor. Déjenlo cerca del mueble… gracias.

Entregó una propina.

—¿Desean el desayuno aquí o en el restaurante?

—Aquí. Algo ligero.

—En unos minutos estará listo.

Camilo asintió y cerró la puerta.

Se sentó nuevamente, observando el lugar.

—Una nueva vida… —murmuró.

Su teléfono vibró.

Era Sergio.

“Me quedaré hoy aquí. El viaje y el embarazo de Sonia no ayudan mucho.”

Camilo respondió:

“No te preocupes. Yo también tengo… planes importantes.”

Sonrió con picardía, mirando hacia la habitación.

Guardó el teléfono y tomó la maleta.

—Cariño, ya está aquí el equi… —se detuvo.

Soleiny dormía.

Envuelta apenas en la toalla.

Su respiración era tranquila.

Su rostro… completamente en paz.

Camilo se quedó inmóvil.

—Vaya… —susurró—. Esto se pone interesante.

La observó unos segundos más.

Luego soltó el aire lentamente.

—No… —murmuró—. Tendrá que esperar.

Se pasó la mano por el cabello.

—Creo que yo también necesito un baño frío…

El desayuno llegó poco después.

Sol despertó más tarde, aún débil.

—Lo siento… —dijo con voz baja—. Creo que el viaje me afectó.

Camilo, sorprendentemente paciente, respondió:

—Come algo. Hoy no haremos nada.

Y así fue.

Ese día transcurrió en calma. Comida ligera, descanso, conversaciones suaves. Camilo no insistió.

Algo en ella… le hacía detenerse.

Los días siguientes fueron tranquilos.

Caminatas por la playa.

Atardeceres en silencio.

Risas inesperadas.

Soleiny empezó a relajarse.

A disfrutar.

A ser ella misma.

Camilo la observaba cada vez más.

Y cada vez entendía menos.

No era como las demás.

No lo provocaba… pero lo atraía más.

No lo buscaba… pero lo desarmaba.

Pasó una semana.

Y la distancia… comenzaba a pesar.

Esa noche, el cielo estaba teñido de tonos naranjas y violetas.

Camilo canceló la cena.

Ya no podía ignorarlo más.

Entró al penthouse y la encontró en la sala.

Se acercó sin decir nada.

La tomó en brazos.

—Camilo… —susurró Sol, sorprendida.

—Ya no puedo esperar —respondió él con voz baja.

La llevó a la habitación.

El ambiente cambió.

No era juego.

No era impulso.

Era… inevitable.

La dejó suavemente sobre la cama.

Pero entonces…

Se detuvo.

Notó su expresión.

Su tensión.

—¿Qué pasa? —preguntó, frunciendo el ceño—. ¿Es tu primera vez?

Silencio.

Soleiny bajó la mirada.

—Sí…

Camilo retrocedió apenas.

Sorprendido.

—¿En serio…?—penso para si mismos, ¿que mujer es virgen a su edad?

La observó de nuevo.

Como si la viera por primera vez.

Algo en él cambió.

Respiró hondo.

Su tono se suavizó.

—Está bien…

Se acercó más despacio.

—No tienes que tener miedo.

Su mano rozó la de ella.

Esta vez, sin prisa.

Sin exigencia.

Sin presión.

Soleiny cerró los ojos.

Y por primera vez…

no se sintió en un acuerdo.

Ni en un contrato.

Sino en algo…

real.

La noche continuó en silencio.

Entre miradas.

Entre pausas.

Entre decisiones que ya no podían evitarse.

A la mañana siguiente…

El mar seguía allí.

Pero algo entre ellos…

había cambiado

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