Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
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Capítulo 13. Futuro sin espera.
Desperté temprano y comencé a empacar. Se suponía que iba a quedarme hasta tarde, sin embargo, después de lo que ocurrió ayer y de lo que escuché durante la noche, no quiero estar ni un segundo más en esta casa. El aire me resulta pesado, casi asfixiante. No quiero ver a Axel ni a Robert. Me da asco tan solo pensar que podría ser testigo de su maldita felicidad, de sus risas compartidas, de algo que yo nunca tuve y que, aun así, me empeñé en querer.
—Papá, ¿puedo entrar? —pregunté mientras golpeaba la puerta de su habitación.
A pesar de que ya no se ocupaba de la empresa, seguía manteniendo su rutina intacta, como si el paso del tiempo no lo tocara: siempre despertándose a las cinco y media de la mañana, puntual, disciplinado, inquebrantable.
—Sí, adelante —lo escuché responder del otro lado.
Cuando entré, ya se estaba colocando los mocasines cafés que tanto le gustaban, sentado al borde de la cama, con la espalda recta.
—¿Te caíste de la cama? —bromeó—. Ni siquiera los empleados se han despertado todavía.
—No, no me caí —respondí con una sonrisa leve.
Me acerqué a él y lo abracé sin pensarlo demasiado, como si el cuerpo actuara antes que la mente. A pesar de que siempre fue duro conmigo, jamás me negó su apoyo, incluso cuando yo no era lo que él esperaba, incluso cuando lo decepcioné una y otra vez.
—Papá… tengo que regresar a la ciudad.
—¿A esta hora? —preguntó de inmediato, con un matiz de preocupación en la voz. Me dio un par de palmadas en la espalda antes de separarnos—. ¿Ocurrió algo?
—Nada grave —mentí—, pero tengo que revisar algunas cosas y viajar a Manhattan… Papá, gracias.
Volví a abrazarlo, recordando aquella época lejana en la que llegué a su casa con apenas cinco años, sin entender nada del mundo, aferrándome a él como a un salvavidas, como a lo único seguro que tenía.
También me duele por él. En mi vida pasada me aferré tanto a un amor no correspondido que olvidé por completo a quien de verdad me quería. A pesar de no ser su hijo biológico, nunca me hizo a un lado. Nunca. En el pasado perdí su aprobación: por obligar a Robert a casarse conmigo, por haberlo drogado, por haberlo usado… y por haber utilizado, al principio, a mi propio hijo como una herramienta.
Por supuesto que ama más a Axel; él lleva su sangre. Pero fue mi propio odio el que me alejó de él. Tal vez no fue Axel del todo, sino yo mismo, quien se sintió amenazado, quien no se quiso lo suficiente como para sentirse digno. Fui yo quien se sintió menospreciado, aun cuando mi padre jamás lo hizo. Los demás sí… pero él no. Él me quería. Con todos mis defectos, con todos mis errores, me quería. Me quiere.
Y ahora… ahora no volveré a alejarme así. No volveré a odiarlo. No volveré a desperdiciar ese amor.
—¿Seguro que está todo bien? —preguntó, apartándose un poco.
Lo solté y me giré, limpiando rápidamente las lágrimas que amenazaban con traicionarme.
—Sí. Si ocurre algo, te lo diré.
Me observó con las cejas ligeramente arrugadas; por supuesto que no me creyó del todo, pero aun así asintió.
—Bien… me despides de Axel y de los demás.
—Está bien. Ve con cuidado —añadió con esa sonrisa que no supe apreciar lo suficiente en mi vida pasada.
—Sí… nos vemos. Te quiero.
Salí de la habitación con el pecho apretado y la garganta ardiendo.
Mierda. Estoy tan arrepentido que no me alcanzará esta vida para redimir todos mis errores.
Me dirigí hacia mi habitación con pasos firmes, intentando no pensar demasiado. Mi equipaje seguía ahí, intacto, tal como lo había dejado la noche anterior. Sin embargo, justo cuando estaba por entrar, la puerta de la habitación contigua —la que ocupaba Robert— se abrió de golpe.
Axel salió de ahí.
Iba descalzo, con el cabello ligeramente revuelto y vistiendo una de las camisas de Robert, demasiado grande para su cuerpo. La tela le caía de forma descuidada, como una burla silenciosa. No hizo falta que dijera nada; la escena hablaba por sí sola.
—No es lo que crees —se apresuró a decir, con el rostro ligeramente pálido, como si lo hubiera sorprendido cometiendo un delito.
Quise reírme. De verdad quise hacerlo. Sus explicaciones eran innecesarias, ridículas incluso. Sabía perfectamente que había dormido ahí. Los había escuchado conversar y reír la noche anterior, como si el mundo no existiera más allá de esa habitación.
—Axel, tengo que marcharme —dije con calma—. Fue un placer conocerte y espero volverte a ver pronto.
Forcé una sonrisa educada, amable. Mi garganta ardía por el asco que me producía decir aquello. Si dependiera de mí, no le dirigiría ni la mirada, pero todavía estaba en esa casa y debía mantener las apariencias hasta encontrarme a kilómetros de distancia.
—¿No dirás nada? —preguntó, dubitativo—. Pensé que ustedes dos…
—No —lo interrumpí, sin dureza, pero con firmeza—. No tengo nada que decir. No tienes que explicarme nada.
Me observó confundido, como si esperara un reclamo, una escena, algún tipo de explosión emocional. Tal vez eso habría obtenido de mí en otras circunstancias.
Admito que, en otro momento, lo habría tomado del cabello y limpiado el suelo con él. Pero ahora, con las ideas más claras y habiendo tomado la decisión de alejarme, ya no me importaba lo que hicieran con sus vidas. No eran asunto mío. No más.
—Gracias —sonrió. Parecía sincero, demasiado incluso, aunque no confiaba en él tan fácilmente—. ¿Quieres que te ayude con el equipaje?
—No hace falta —respondí mientras abría la puerta de mi habitación—. Papá no tardará en salir de su recámara. Será mejor que vayas a la tuya si no quieres darle explicaciones.
Le guiñé un ojo, como si aquello fuera una simple cortesía. Axel asintió, algo incómodo, y se dio media vuelta antes de murmurar un último agradecimiento.
Cerré la puerta tras de mí y tomé mis dos maletas. Bajé las escaleras en silencio y salí de la mansión sin mirar atrás. No había nadie alrededor. Cargué el equipaje en el auto y, una vez dentro, arranqué sin pensarlo dos veces.
Me alejé conduciendo, dejando esa casa atrás, consciente de que aún tenía muchas cosas que arreglar. Y, sobre todo, una prioridad que no podía seguir postergando: confirmar si estaba esperando un hijo… y encontrar un médico en quien pudiera confiar.
El resto podía esperar. Mi futuro no.
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard