A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.
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Capítulo 17: El silencio también duele
La culpa no hacía ruido, pero pesaba.
Era una presencia constante, como un nudo apretado en el pecho que no se aflojaba ni cuando sonreía.
Alejandro estaba ahí, físicamente cerca, pero emocionalmente cada vez más lejos. Yo lo sentía en los gestos pequeños: en los mensajes que tardaban más, en los “llego cansado” que ya no venían acompañados de un “te extraño”, en los besos rápidos que parecían cumplir una rutina.
Esa mañana, mientras me arreglaba para ir al hospital, él estaba sentado en la cama, revisando el celular.
Alejandro: Hoy voy a llegar tarde otra vez.
Melani: Está bien…
Mi voz sonó más baja de lo normal.
Alejandro: ¿Todo bien?
Melani: Sí… solo un poco cansada.
Mentí.
Pero ya mentir se me había vuelto una costumbre.
En el hospital, Natali me observaba con esa mirada que solo usan las personas que te conocen de verdad.
Natali: No has comido nada.
Melani: No tengo hambre nat.
Natali: Mel… no puedes seguir así.
Karen se acercó y me tomó la mano.
Karen: ¿Te sientes peor?
Melani: No… solo estoy pensando demasiado.
Natali suspiró.
Natali: ¿Y Alejandro?
Melani: Cada día más distante.
Karen frunció el ceño.
Karen: Eso no ayuda en nada la verdad.
Melani: Lo sé… pero tampoco puedo decirle nada todavía, no aún karen.
Sentí el miedo subir otra vez, espeso, paralizante no sabía cómo controlame.
Melani: Tengo terror de que me mire diferente cuando se entere… o peor, que deje de mirarme.
Ninguna respondió de inmediato. A veces el silencio es la única respuesta honesta.
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Esa noche, Alejandro llegó cerca de las once. Entró al cuarto sin hacer ruido.
Alejandro: ¿Amor estabas dormida?
Melani: No… te estaba esperando.
Se sentó a mi lado, pero no me abrazó de inmediato.
Alejandro: Últimamente estás rara mor.
Melani: Tú también, ale.
Me miró, sorprendido.
Alejandro: ¿Yo?
Melani: Sí Ale, tú… como si ya no estuvieras aquí del todo.
Se pasó la mano por el rostro.
Alejandro: No es eso, mor… solo tengo muchas cosas en la cabeza.
Quise decirle que yo también.
Que tenía un secreto latiendo dentro de mí.
Que me sentía culpable por no poder compartirlo con el.
Pero me quedé callada.
Melani: Entiendo… O haré el intento de entenderte..
Se recostó a mi lado, dejando un espacio mínimo entre los dos. Antes, ese espacio no existía.
Apagué la luz y me giré de lado, dándole la espalda, con cuidado, como si incluso mi cuerpo tuviera miedo de delatarme.
Pensé en todo lo que estaba en juego.
En lo que éramos.
En lo que ya no éramos.
Y en lo que yo era ahora, sola con una verdad demasiado grande.
Alejandro rompió el silencio.
Alejandro: Mel…
Melani: ¿Sí?
Alejandro: Perdón si te hago sentir lejos.
Cerré los ojos, conteniendo las lágrimas.
Melani: No te preocupes… ya se me pasará.
Pero sabía que no.
Porque algunas cosas no se pasan.
Se enfrentan… o se arrastran en silencio.
Y yo, por ahora, solo sabía hacer lo segundo. No tenía el valor de enfrentar ese gran secreto...