Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 14: Sombras dentro del palacio
Takumi comenzó a notarlo al tercer día.
No fue algo evidente. No hubo amenazas abiertas ni miradas descaradamente hostiles. Fue algo más sutil, más peligroso: informes que llegaban incompletos, solicitudes que se retrasaban sin explicación, reuniones canceladas a último momento.
El palacio seguía siendo hermoso.
Pero ya no era transparente.
Takumi estaba sentado frente a su escritorio, revisando por tercera vez un informe de distribución de recursos. Las cifras no cuadraban.
—Esto no es un error —murmuró—. Es intencional.
Hikaru, de pie a un costado, no apartó la vista de la puerta.
—No es la primera vez que ocurre —respondió—. Desde que se anunciaron las medidas sociales, varios funcionarios han cambiado de actitud.
Takumi cerró los ojos un segundo.
—Están intentando desgastarme.
—O provocar que cometas un error —añadió Hikaru.
Takumi apoyó los codos en la mesa.
—En el libro… —se detuvo—. En lo que recuerdo, esto era justo antes de que todo se derrumbara.
Hikaru lo miró con atención.
—¿Todo?
Takumi dudó, pero no retrocedió.
—El reino. La confianza. Las vidas.
No explicó más. Hikaru no preguntó.
Esa noche, Takumi insistió en salir nuevamente a los barrios exteriores. No para anunciar nada. Solo para cumplir lo prometido.
—No es prudente —dijo Hikaru—. Si hay un complot, este sería el momento ideal.
—Precisamente por eso no puedo esconderme —respondió Takumi—. Si cedo ahora, ganan.
Hikaru no estuvo de acuerdo.
Pero lo acompañó.
El recorrido fue tranquilo al principio. Demasiado.
Takumi habló con artesanos, escuchó a un grupo de mujeres organizarse para un comedor comunitario, revisó la construcción de un pequeño centro de atención. Todo parecía avanzar… hasta que un grito cortó el aire.
—¡Príncipe!
El sonido de un objeto al caer.
Un movimiento brusco.
Hikaru reaccionó antes de pensar.
Empujó a Takumi hacia atrás, interponiéndose con el cuerpo mientras desenvainaba la espada. El objeto golpeó el suelo a centímetros de ellos: una piedra envuelta en tela.
Dentro, un mensaje.
Vuelve a tu lugar.
El silencio fue absoluto.
Los guardias rodearon la zona. Nadie parecía saber quién había lanzado el objeto. Demasiado limpio. Demasiado calculado.
Takumi sintió un frío recorrerle la espalda.
No era un ataque al azar.
Era una advertencia.
De regreso al palacio, el carruaje avanzó en completo silencio.
Takumi no hablaba. No cantaba. No miraba por la ventana.
Cuando llegaron a sus aposentos, pidió que nadie más entrara.
—Capitán Valen —dijo—. Quédate.
Hikaru asintió.
Takumi caminó hasta la ventana… y se detuvo.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Esto ya pasó —susurró—. Exactamente así empezó.
Hikaru se acercó un paso.
—Mírame —dijo con voz firme.
Takumi negó con la cabeza.
—En la historia que conozco… después de esto yo reaccioné mal. Me volví desconfiado. Cruel. Perdí a todos.
Su respiración se volvió irregular.
—Y tú… —añadió—. Tú mueres.
El silencio cayó como un golpe.
Hikaru no se movió.
—No soy un personaje de un libro —dijo finalmente—. Y tú tampoco.
Takumi soltó una risa rota.
—Eso no lo sabes.
—Sí lo sé —respondió Hikaru, dando otro paso—. Porque ahora mismo no estás huyendo. Estás enfrentándolo.
Takumi apretó los ojos.
—Tengo miedo —admitió por primera vez—. No de perder el trono… sino de perder a las personas que estoy intentando proteger.
Hikaru no lo tocó.
Pero se quedó.
—El miedo no te hace débil —dijo—. Te hace cuidadoso. Y eso es exactamente lo que necesitan tus enemigos.
Takumi inhaló con dificultad… y poco a poco se calmó.
—Entonces no me dejes solo —murmuró.
Hikaru sostuvo su mirada.
—No pienso hacerlo.
Afuera, el palacio dormía bajo una calma engañosa.
Dentro, el complot ya estaba en marcha.
Y por primera vez, Takumi no estaba dispuesto a enfrentarlo solo.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰