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UN AMOR PROHIBIDO PARA MÍ..

UN AMOR PROHIBIDO PARA MÍ..

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Amor prohibido / Diferencia de edad
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: M. Valen

A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.

NovelToon tiene autorización de M. Valen para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El silencio que se sostiene por amor

Los días siguientes no fueron fáciles, pero tampoco fueron una ruptura.

Fueron algo peor: una calma frágil, de esas que sabes que pueden romperse con solo decir una palabra de más.

Alejandro empezó a cambiar sin darse cuenta. O quizás sí se dio cuenta y decidió hacerlo igual. Ya no era tan distante, ya no se refugiaba tanto en el cansancio ni en el trabajo para evitar mirarme. Volvió a buscarme con pequeños gestos, con caricias suaves, con silencios compartidos que antes parecían imposibles.

Pero yo seguía cargando algo que no podía decir.

Y mis amigas… mis amigas lo sabían.

...****************...

Esa mañana en el hospital, mientras me colocaba la bata y me amarraba el cabello, sentía el peso de sus miradas incluso antes de que hablaran. Natali fue la primera en acercarse. Karen estaba un poco más atrás, cruzada de brazos, observándome.

Natali:

—¿Cómo estás hoy?

Melani:

—Bien… creo.

Karen soltó una risa seca.

Karen:

—Siempre “bien”, ¿no?

No respondí. No tenía fuerzas para discutir.

Natali:

—¿Hablaste con él?

Melani:

—Sí.

Karen:

—¿Y?

Melani:

—Está más tranquilo.

Karen:

—¿Y tú?

Me quedé en silencio.

Natali me tomó del brazo con suavidad.

Natali:

—Mel, no te estamos juzgando.

—Pero tampoco podemos fingir que todo está normal.

Melani:

—No lo está.

Karen:

—Entonces, ¿por qué sigues callando?

Respiré hondo.

Melani:

—Porque no es el momento.

Karen:

—¿Y cuándo va a serlo?

No supe qué responder.

Natali:

—Karen…

Karen:

—No, Nat.

—Yo la quiero, pero también me duele verla así.

Melani:

—A mí también me duele.

Las tres nos quedamos en silencio unos segundos.

Natali:

—No nos vamos a alejar de ti.

—Pero tampoco vamos a aplaudir esto.

Karen:

—Solo prométenos algo.

Melani:

—¿Qué cosa?

Karen:

—Que no te vas a perder en el intento de proteger a todos menos a ti.

Asentí, aunque no estaba segura de poder cumplirlo.

Ese día fue largo. Las pasantías se me hicieron eternas. Me dolía la espalda, me dolía la cabeza, me dolía el pecho… pero seguí. Siempre seguía.

...****************...

Cuando regresé a la casa, Alejandro ya estaba allí. Lo supe por su risa desde la cocina. Estaba hablando con su mamá. Algo que antes no hacía tan seguido.

Entré despacio. Él me vio de inmediato.

Alejandro:

—Mor.

Sonrió. Una sonrisa real.

Melani:

—Hola.

Se acercó y me dio un beso en la frente, sin miedo, sin esconderse.

Alejandro:

—¿Cómo te fue?

Melani:

—Pesado… pero bien.

Alejandro:

—Ven, siéntate.

—Ya casi está la comida.

Me senté. Lo observé moverse por la cocina. Había algo distinto en él. Menos tensión en los hombros. Menos silencio defensivo.

Su mamá nos miró un momento, luego se fue.

Alejandro se sentó frente a mí.

Alejandro:

—He estado pensando.

Mi cuerpo se puso alerta.

Melani:

—¿En qué?

Alejandro:

—En nosotros.

Tragué saliva.

Alejandro:

—No quiero seguir así, Mel.

—Distante, raro, como si todo fuera frágil.

Melani:

—Nada es frágil si se cuida.

Alejandro:

—Entonces quiero cuidarte mejor.

Me tomó la mano.

Alejandro:

—No sé qué fue lo que pasó contigo esos días…

—pero quiero estar más presente.

Melani:

—Ale…

Alejandro:

—Déjame terminar.

Asentí.

Alejandro:

—No voy a presionarte.

—No voy a exigir respuestas que no quieras dar.

—Pero sí quiero demostrarte que estoy aquí.

Sentí un nudo en la garganta.

Melani:

—Gracias.

Alejandro:

—No me agradezcas.

—Es lo mínimo.

Esa noche dormimos juntos, con cuidado, esperando que todos se durmieran. Cuando se metió en la cama conmigo, su abrazo fue distinto. Más protector. Más consciente.

Alejandro:

—Ven acá.

Melani:

—¿Así?

Alejandro:

—Así está bien.

Me besó el cabello.

Alejandro:

—¿Te duele algo?

Melani:

—Un poco la cabeza.

Alejandro:

—Mañana te compro las pastillas.

Melani:

—No hace falta.

Alejandro:

—Sí hace.

Sonreí apenas.

...****************...

En la madrugada desperté con náuseas leves. Me levanté con cuidado para no despertarlo y fui al baño. Me miré al espejo. Ojos cansados. Rostro pálido. Una mujer sosteniendo más de lo que parecía.

Cuando volví a la cama, Alejandro se movió.

Alejandro:

—¿Todo bien?

Melani:

—Sí… solo fui al baño.

Me jaló hacia él sin abrir los ojos.

Alejandro:

—Vuelve.

Volví.

...----------------...

...----------------...

...----------------...

Los días siguientes siguieron esa misma línea. Alejandro más atento. Más cercano. Menos distante. Me llevaba dulces, me preguntaba si había comido, me esperaba despierto algunas noches solo para abrazarme.

Mis amigas seguían allí, pero diferentes.

Natali me escribía todos los días.

Natali:

—¿Cómo estás hoy?

Melani:

—Sobreviviendo.

Natali:

—Eso no es vivir, Mel.

Karen era más directa cuando nos veíamos.

Karen:

—No quiero que te rompas.

Melani:

—Yo tampoco.

Karen:

—Entonces piensa en ti.

Melani:

—Lo intento.

...****************...

Una tarde, mientras estaba sentada con Alejandro viendo televisión, apoyé la cabeza en su hombro. Él me acariciaba el brazo distraído.

Alejandro:

—¿Sabes qué pensé hoy?

Melani:

—¿Qué cosa?

Alejandro:

—Que tal vez no supe leer bien todo lo que te pasaba.

—Y me alejé cuando debí acercarme.

Melani:

—A veces el miedo hace eso.

Alejandro:

—No quiero volver a hacerlo.

Melani:

—Entonces no lo hagas.

Me besó la sien.

Alejandro:

—Prometido.

Yo cerré los ojos, sabiendo que había promesas que no dependían solo de él.

Esa noche, mientras él dormía profundamente, volví a quedarme despierta. Mi mano descansó sobre mi abdomen casi sin darme cuenta. No era un gesto consciente. Era instinto.

(Algo así, Pero acostada de lado)

Pensé en todo lo que estaba sosteniendo:

—El amor de Alejandro.

—La preocupación de mis amigas.

—La mirada vigilante de su mamá.

—Mi propio miedo.

Y aun así, seguía allí.

No porque fuera débil.

Sino porque amar, a veces, también es resistir.

Y aunque Alejandro empezaba a volver a mí, aunque sus brazos ya no se sentían lejanos, yo sabía que la verdad seguía esperando su momento.

No para destruirlo todo.

Sino para cambiarlo para siempre.

1
Beatriz Norma Gauna
Que paso esta historia quedó inconclusa o Terminó así sin final
Mel. Valentina: aún no termina jjjjj solo que tengo exámenes lo siento ya actualizo denme unos momentos... siento que enloquecere jjjj
total 1 replies
Beatriz Norma Gauna
Buenísimo hasta ahora me encantó
Beatriz Norma Gauna
Creo que tiene que decirle que está embarazada Ya es demasiado tiempo ocultando lo y haciendo se la cabeza.
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