Segunda parte de mi novela.
Suturada de trabajo, Sazshen decide traer a la segunda de sus Ayudantes, la increíblemente capaz, pero propensa a sufrir ataques de pánico, Seniatta Nurej, en paralelo, tras fracasar dos veces, el culto apenas parece verse afectado por las perdidas y sigue actuando bajo las sombras.
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Capitulo 23
Sentada en un pequeño rincón entre dos edificios, la figura encapuchada tenía a su lado un montón de diferentes comidas que había estado comprando alrededor del mercado.
Observando que desde su lugar detrás de varias cajas vacías, era difícil verla si pasabas rápido frente al callejón, ella se quitó la capucha y la capa por completo.
Sentada en el callejón, había un esqueleto, y sin la capa, carecía de cualquier vestimenta o protección. Por lo pequeño de la mandíbula, y lo pronunciado del hueso de la pelvis, para un conocedor no le sería difícil estimar que era el esqueleto de una mujer, sin embargo, en medio de sus costillas, una llama azul ardía de una manera antinatural.
Tomando un pincho de carne del plato que tenía a su lado, la esqueleto lo colocó dentro de las llamas que ardían en su pecho, que por un momento aumentaron su intensidad, para un segundo después dejar caer el pincho de madera sin el menor ápice de carne.
Llevando ambas manos al lugar donde deberían estar sus mejillas, la esqueleto se mostró eufórica, a la vez que sacudía las piernas de arriba a abajo.
– ahh, que rica está…
Soltó con una voz que tenía un eco sobrenatural, que en lugar de provenir de su garganta, salía de la llama azulada.
Con ese particular método para comer, la comida abandonaba los platos a una gran velocidad, los líquidos eran un poco más difíciles de consumir, pero si colocaba la boquilla en medio de su llama antes de verter el líquido, podía beber sin derramar nada, ya que cualquier alimento que toque su llama era procesado en una fracción de segundo, pero si el objeto en cuestión no era comida, estos simplemente caían sin mostrar señal alguna de que pudieron haberse quemado.
Una vez terminado su precario almuerzo, la esqueleto noto que sus dedos habían quedado grasientos por la comida, pero antes de intentar limpiarse en su capa, metio las manos en su llama, y después de sentir un escalofrío que recorrió todos sus huesos, al sacar su mano, estaba perfectamente limpia.
Satisfecha, volvió a vestirse, no sin antes dar una mirada a su "cuerpo" y preguntarse porque no sentía nada por estar completamente desnuda en la calle.
¿Se había vuelto una especie de exibicibicionista? Antes de ser una esqueleto, iba por ahí en algo que era poco más que ropa interior, y tampoco le daba demasiada importancia cuando en su mundo original se habría muerto de vergüenza el salir medio desnuda al exterior. Sin embargo, ahora podía ir por ahí sin nada debajo de la gran capa que usaba para cubrirse del sol, y apenas hasta ahora, había caído en cuenta de su desnudez.
– da igual…
Terminó por decir, y salió del callejón buscando cualquier tienda de libros. Siendo una ciudad tan grande, orientada en el comercio, Golimery había demostrado tener muchas, si bien no librerías, pequeñas tiendas de artículos generales donde había visto alguno que otro libro, sin embargo, todavía no había visto ninguna que vendiera los libros de la Rosa negra.
Debo encontrarlos hoy…
Se dijo mientras continuaba su búsqueda, su siguiente destino, era visitar una pequeña ciudad portuaria, en la cuál había comprado parte de una empresa marítima. Y al ser una ciudad mucho más pequeña que Golimery, se le hacía imposible que hubieran librerías con mejor selección.
Yendo de aquí y por allá, revisando cada escaparate para no perderse nada por error, la que actualmente era un esqueleto sin nombre, no dejaba de sorprenderse de lo adelantado que estaba el mundo en algunas cosas, y lo atrasado que estaba en otras.
Llegando frente a un gran tablón de lo que creyó que eran anuncios generales, al ver que era incapaz de leer, se preguntó si sus lentes funcionan ahora que era un esqueleto, por lo que había podido ver, si bien su voz salía de la llama en su pecho, su línea de visión, si buen estaba en su cabeza, está no salía de las cuencas vacías de sus ojos, si no de una especie de ojo invisible a la altura de frente, sin embargo, mientras pensaba qué hacer, una chica de unos 13-14 años se acercó a ella, y se ofreció a leer los anuncios por 2 monedas de cobre durante 10 minutos.
Mirando a su alrededor, se dio cuenta que aquella chica no parecía ser la única con dicho trabajo, podía ver varias personas que leían en voz alta a otra o un pequeño grupo, y dándole una moneda de plata de las que todavía tenía un montón, le pidió que leyera para ella al mismo tiempo que le respondiera algunas preguntas.
Los anuncios en el gran tablón eran variados y de todo tipo de índoles, algunos hacían solicitud de trabajadores, ya sea para empleos de un día, una semana o un mes, otras eran solicitudes de las boticas locales, donde indican que siempre estaba comprando hierbas medicinales, y partes específicas de monstruos, algunos eran tiendas anunciando sus ofertas, otros, clasificados más personales donde anunciaban las fechas de reuniones de grupos como "el club de amantes del té" "la asociación de vecinos" o "la logia de los gorros grises".
Observando aquel inmenso cartel de casi 5 metros de largo por 2 de alto, y que había casi un centenar de personas a su alrededor rebuscando entre los anuncios, o colgando propios, una vez más, la esqueleto sin nombre no entendía cómo funcionaba el mundo.
El papel parecía ser relativamente barato, y al existir editoriales, era obvio que ya existía la imprenta y la literatura por ocio, pero aún con todo, y si bien la palabra escrita tenía un papel bien ganado en ese mundo, la alfabetización era bastante baja, ya que como le había preguntado a Charlotte con anterioridad, menos de una tercera parte de la población sabía leer y escribir.
Sin embargo, para solventar ese problema, existían los "lectores" gente a la que podías pagar para que leyera por ti, o para que escribiera lo que tú les decías. Según la amable chica a la que había contratado, incluso podías pagar personas para que te acompañen a la biblioteca para que leyeran los libros por ti, cosa que de hecho era su trabajo real.
Como era obvio, era necesario una mayor alfabeto para leer un libro, que para leer un simple anuncio clasificado que había sido pensado para ser simple y conciso, por ende, mientras se pagaba 2 monedas de cobre por 10 minutos de lectura en el tablón de anuncios, el mismo trabajo en la biblioteca, se pagaba 3 cedros de plata por una hora, pero como extra para el “lector” también tenías que buscar el libro que quería tu cliente, ser creativa y hasta un poco eufórica cuando se tenía que narrar una historia de aventuras o sobrio drama, y ayudar a los bibliotecarios a mantener el orden y preservar los libros, y aunque era un trabajo relativamente sencillo, pese a lo que pudiera parecer, tenía una demanda bastante buena, ya que en un buen día, podia regresar a casa con 12 o hasta 15 monedas de plata. Lugar donde tenía 4 hermanos menores, y una madre víctima de una enfermedad crónica que le hacía imposible mantener un trabajo por mucho tiempo.
Sin embargo, como una persona había estado acaparando la biblioteca para ella sola, ella y sus compañeros "lectores de la biblioteca", se habían quedado sin trabajo, y se habían visto obligados a tener que trabajar junto a los tablones de anuncios, donde no solo las ganancias eran peores, si no que además, causaban molestias a los "lectores de tablón" saturando su mercado, y haciendo que la competencia haya sido bastante dura.
Arrodillándose y pidiendo perdón, la esqueleto sin nombre le ofreció a la chica el resto de su bolsa de monedas de plata por las molestias que le había causado, cosa que la chica rechazó con vehemencia al ser incapaz de entender a lo que se refería su cliente.
Según le había dicho un compañero, la llamada "santa" finalmente había dejado la biblioteca y a partir de mañana podrían volver a su antiguo puesto, además, el bibliotecario jefe había dado la noticia que tenía pensado abrir un par salas de lectura más, al mismo tiempo que traer muchos nuevos títulos gracias a las donaciones que habían recibido, y si a eso le sumaban que tanto ella como su familia habían cambiado de domicilio a un de los "departamentos" que la "santa" rentaba, que era mucho más barato y espacioso que el que tenían antes, le era imposible estar molesta con ella, lo de que "perder su trabajo" era un pequeño revés temporal, y tampoco esperaba ganar mucho este último par de semanas con tanta gente ocupada con la llegada del pontífice.
Suspirando aliviada, debido a que al menos ella no tenía la culpa de la visita del Papa, la esqueleto sin nombre pudo sentirse un poco menos culpable, y después de despedirse de la chica, no sin antes pregúntale por la tiendas de libros más grandes que conocía, una vez más, se sintió confundida.
No terminaba de entender a la gente de ese mundo, y había llegado a la conclusión de que si no aprendían a leer, era en parte porque no querían, cosa que era demasiado extraña, ya que preferían gastar dinero para que alguien lea por ellos.
Con la mente llena de esta y de muchas más ideas, la esqueleto sin nombre seguía recorriendo las calles, gozando de cierto anonimato que nunca podría tener cuando era Sazshen. Actualmente, su cuerpo "real" estaba en su habitación del hotel con los ojos cerrados fingiendo meditar, mientras su conciencia estaba en este Avatar creado con el objeto "Marioneta de huesos" un artículo que según su calidad, creaba un personaje secundario, que los jugadores de alto nivel, podían usar para acceder a zonas que eran exclusivas para jugadores de nivel menor, o para probar una clase diferente a la que ya tenían.
Actualmente, y solo porque quería poder hacer pruebas de cómo funcionan los artículos de nivel máximo, se había creado una Arcanista de nivel 100. Los Arcanista, al ser una clase híbrida entre muchas cosas, eran capaces de usar la inmensa mayoría de armas y armaduras, y si bien no era de las clases favoritas de los jugadores, debido a que no se podía especializar en nada en concreto, era muy valorada por un ese pequeño sector que era adicto al Coliseo y a los combates jugador contra jugador, ya que su inmenso abanico de opciones los hacía impredecibles, y era casi imposible encontrar a dos Arcanistas con la misma estrategia o la misma configuración de equipo.
Es por eso, que llevando un Avatar de esqueleto sin nombre, recorrió las calles en dirección a la librería que le habían recomendado, una vez más, ella no pudo preguntar por lo libros de la rosa negra, su interlocutora era muy joven para leer o siquiera conocer libros así de fuertes, a si que asumió que no sabía nada, y se limitó a preguntar por grandes tiendas de libros.
Llegando a la calle que le habían dicho, a lo lejos, pudo distinguir un escaparate bastante grande con muchos libros en exposición, pensando que su búsqueda finalmente había dado resultado, detrás de ella, escuchó un gritó que la hizo voltear.
– ¡Mofuu! ¡¡Esa persona, ve a por ella!!
Dando media vuelta, la visión que vio le causó bastante terror, y le hizo dar un salto hacia atrás.
Un ciervo gigantesco corría en su dirección, y aunque del salto se había hecho a un lado para que la bestia cruzará de largo, al ver que se había movido, el animal cambió su ruta con el objetivo de embestirla.
Aterrada, la esqueleto sin nombre corrió lo más rápido que sus piernas le permitían, ser Sazshen, la gigantesca mujer de 3 metros que debía bajar la vista para ver a los simples mortales, le daba un Buff de confianza que le hubiera permitido detener a la bestia con un único dedo, y acabar con ella con un chasquido, sin embargo, una tarde en el cuerpo de la esqueleto sin nombre, había sido más que suficiente para revivir su sentido común, y desear correr ante los trescientos kilos de cornamenta y músculo que venían a por ella a más de 60 kilómetros por hora.
Huyendo despavorida, no importa lo que hiciera, el ciervo la seguía de cerca y cada vez acordaba más la distancia. Si subía de un salto al tejado de un edificio, con una agilidad sorprendente para su tamaño, el ciervo saltaba detrás de ella, e iba destrozando ventanas y mampostería de donde sea que pisará con sus poderosas pezuñas, si entraba a un callejón, el ciervo la seguía con la cornamenta por delante intentando empalarla, si saltaba de tejado en tejado, el ciervo daba poderosos saltos y si debía atravesar por medio de un edificio, lo hacía.
Si la esqueleto sin nombre hubiera tenido lagrimales, hubiera llorando a lágrima viva mientras sus piernas corrían a todo lo que podían intentando escapar, el enorme ciervo la había perseguido por una esquina a la otra de la ciudad, y no tenía idea de qué rayos quería o porque demonios la perseguía, y lo que era peor, estaba segura que si llegara a detenerse, el ciervo y su dueña que gritaba palabras indescifrables, no se detendrían para invitarle una taza de té, y hablar de sus diferencias.
Un gran destrozó ocurría allá donde fueran, y la gente corría despavorida cuando los veían llegar, y aunque la esqueleto sin nombre había hecho todo lo posible para evitar pasar en medio de la gente, minimizando así las víctimas, delante suya, por la conmoción y el caos, una pareja de ancianos se tropezó, y quedaron justo en medio de la calle.
Sin muchas alternativas para cambiar de dirección, la esqueleto sin nombre dio media vuelta, clavó los pies firmes en el suelo, tomó al enorme siervo por los cuernos, y lo obligó a detenerse quedando a un par de metros de la pareja caída, que no tardó en recomponerse y alejarse.
– ¿¿¡¡Qué rayos está pasando aquí!í!??
Gritó a la distancia una voz femenina que se le hacía conocida, y pegando grandes saltos, la princesa Charlotte llegó con su bastón en las manos, y una expresión de pocos amigos en la cara.
Pensando que estaba a salvo, la esqueleto sin nombre se relajó, Charlotte era una buena niña, ella detendría a esa loca y su ciervo, y si bien a Xerxes lo había enviado a hacer una serie de recados para preparar su viaje de los próximos días, si la tercera princesa había aparecido por la conmoción, Seniatta no debería andar lejos.
Sin embargo, lo último que esperaba fue qué…
– ¿Yuna?
Preguntó Charlotte mirando a la loca del ciervo gigante.
– ¿Charlotte?
Respondió está, pegando un salto y bajándose del lomo del animal.