Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 14: Lo que la prensa no sabe
El silencio dentro de la oficina era tan denso que Camila sentía que el aire se había vuelto pesado.
Adrián todavía sostenía el teléfono frente a ella.
La imagen de la cámara de seguridad seguía en la pantalla.
Una mujer caminando por el pasillo del ala norte.
Cabello oscuro.
Altura similar.
Ropa muy parecida.
Todo indicaba que era ella.
Camila negó lentamente con la cabeza.
—No fui yo.
Adrián no respondió de inmediato.
Sus ojos permanecían fijos en la pantalla.
Sebastián se acercó para observar mejor la imagen.
—La hora está aquí —dijo señalando la esquina del video.
Camila miró.
El registro marcaba una hora específica.
Su estómago se encogió.
—A esa hora estaba contigo —dijo mirando a Adrián.
Adrián levantó la mirada hacia ella.
—Sí.
Sebastián frunció el ceño.
—Entonces esto no tiene sentido.
Lucas apoyó una mano en el escritorio antiguo de la oficina.
—Tal vez sí lo tiene.
Los tres lo miraron.
Camila cruzó los brazos.
—¿Qué quieres decir?
Lucas señaló la pantalla del teléfono.
—Alguien quería que pareciera que eras tú.
El silencio cayó en la habitación.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Alguien se hizo pasar por mí?
Sebastián respondió con calma.
—Eso parece.
Camila miró nuevamente la imagen.
Cuanto más la observaba, más inquietante resultaba.
—Pero… ¿por qué?
Adrián guardó el teléfono en el bolsillo.
—Para que creamos que tú entraste aquí antes que nosotros.
Camila frunció el ceño.
—¿Y qué lograrían con eso?
Lucas respondió con una sonrisa leve.
—Desconfianza.
El silencio volvió a llenar la oficina.
Camila miró a Adrián.
—¿Crees que fui yo?
Adrián negó lentamente.
—No.
Camila soltó el aire que había estado conteniendo.
—Entonces alguien quiere que parezca que estoy escondiendo algo.
Sebastián caminó hacia la ventana de la oficina.
—O quiere que Adrián piense eso.
Lucas levantó una ceja.
—El viejo truco de dividir al enemigo.
Camila apretó los labios.
—Esto empieza a ser ridículo.
Adrián observó nuevamente la habitación.
—No.
Camila lo miró.
—¿No?
—Esto está cuidadosamente planeado.
El silencio volvió a caer.
Camila recordó la fotografía.
El documento.
El artículo.
Todo parecía una cadena de movimientos perfectamente calculados.
—La prensa solo está viendo una parte de la historia —dijo finalmente.
Lucas sonrió ligeramente.
—Exacto.
Sebastián se giró hacia ellos.
—Y alguien quiere que vean solo esa parte.
Camila caminó lentamente hacia el escritorio antiguo.
Sus dedos recorrieron la madera oscura.
—Entonces la pregunta es…
Se detuvo.
—¿Qué es lo que la prensa no sabe?
El silencio fue inmediato.
Adrián la observó con atención.
—Eso es lo que tenemos que descubrir.
Camila miró nuevamente la fotografía que habían encontrado.
La imagen de las dos mujeres seguía sobre el escritorio.
—Mi madre conocía a la tuya.
Adrián habló con voz baja.
—Eso ya está claro.
Camila giró la fotografía.
La palabra escrita en la parte trasera seguía allí.
Confía.
—Pero no sabemos por qué.
Sebastián se acercó a la mesa.
—Tal vez estaban trabajando juntas.
Lucas negó ligeramente.
—O tal vez estaban intentando detener a alguien.
Camila levantó la mirada.
—¿A Salazar?
Lucas respondió con calma.
—Tal vez.
Adrián frunció el ceño.
—Salazar no suele cometer errores tan obvios.
Camila cruzó los brazos.
—Entonces tal vez no fue él.
El silencio volvió a caer.
Sebastián miró la fotografía.
—Hay algo que me molesta de esta imagen.
Camila lo miró.
—¿Qué cosa?
Sebastián señaló el fondo de la fotografía.
—Ese edificio.
Camila entrecerró los ojos.
Era un edificio antiguo de ladrillos.
No parecía familiar.
—¿Sabes dónde es?
Sebastián negó.
—Pero creo haberlo visto antes.
Lucas caminó alrededor del escritorio.
—Tal vez sea parte de la empresa que investigaban.
Adrián sacó nuevamente el teléfono.
Amplió la fotografía.
—Podríamos identificar el lugar.
Camila sintió una pequeña chispa de esperanza.
—Si sabemos dónde fue tomada… tal vez encontremos más respuestas.
Sebastián habló con tono serio.
—O más problemas.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Eso parece inevitable.
En ese momento el teléfono de Adrián vibró otra vez.
Lo sacó del bolsillo.
Leyó el mensaje.
Y su expresión cambió.
Camila lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Adrián levantó la mirada lentamente.
—La prensa publicó otro artículo.
Camila sintió que el estómago se le revolvía.
—¿Sobre mí otra vez?
Adrián mostró la pantalla.
El titular ocupaba casi toda la página.
“Nueva evidencia conecta a la familia Torres con el fraude que destruyó a los Vega.”
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Esto es absurdo.
Sebastián tomó el teléfono.
—Hay algo más.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué?
Sebastián habló con voz grave.
—Publicaron la fotografía.
Camila sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—¿Qué fotografía?
Sebastián giró la pantalla.
La misma imagen estaba en la noticia.
La foto de su madre con la madre de Adrián.
Pero había algo diferente.
La imagen estaba ampliada.
Y en el fondo aparecía otra persona.
Una figura borrosa.
Camila entrecerró los ojos.
—¿Quién es ese?
Adrián observó la pantalla con atención.
Su expresión cambió lentamente.
Sebastián también lo notó.
—¿Lo reconoces?
Adrián guardó silencio unos segundos.
Luego habló con voz baja.
—Sí.
Camila lo miró.
—¿Quién es?
Adrián respondió lentamente.
—Es uno de los socios de mi padre.
El silencio llenó la oficina.
Camila frunció el ceño.
—¿Eso qué significa?
Adrián habló con voz seria.
—Significa que ese hombre estuvo presente el día del accidente.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Y nadie lo mencionó antes?
Sebastián negó.
—Nunca apareció en los informes.
Lucas observó la pantalla con atención.
—Entonces alguien lo eliminó de la historia.
Camila respiró profundamente.
—Eso es lo que la prensa no sabe.
Adrián guardó el teléfono.
—Y alguien quiere que siga siendo así.
El silencio volvió a caer en la habitación.
Camila miró nuevamente la fotografía.
Ahora ya no parecía una simple imagen.
Parecía una pieza de un rompecabezas mucho más grande.
—Entonces tenemos que encontrar a ese hombre.
Adrián la miró.
—Sí.
Camila frunció el ceño.
—¿Sabes dónde está?
Adrián guardó silencio unos segundos.
Luego dijo algo que hizo que el miedo regresara.
—No.
Camila sintió un nudo en el estómago.
—Entonces… ¿cómo lo encontraremos?
Adrián habló con calma.
—Tal vez no tengamos que hacerlo.
Camila levantó la mirada.
—¿Por qué?
Adrián respondió con una voz baja.
—Porque si esa foto salió a la prensa…
Hizo una pausa.
—Entonces él ya sabe que lo estamos buscando.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el aire se volvía frío.
Porque si eso era cierto…
Entonces el hombre de la fotografía también estaba viendo las noticias.
Y probablemente ya sabía algo más.
Algo que ninguno de ellos imaginaba.
Porque mientras todos miraban la fotografía…
Había alguien más observando la mansión desde la oscuridad.
Y esa persona acababa de enviar un mensaje.
“Sigan investigando… están cada vez más cerca de la verdad.”