Desgarrador relato de la vida de Jocelyn, una joven colombiana tocada por la pedofilia, la maldad y la obsesión de un hombre cruel y despiadado, ¿sera que una vida manchada
¿si podrá surgir desde las cenizas?.
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BIENVENIDO AL INFIERNO MIGUEL.
Llegamos a la pista agarrando rumbos diferentes, Piter con Alex y nosotros con Miguel, su hijo y Mía, la hermana de Leandro.
Nos causaba curiosidad ver el apego de ella con el chico, no lo quería soltar en medio de lágrimas. Se veía tan diferente a su padre, el cual se encontraba amordazado en el lado de atrás en la habitación del Jet.
—¡Mía!, ¿te encuentras bien princesa? —pregunta su hermano acariciando su mejilla con dulzura, viendo su cara un poco pálida y un golpe en la misma.
—¡Ahora lo estoy!, viniste por mí, Ronald me contó que habías huido de donde te tenían, me alegré mucho por ti. Pensé que no te volvería a ver jamás —dijo en medio de lágrimas escondiendo su rostro en el cuello de él.
—Tenemos mucho que hablar pequeña, esperemos llegar —decía acariciando su espalda dando una mirada matadora hacia el chico que su rostro no era mejor que el de la chica.
Aterrizamos, tres camionetas esperaban por nosotros en la pista, llevándonos a una de las bodegas.
Vardan y Leandro arrastraron a Miguel hacia dentro de la bodega. La mayoría de los chicos salieron a la mansión, otra parte nos quedamos acá.
—Bienvenido al infierno, Miguel —dije después de arrojar agua encima de él para despertarlo.
—Siempre he vivido en él, muñequita o no fui quien te lo enseñó —decía mientras pasaba su lengua por su labio roto dando una asquerosa sonrisa —¿sabes de tus hermanitas?, son tan bella como tú. Esta basura traicionera las compró haciendo creer que le daría un trato digno, pero a cambio de eso las tenía protegidas creyendo que nunca lo iba a descubrir —dijo mirando a Flavio que se encontraba sentado en una amplia mesa ubicada en este lugar mirando fijamente hacia él.
—Nos vemos, luego tengo algo que hacer —dije acariciando su rostro con mi arma alejándome de él. Para acercarme a Gustavo, hablándole bajo —quiero mucho afrodisíaco en su circulación, si no se lo come se lo inyectan no es mi problema como llegue a él, ¡para cuando venga!, los huevos le deben doler —dije sin ninguna expresión en el rostro causando que los presentes, mirasen, ya que al ser un lugar cerrado el eco del espacio era impredecible.
Salí sin mirar a ninguno de ellos, intentaba ser fuerte, pero esta situación me estaba matando en vida. Sería más fácil darle un tiro en la cabeza y problema solucionado, ¡pero sería demasiado fácil para él!, tiene que sufrir lo que hizo padecer por mucho tiempo a cada una de sus víctimas.
Al salir llevé mis manos a la camioneta agachando mi cabeza, sentía náuseas, solo de pensar que le estaban haciendo a mis hermanas todo aquello que hizo él conmigo. Siento que me abrazan por la cintura causando que me sobresaltara al instante.
—Tranquila, mi ave, rebelde, estoy aquí contigo —dijo Enrique abrazándome fuerte por la espalda.
—No soy tan fuerte como lo hago ver, la situación me está sobrepasando —decía dejando al fin salir mis lágrimas.
El giro mi cuerpo y con una de sus manos alzó mi rostro negando con la cabeza.
—No vuelvas a decir algo, así tú eres la mujer más fuerte que he conocido. No te has dejado derrumbar, es normal que sientas eso estando frente a él. ¡Pero si puedes con esto!, lo vas a hacer, ¿por qué?, simplemente vas a surgir desde las cenizas como mi ave rebelde. ¿Escuchaste? —dijo dando un corto beso en mis labios, logrando sacar una corta sonrisa de mí.
Limpio mis lágrimas y alzó mi cuerpo sentándome en el capot del auto.
—¿Qué está pensando esa loca calesita tuya?, quieres su cuerpo activo con ¿afrodisíaco? —pregunto algo intrigado.
—¡Nada malo!, la curiosidad mato al gato y no quiero que suceda contigo. Ya que tú eres solo mío gatito —dije jalando de él adueñándome de sus labios causando que sonriera en mis labios.
Los demás iban saliendo de la bodega por sus aspectos, le están dando la bienvenida a Miguel.
—¿Qué tan bien lo trataron? —pregunte con una sonrisa en mi rostro.
—¡Excelente!, dijo que éramos sus putas favoritas —decía Carlos caminando coqueto hacia nosotros, causando que todos estalláramos en una sonora carcajada.
—¡Sobrinos!, me alegra que se encuentren bien, no hemos tenido tiempo de conversar —decía Flavio acercándose a nosotros con las manos en los bolsillos.
Ya veo de donde viene la belleza de estos dos, ¡pensé!, riendo de mis pensamientos sentí un suave pellizco que hizo que mirara a Enrique.
—¿Qué hice? —pregunte haciéndome la inocente, él solo negó con la cabeza mientras yo mordía mis labios sensualmente.
—Hablamos en casa de eso —le decía a Flavio bajándome del auto cruzando sus dedos con los míos, cosa que a mí, al igual que a todos, nos desconcertó. Sacando de camaleón una sonrisa de medio lado.
Emprendimos camino a la mansión, ya que estamos cansados del largo viaje, no había dado tiempo de descansar con todo lo ocurrido. Con Miguel bajo custodia solo nos queda el turco, por lo que informaron, tiene en su poder a mis hermanas. Aprovecho que Flavio se encontraba en Colombia para irrumpir en la propiedad donde las mantenía custodiadas junto a varias niñas más.
Al llegar subí a darme una ducha placentera junto a Enrique que no quería dejarme sola.
—¿Sabes que estoy bien? ¡Cierto! —pregunté mirándolo mientras se vestía.
—¡Lo sé!, si lo dices, ¿por qué quiero estar cerca de ti?, no es que piense que vayas a cometer alguna locura o algo parecido. Simplemente, quiero estar cerca de ti, debido a que me nace y lo quiero hacer —decía con firmeza caminando hacia mí inclinando su cuerpo. Ya que yo estaba sentada en la cama —deja de esta mirando a mi tío y a mi hermano como si fuesen comestible —dijo agarrando mi mejilla, dando un suave mordisco en mis labios, haciendo que yo estallaré en una sonora carcajada que estoy segura se escuchó en toda la casa; ocasionando que alzará su vista mirándome fijamente.
—No te preocupes de todos los manjares que tengo frente de mí, eres mi único plato apetecible —dije dando un suave beso en sus labios.
—Eres una embaucadora —decía alejándose de mí, te espero abajo, voy a hablar con mi supuesto tío que con solo mirarlo como lo hiciste me cae mal —dijo saliendo de la habitación dejándome con una sonrisa idiota en mi rostro.