Dos personas muy distintas colisionan en una empresa, debido a sus diferentes formas de ver la vida, y en el proceso se encuentran a ellos mismos; gracias a una lista.
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Becky
–¿Qué te parece? –me pregunta nervioso.
No contesto porque no sabría qué decir.
Desde que entramos por el camino que me tiene embobada, los terrenos son preciosos y me imagino que de día debe verse más impresionante aún. Su hogar es una casa enorme, estilo mediterráneo, situada sobre lo más alto del extenso terreno. Sé que de día podré apreciarla mejor.
Mierda, él es rico. Nadie con un sueldo como el que yo gano puede costear una casa así. A menos que se la haya comprado su papá. Quizá sea eso.
Me abrazo a mí misma al sentirme incomoda de pronto. Ahora más que nunca temo por la fiesta en casa de sus padres. No soy tonta, sé que deben querer otro tipo de mujer para su hijo.
–¿Qué dices? –pregunta nuevamente, incómodo también.
–Es muy linda –susurro sin saber qué más decir.
–Gracias –murmura mirando el suelo–. Adentro no es tan impresionante porque no soy muy bueno decorando, tampoco he terminado de amueblar.
–¿Por qué?
–Porque nunca viene nadie a mi casa. Las reuniones en mi familia siempre se han realizado en casa de mis padres.
–Ya veo –susurro sintiéndome tímida.
Acuna mi rostro y me obliga a mirarlo. –Estoy feliz de que estés aquí conmigo. Sé que es mucho que procesar, pero quería que conocieras mi espacio.
–¿Tus papás te la regalaron?
Niega con la cabeza, sorprendiéndome.
–Encontré este terreno hace varios años. Estaba trabajando en la empresa de mi padre y tenía algunos ahorros, así que lo compré porque me gustó mucho. Luego ahorré y comencé a construirla de a poco.
Sonrío. –Es muy linda, te felicito.
–¿Entremos? –Asiento y caminamos de la mano por el camino empedrado.
Busca la llave en su pantalón y abre la enorme puerta doble. Prende las luces y descubro un agradable, aunque vacío espacio.
–Te dije que era inhóspito.
–Lo mencionaste.
–Algún día lo amueblaré y será un lugar muy agradable y acogedor como tu departamento.
–No es gracioso –mascullo.
–No estoy bromeando. Siempre me ha gustado tu departamento, por eso no quería traerte aquí, no tengo mucho que ofrecer –susurra triste.
Mierda, herí sus sentimientos.
Lo abrazo y me regaño mentalmente.
–Tienes mucho que ofrecer, Steve. Nunca digas lo contrario. Después puedes comprar y adornar como quieras.
–Sí, supongo que tienes razón. No tengo talento para esto.
–Si quieres mañana recorro el lugar y te doy algunas ideas.
–¿Harías eso por mí? –pregunta entusiasmado.
–Claro que sí.
Me besa despacio como si tuviera miedo de lastimarme.
Suelto un suspiro.
Recuerdo lo que pasó en el auto y me sonrojo.
Nunca había tenido un brote histérico en mi vida, y tenía que pasarme justamente con él. Todavía me siento extraña y triste de alguna manera. Steve me ayudó a sentirme mejor, pero aún no entiendo cómo haremos para que esto funcione.
Sacudo mis pensamientos. No voy a pasar las últimas semanas que nos quedan juntos sintiéndome así. No es justo para ninguno de los dos.
–¿Tienes una cama o todavía no la has comprado? –bromeo.
–Claro que sí –dice con una sonrisa orgullosa.
Caminamos varios metros hasta que doblamos por un pasillo y entramos en la primera puerta.
Sonrío cuando enciende la luz al ver una enorme cama, con Botines acostado en ella. Éste se levanta al escucharnos y se acerca para que le hagamos cariño.
–¿Va a dormir contigo?
–Sí, le compré una cama –dice apuntando a la esquina de la enorme habitación–. Pero no la usa.
–Claro que no –digo divertida acariciando la barbilla de Botines.
Miro a mi alrededor y aparte de las mil cosas que le compró al gato y su cama, no hay más muebles. Definitivamente necesita ayuda.
–¿Dónde está el baño? –pregunto.
–Esa puerta –dice apuntando hacia la izquierda.
Camino hacia allá y sonrío.
–¿El baño lo decoraron los que construyeron?
Steve ríe. –Sí, todos los baños y la cocina.
–Ya lo imaginaba. ¡Es precioso! –exclamo antes de entrar.
El lugar es enorme, diría que más grande que la sala y cocina de mi departamento. Tiene una enorme ducha rodeada de una gran cabina de vidrio. Frente a una enorme ventana hay una tina gigante, que estoy segura que alguien pequeña como yo podría ahogarse fácilmente en ella. El lugar está rodeado de muebles preciosos. Hay dos lavamanos empotrados en un mueble que cubre toda una pared con un gran espejo.
Podría quedarme todo el día aquí.
Cuando salgo Steve me está esperando en la puerta.
–Quizá mañana podríamos estrenar la tina –dice con una sonrisa contagiosa, antes de entrar al baño.
Eso me encantaría. Las vistas por esa ventana deben ser preciosas.
Camino al gran ventanal de la habitación, pero solo veo oscuridad, quisiera que ya amaneciera para ver todo con claridad.
Sueño despierta sobre lo qué veré mañana.
Espero poder usar su cocina. Si está tan bien amueblada y decorada como su baño, debe ser un hermoso lugar para cocinar.
Siento los brazos de Steve a mi alrededor y descanso mi espalda en su pecho.
–¿Estás lista?
–¿Lista? ¿Lista para qué?
–Para estrenar mi cama –dice tomándome en brazos al estilo nupcial–. Botines a tu cama –ordena y el gato salta al suelo, haciéndonos reír.
Me recuesta en el cómodo colchón y sonríe antes de besarme.
–Al fin te tengo aquí –susurra–. Eres el regalo de navidad perfecto que mi corazón necesitaba, pero que nunca pedí.
Cuando me toma en sus brazos y me hace suya, me siento de la misma manera.
…..
–Déjelo en el velador, Estela, por favor.
–Claro, señor.
Despierto al escuchar una conversación.
Me sonrojo al ver a una señora de unos sesenta años, quien me sonríe amablemente, dejando una bandeja con comida.
–¿Se les ofrece algo más, señor?
–No, Estela, muchas gracias.
Me escondo bajo las sábanas, sintiéndome muy avergonzada.
Steve comienza a hacerme cosquillas, pero me niego a salir de aquí.
Se mete bajo las sábanas y me sonríe.
–Buenos días –susurra y me da un suave beso.
–Me siento muy avergonzada. ¿Qué va a pensar esa señora de mí? –me lamento.
Steve ríe y yo golpeo su pecho con mi mano. Su duro pecho. Mi mano se queda ahí, recordando la noche anterior. Las imágenes se reproducen en mi cabeza y me sonrojo. Nunca me he sentido tan libre con otro amante antes. Creo que nunca me sentiré así de nuevo.
No creo que pueda confiar en alguien como lo hago en Steve.
–Alguien está recordando la noche anterior.
Me acerco a su cuerpo y escondo mi cara en su cuello. Aspiro profundamente. Su aroma es delicioso, una mezcla de su olor, del mío y de sexo.
–Te amo tanto, Steve –susurro.
Me abraza apretadamente y besa mi frente.
–Yo te amo más, enana.
Rio por lo equivocado que está.
–Nos amamos igual –aclaro.
No quiero empezar esa discusión de nuevo. Esa disputa que anoche nos llevó a ver quién le daba más placer al otro. Terminamos empatados, agotados y muy satisfechos.
Fue una pelea que quisiera tener todas las noches de mi vida.
Su mano acaricia mi cuerpo, perezosamente.
–¿Alguna vez pensaste que amar se sentiría así? –me pregunta.
–No –digo mirando sus hermosos ojos–. No sabía que podía sentirse así. ¿Y tú? –pregunto.
Steve amó a dos mujeres antes de conocerme. Quizá para él esto no es tan especial como lo es para mí.
–No, no pensé que podría sentirse así. Me siento tan libre –susurra con una sonrisa–. Tan liviano. Tan feliz.
Sonrío. –Me siento igual.
–Esto que tenemos es muy especial, ¿verdad? –pregunta.
–Sí.
–Eres mi mejor amiga y la mujer que más he amado en mi vida.
Lágrimas caen de mis ojos.
–Eres mi mejor amigo y el único hombre que he amado en mi vida.
Sus ojos brillan felices. Besa mi nariz con una sonrisa.
–Gracias por eso. ¿Desayuno?
Me sonrojo al recordar a la amable señora, pero asiento. Tengo mucha hambre.
Salgo de mi escondite, y ahogo un jadeo al mirar por la ventana. Salto de la cama, sin importarme que estoy desnuda.
–Es bellísimo –susurro admirada mirando el paisaje.
El terreno se extiende por cientos de metros con nieve encima, imagino que en el verano debe tener pasto y flores silvestres quizá. Más lejos se ven unos cerros llenos de árboles. Varios pájaros vuelan, haciendo los sonidos más maravillosos. En el terreno también hay árboles, pero el más lindo es un pino enorme con las puntas de sus ramas con nieve, como una perfecta postal de navidad.
–¡Es el lugar más hermoso que he visto!
–Gracias –dice Steve a mi espalda–. Más tarde te llevo a recorrer el lugar. Los terrenos son preciosos. Me alegra que te guste –susurra besando detrás de mi oreja.
Me giro y acuno su rostro. –Tienes que hacer algo con este lugar, Steve. Mira esta habitación, podrías colocar unos sillones y una mesa pequeña para tomar el té en esta ventana, para así poder disfrutar del paisaje. Un sofá en esa esquina. Fotos de tus seres queridos. En la sala deberías instalar grandes sillones que rodeen el lugar, dejando como punto focal la hermosa chimenea, que ahora se ve triste. Afuera puedes hacer muchas terrazas, algunas cerradas y otras abiertas para el verano. Construir una piscina. Una zona para hacer barbacoas… Este lugar tiene mucho potencial, mi amor.
–¿Mi amor? –pregunta con una gran sonrisa.
Enrojezco, pero luego recuerdo que él también me llamó así cuando tuve mi brote histérico.
–Pues sí, te amo, eres mi amor. El único amor de mi vida.
–Tú igual –dice levantándome en brazos, y llevándome a la cama sin dejar de sonreír–. Pero ahora mi mujer debe comer, no quiero que me acuse de hacerla trabajar duramente todas las noches y que además diga que le prohíbo alimentarse.
–Sí que me haces trabajar por las noches, pero me encanta. Soy muy trabajadora.
Acaricia mi nariz con la suya. –Sí que lo eres. ¿Cómo te sientes?
–Maravillosamente.
–¿No te lastimé?
Toco mi cuerpo y me muevo, logrando que Steve ría.
–Estoy bien, bobo. Me encanta todo lo que me haces.
–¿Todo, todo?
Enrojezco al recordar cuando me empotró contra la pared y me tomó con tanta fuerza y pasión que ambos terminamos con un buen calambre.
–Todo, mi amor. Absolutamente todo.
Sonríe y me besa, metiendo su lengua en mi boca. Suspiro feliz al sentirme tan amada por este maravilloso hombre. Elevo mi cuerpo tentándolo, ya lo quiero otra vez dentro de mí.
–No empieces –me pide–. Debemos comer, luego te llevaré a la tina y terminaremos esto que promete –dice, besando mi cuello y mis pechos, sacándome un gemido tortuoso.
Bajo mis manos por su torso y acaricio su miembro ya duro.
–¿Seguro?
–Maldición –gruñe y me levanta en brazos. Me apresuro a envolver mis piernas a su alrededor–. Vamos por ese baño, luego desayunamos –dice y yo rio sintiéndome feliz.
Felicitaciones autora!!!!
Es tan tan hermosa que no encuentro las palabras justas y acordes a esta preciosa historia ... Original, romántica, entretenida y ,como si todo esto fuera poco, MUY BIEN ESCRITA.
No tengo ni encuentro las palabras justas para expresar cuánto me gustó por eso felicito y agradezco a la AUTORA por esa hermosura que nos ha regalado.
FELICITACIONES y muchas BENDICIONES por ese enorme talento que da vida a tan hermosos frutos.