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LAS REGLAS DE GREY

LAS REGLAS DE GREY

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Enfermizo / Mafia
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22: LUNA

Afuera la moto de Luna llevaba tres días estacionada frente a la mansión negra.

No se movía. Nadie la tocaba. Los 100 guardaespaldas sabían que no se tocaba. Porque era de la hermana de la esposa del jefe. Y si era de la familia, no se tocaba.

Luna se había quedado. No una noche. Tres días. Durmiendo en el cuarto de invitados con puerta abierta. Entrenando a las cinco de la mañana con Anastasia en el sótano. Puño, codo, rodilla. Con vendas rosadas que Anastasia le compró.

—No me quiero ir —dijo Luna la mañana del tercer día, mientras tomaban café negro en la cocina, las dos con top deportivo, sudadas—. Si me voy, me siguen otra vez. Y no quiero tener miedo en mi propia tienda.

—No te vas —dijo Anastasia, firme, con su pistola chiquita en la mesa de la cocina porque ahora desayunaba con ella—. Te quedas aquí hasta que quieras. Esta mansión tiene cuatro pisos vacíos. Y Damián ya puso dos guardaespaldas en tu tienda sin que lo pidieras. Puedes quedarte.

—Tu esposo me puso guardaespaldas —dijo Luna, riéndose—. El lobo me cuida.

—Te cuida —dijo Anastasia—. Porque eres mi hermana. Y porque si te tocan, me tocan a mí. Y ya no me dejo.

Damián bajó a la cocina. Con traje negro, sin sangre, con cara de jefe que no durmió porque estuvo revisando cámaras de la tienda de Luna toda la noche.

—Luna —dijo, sirviéndose café—. Tu moto sigue afuera. ¿No la vas a usar?

—Sí la voy a usar —dijo Luna—. Pero no hoy. Hoy quiero quedarme. Si no te molesta, lobo... Damián.

—No me molesta —dijo él—. Quédate un mes si quieres. Un año. La mansión es grande. Y Anastasia duerme mejor cuando estás aquí. No pregunta si te pasó algo a las dos de la mañana.

Anastasia lo miró. Porque era verdad. Desde que Luna se quedó, no tenía pesadillas con motos siguiéndola.

Esa tarde, Anastasia y Luna fueron a la tienda de tatuajes con dos guardaespaldas atrás, en camioneta negra. La tienda estaba abierta, con luces prendidas, con clientes esperando. Con un guardaespaldas parado en la puerta, grande, de traje negro, que decía "Soy de Grey" sin hablar.

—Mierda —dijo Luna, bajando de la camioneta—. Pusiste un ropero en mi puerta, Grey.

—Puse seguridad —dijo el guardaespaldas—. Orden del jefe Grey. Nadie toca la tienda de la amiga de la señora Grey.

Los clientes se fueron rápido cuando vieron guardaespaldas, pero llegaron otros. Otros que querían tatuarse porque la amiga de Grey tatuaba y porque Grey cuidaba. La tienda se llenó.

Anastasia se sentó en la silla de Luna, mirando cómo tatuaba. Luna tatuaba una luna chiquita en la muñeca de una chica.

—¿Te hago una? —le dijo Luna a Anastasia, mientras limpiaba la aguja—. Una nueva. Ya no eres la de antes. Ya no eres solo luna de arete. Eres algo más.

—¿Qué me harías? —preguntó Anastasia.

—Una pistola chiquita —dijo Luna, seria y riéndose a la vez—. Aquí, en el tobillo. Para que sepan que disparas.

—No —dijo Anastasia, pensando—. Hazme una L. Chiquita. Aquí —se tocó la muñeca izquierda, donde no tenía nada—. Por Luna. Por hermana.

Luna le hizo la L. Chiquita, negra, fina, en la muñeca izquierda. Sin dolor, porque Anastasia ya no le tenía miedo a las agujas. Le dolió menos que el primer puño que le enseñó Irina.

—Ahora somos hermanas de tinta —dijo Luna, besándole la muñeca.

—Hermanas de tinta y de sótano —dijo Anastasia, mirando la L.

Cuando volvieron a la mansión, Damián estaba en la sala, con Vonn sentado frente a él. Vonn otra vez. Con cara de perdedor. Con dos guardaespaldas de Damián atrás de él.

—¿Qué hace él aquí? —dijo Anastasia, entrando con Luna, con la L fresca vendada, con pistola chiquita en la bolsa.

—Vino a disculparse —dijo Damián, frío, sin levantarse—. Por lo de Luna. Dice que no fue él. Que fue gente suya sin permiso.

—Fue mi gente —dijo Vonn, pálido, mirando a Anastasia y a Luna—. No sabía que era tu hermana, Damián. Perdón. Ya los corrí. Ya no trabajan para mí.

Luna se paró frente a Vonn. Sin miedo. Con la mano todavía con tinta.

—Tú no me pidas perdón a mí —dijo Luna, con voz de tatuadora que ya entrenó tres días con Anastasia—. Pídele perdón a ella. A mi hermana. Porque por tu culpa no dormí tres noches.

Vonn miró a Anastasia. Con miedo de verdad. Porque Anastasia ya no era la chica de la librería que se desmayaba.

—Perdón, señora Grey —dijo Vonn.

Anastasia se acercó. Con la L fresca en la muñeca. Con vestido negro simple.

—No me digas señora Grey —dijo, con su lengua filosa—. Dime Sterling Grey. Y no me pidas perdón. No me toques a mi hermana otra vez. Ni a mi tienda de libros. Ni a mi madre. Si tocas a uno, me tocas a mí. Y yo ya no soy débil. Yo apunto bien. ¿Entendido, Vonn?

—Entendido —dijo Vonn, levantándose rápido.

—Fuera —dijo Damián, sin gritar.

Vonn se fue. Casi corriendo. Con sus dos guardaespaldas que ya no eran suyos.

Cuando se fue, Damián miró la muñeca vendada de Anastasia.

—¿Qué es eso? —dijo, acercándose, agarrándole la mano.

—Una L —dijo ella—. Por Luna. Me la hizo hoy. ¿Te gusta?

—Me gusta —dijo él, besándole la venda—. Ahora tienes mi nombre en el anillo, la luna en el arete y tu hermana en la muñeca. Te falta algo mío aquí —le tocó el corazón.

—Aquí ya estás —dijo ella—. Desde hace un año.

Luna los miró y se fue a la cocina a propósito, dejándolos solos en la sala. Porque sabía que cuando se miran así, no necesitan público.

Esa noche, afuera la moto de Luna seguía estacionada frente a la mansión negra. Pero ya no estaba sola. Al lado había otra moto. Negra también. Nueva. Con un moño rojo en el manubrio.

—Es tuya —le dijo Damián a Luna, en la puerta—. Para que no tengas miedo. Con alarma de Grey. Si alguien la toca, suena en mi celular y en el de 100 guardaespaldas.

Luna se quedó con la boca abierta.

—¿Me compraste una moto?

—No —dijo Damián—. Se la compró Anastasia con su plata de la librería. Yo solo le puse alarma.

Anastasia salió, con su L vendada, con su pistola chiquita, con sonrisa.

—Para mi hermana de tinta —dijo—. Para que no te quedes sin moto nunca.

Luna abrazó a Anastasia fuerte. Con fuerza de hermana que entrenó tres días.

—Gracias, saco —dijo, llorando un poco.

—Gracias, ropero con tatuajes —dijo Anastasia, riéndose.

Y las dos motos se quedaron afuera, juntas, frente a la mansión negra, con 100 guardaespaldas mirándolas, con alarma de Grey, sin que nadie se atreviera a tocarlas.

*[FIN DEL CAPÍTULO 22 -

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Sunny
repite muchas palabras frases desespera leer así
Natalia Moreno Sajonero: gracias por tu opinión lo tendré en cuenta en los siguientes capítulos saludos
total 1 replies
Amparo Muñoz
ese man esta loco q la conquiste con cariño sonrisa y ternura asi podra naser un amor entre parejas 🥰
Natalia Moreno Sajonero: así es ☺️
total 1 replies
Amparo Muñoz
portate bien obedientd y te ira bien este trato es paea salvar a tu mami haslo por ella
Natalia Moreno Sajonero: saludos gracias por leer mi novela 👏
total 1 replies
Natalia Moreno Sajonero
espero que le den mucho amor a mi historia y la apoyen los amo gracias
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