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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Cuando algo se rompe

El problema no era que algo hubiera cambiado.

Era que no sabía si podía arreglarlo.

Todo empezó con algo pequeño.

Tan pequeño que, en otro momento, Allegra lo habría ignorado.

Pero ya no era “otro momento”.

—¿Te pasa algo?

Rowan no respondió de inmediato.

Y eso…

eso fue suficiente.

Allegra lo notó en ese segundo de más.

En esa pausa que antes no existía.

—No —dijo finalmente él.

Demasiado tarde.

Demasiado neutro.

Allegra inclinó ligeramente la cabeza.

—Eso no sonó convincente.

—Estoy bien.

—Claro.

Silencio.

Pero no cómodo.

No como antes.

—Tengo que irme —añadió Rowan, recogiendo sus cosas.

Allegra lo miró.

—¿Ahora?

—Sí.

—Ok.

No lo detuvo.

No preguntó más.

No insistió.

Porque algo en su expresión le dijo que no era el momento.

Y eso…

eso también era nuevo.

—¿Qué pasó?

Maeve ni siquiera fingió que no estaba observando.

Allegra dejó el bolso sobre la cama.

—Nada.

—Eso no es cierto.

—No pasó nada.

—Entonces, ¿por qué tienes esa cara?

Allegra se giró.

—¿Qué cara?

Maeve la miró con calma.

—Esa en la que estás intentando no pensar demasiado.

Silencio.

Allegra suspiró.

—Está raro.

—¿Quién?

—Rowan.

Maeve se sentó mejor.

—¿Raro cómo?

Allegra dudó.

—Distante.

—¿Hoy?

—Sí.

—¿Hizo algo?

—No.

—Entonces…

Allegra se dejó caer en la cama.

—Eso es lo peor.

Silencio.

Maeve la observó.

—Tal vez solo tuvo un mal día.

—Tal vez.

—¿Vas a preguntarle?

Allegra negó.

—No.

—¿Por qué?

Allegra miró el techo.

—Porque no quiero parecer… —se detuvo.

Maeve esperó.

—Demasiado involucrada —terminó.

Silencio.

Pero suave.

—Ya lo estás —dijo Maeve.

Allegra cerró los ojos.

—Lo sé.

—Y no es algo malo.

—Depende.

—No siempre.

Silencio.

Pero esta vez… más pesado.

El resto del día no mejoró.

Rowan no apareció en clase.

Ni en el comedor.

Ni en el patio.

Nada.

Y Allegra…

lo notó demasiado.

—No lo busques.

Allegra giró la cabeza.

Lila.

—No lo estoy buscando.

—Sí lo estás.

—No.

—Sí.

Allegra cruzó los brazos.

—Solo estoy observando.

—Eso es buscar con estilo.

Allegra soltó una pequeña risa sin humor.

—Está desaparecido.

—Un día.

—No es normal.

—Para ti, nada lo es.

Silencio.

Pero más tenso.

—No me gusta esto —dijo Allegra.

Lila la miró.

—Porque no lo controlas.

—Exacto.

—Entonces no lo intentes.

—Eso no ayuda.

—No intento ayudar.

Allegra rodó los ojos.

—Consistencia.

—Siempre.

Silencio.

Pero más ligero.

—Dale espacio —añadió Lila.

Allegra la miró.

—¿Y si no vuelve?

Lila arqueó una ceja.

—Eso escaló rápido.

Allegra suspiró.

—No lo sé.

—Claro que no lo sabes.

—No me gusta no saber.

—Eso ya lo sé.

Silencio.

Pero más suave.

—Confía un poco —dijo Lila finalmente.

Allegra la miró.

—No soy buena en eso.

—Entonces es buen momento para empezar.

Esa noche fue peor.

No había distracciones suficientes.

No había conversación que llenara el vacío.

Solo…

pensamientos.

—Vas a volverte loca si sigues así.

Maeve la miraba desde su cama.

Allegra estaba sentada en la ventana.

Otra vez.

—Estoy bien.

—No lo estás.

—Estoy pensando.

—Demasiado.

Silencio.

Pero cargado.

—No entiendo —dijo Allegra.

Maeve no respondió de inmediato.

—¿Qué cosa?

Allegra dudó.

—Todo estaba bien.

—Sí.

—Y ahora…

—Está diferente.

—Sí.

Silencio.

Pero más pesado.

—No sé qué hice —añadió Allegra.

Maeve negó con la cabeza.

—Tal vez no hiciste nada.

—Siempre hay algo.

—No siempre.

Allegra la miró.

—No me gusta esto.

—Lo sé.

—No me gusta no saber si… —se detuvo.

Maeve esperó.

—Si va a cambiar todo —terminó.

Silencio.

Pero suave.

—Puede que sí —dijo Maeve.

Allegra cerró los ojos.

—Eso no ayuda.

—Pero también puede que no.

Silencio.

Pero más ligero.

—No puedes controlar esto —añadió Maeve.

—Lo sé.

—Entonces deja de intentarlo.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Eso suena imposible.

—No lo es.

Silencio.

Pero incómodo.

Porque era verdad.

Más tarde, cuando todo estaba en silencio, Allegra seguía despierta.

Mirando la oscuridad.

Pensando.

Otra vez.

Pero esta vez…

no intentaba evitarlo.

—Esto no es como antes —murmuró.

Antes, habría cerrado la puerta.

Habría fingido que no importaba.

Habría seguido adelante sin mirar atrás.

Pero ahora…

no podía.

Porque sí importaba.

Porque él importaba.

Y porque…

no sabía qué hacer con eso.

Allegra cerró los ojos.

Respiró hondo.

—No voy a huir —susurró.

Aunque no supiera cómo quedarse.

Aunque no supiera qué iba a pasar.

Aunque algo…

claramente…

se hubiera movido.

Y no estaba segura de si podía arreglarlo.

Pero esta vez…

no iba a fingir que no existía.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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