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El Omega Que Amo Al Villano

El Omega Que Amo Al Villano

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:14.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elías era un estudiante de arquitectura solitario, tímido y sensible. Vivía para dibujar, cantar en silencio y refugiarse en novelas románticas donde el amor era intenso y absoluto. Tras la muerte de su abuela —la única persona que lo comprendía—, su mundo quedó vacío… hasta que una historia BL cambió su destino.
En aquella novela, el villano llamó su atención más que nadie:
un alfa poderoso, frío y temido, el gran duque del norte.
Un hombre incomprendido, marcado por una infancia cruel y condenado a morir solo entre el hielo.
Elías lo entendió.
Y lo amó… aun sin existir.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Tras perder la vida en un accidente, Elías despierta reencarnado en un mundo de fantasía, convertido en un omega masculino, de belleza delicada y mirada tierna. El mundo de la novela es ahora real… y el duque del norte también.
Esta vez, Elías no piensa ser un espectador.
Esta vez, no permitirá que el villano muera solo.
Entre jerarquías alfa–omega, heridas del pasado y

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Cuando el deseo aprende a esperar

El castillo dormía con una quietud distinta esa noche.

No era silencio vacío, sino uno lleno de presencias, de respiraciones que se reconocían incluso en la distancia. El omega lo percibía con claridad mientras avanzaba por los pasillos iluminados apenas por antorchas bajas, llevando consigo un cuaderno de bocetos que no había logrado dejar sobre la mesa.

Había pasado el día entero trabajando junto al duque. Demasiado cerca. Demasiado consciente del calor de su cuerpo, de su voz grave inclinándose hacia él para señalar detalles en los planos, del roce ocasional de sus dedos que parecía incendiarle la piel.

No había sido un día cualquiera.

Había sido uno de esos días en que el deseo no gritaba, sino que se deslizaba lento, paciente, como una promesa que se construye segundo a segundo.

—¿No puedes dormir? —preguntó la voz del duque a su espalda.

El omega se sobresaltó apenas, girándose con una mezcla de vergüenza y alivio.

—Lo intenté —respondió—. Pero mi mente no se calla.

El duque cerró la puerta tras de sí, dejando el pasillo atrás. La habitación quedó envuelta en una intimidad inmediata, casi peligrosa. No había guardias. No había títulos. Solo ellos dos.

—Ven —dijo el duque con suavidad—. Siéntate.

El omega obedeció, apoyándose en el borde del sofá cercano a la ventana. El duque se sentó frente a él, no demasiado cerca… pero tampoco lejos. Lo suficiente para que el aire entre ambos se cargara.

—Cuando trabajas así —continuó el duque—, con esa concentración… olvidas todo a tu alrededor.

El omega bajó la mirada, sonriendo apenas.

—Es la única forma que conozco de no sentirme abrumado.

El duque extendió la mano con lentitud, como si pidiera permiso incluso sin palabras, y tomó el cuaderno. Sus dedos rozaron los del omega, un contacto mínimo… pero suficiente para provocar un estremecimiento que ninguno ignoró.

Los ojos del duque se oscurecieron un poco.

—¿Puedo?

El omega asintió.

Mientras el duque revisaba los dibujos, el omega lo observaba en silencio. La forma en que fruncía levemente el ceño al analizar, cómo su respiración se volvía más lenta cuando algo le interesaba, la seguridad que emanaba incluso en la calma.

Era imposible no desearlo.

No de forma abrupta, no salvaje.

Sino con una necesidad profunda, íntima… casi reverente.

—Siempre piensas en cómo hacer que las personas se sientan seguras —dijo el duque—. Incluso en los detalles más pequeños.

El omega tragó saliva.

—Porque nadie debería vivir con miedo —respondió—. Ni en su hogar… ni en su corazón.

El duque levantó la vista lentamente. Sus miradas se encontraron, y algo cambió en ese instante.

La cercanía dejó de ser inocente.

El duque dejó el cuaderno a un lado y se inclinó apenas hacia adelante.

—¿Y tú? —preguntó en voz baja—. ¿Te sientes seguro aquí… conmigo?

El omega sintió cómo el calor le subía al rostro, cómo su cuerpo reaccionaba antes incluso de que pudiera ordenar sus pensamientos.

—Sí —respondió—. Más de lo que pensé que era posible.

El silencio que siguió fue denso. Expectante.

El duque levantó una mano y rozó con el pulgar la muñeca del omega, donde la piel era más sensible. El gesto era lento, deliberado, como si explorara una frontera invisible.

El omega contuvo la respiración.

Ese contacto no era casual.

Era una pregunta.

Una invitación.

—Si en algún momento… —murmuró el duque— sientes que esto es demasiado, dímelo.

El omega negó suavemente con la cabeza.

—Lo que siento no es demasiado —dijo—. Es intenso… pero no me asusta.

El duque sonrió apenas, una sonrisa cargada de algo más profundo que simple afecto. Se acercó un poco más, hasta que sus rodillas casi se tocaron.

—Entonces quédate —susurró.

El primer beso no fue urgente.

Fue lento.

Cuidadoso.

Como si ambos estuvieran aprendiendo el ritmo del otro.

Los labios del duque rozaron los del omega con una suavidad que hizo que este soltara un pequeño suspiro involuntario, avergonzándose al instante. Pero el duque no se apartó. Al contrario, profundizó apenas el contacto, sosteniendo el rostro del omega con una mano firme pero protectora.

El omega respondió, tímido al principio, luego con más confianza. Sus dedos se aferraron a la tela del abrigo del duque, buscando estabilidad… o tal vez algo más.

El beso se volvió más intenso, cargado de una tensión que recorría todo el cuerpo. No había prisa, pero sí una necesidad creciente que se manifestaba en respiraciones entrecortadas, en el calor compartido, en la cercanía que ya no admitía dudas.

Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con dificultad.

El omega apoyó la frente en el pecho del duque, cerrando los ojos.

—Esto… —susurró— nunca lo imaginé así.

El duque rodeó su cintura con los brazos, sin apretar, sin exigir.

—Yo sí —respondió—. Desde el momento en que te vi cuidar de otros sin olvidarte de ti.

Permanecieron así un largo rato, abrazados, dejando que el deseo se asentara sin consumirlos. Era una intimidad nueva, más profunda que cualquier gesto físico.

No necesitaban ir más lejos esa noche.

Lo que estaban construyendo no era solo atracción…

era elección.

Y mientras el omega se quedaba dormido apoyado en él, el duque comprendió que aquello que sentía no era solo deseo.

Era la certeza silenciosa de que, pasara lo que pasara después, ya no caminarían solos

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Yudiela Arboleda
tienes que ser más original cariño por qué no hay problema en que sigas un patrón en tus historias pero los personajes no pueden ser iguales usa más tu imaginación al nombrar a tus personajes ya que tienes tanta audacia para escribir algo tan creativo tienes el talento pero no repitas siempre lo mismo no los personajes o nombres cuando la historia están buena no se es solo mi punto de vista
Yudiela Arboleda: si públicas tus historias es para que leamos nos y comentemos ya mi me gusta leer y exponer mi punto de vista solo eso ☺️
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Franeisi Tarazona
su nombre no era Kael Frostgrave🤔
ANA INOSTROZA: o si gracias es uno de los capitulos q falto corregir
total 2 replies
Jeon Ari
leer esto con cinnamon girl, se siente como flotar jsjsjjss
Pirupiupiu
Muy bonito la narración (⁠´⁠∩⁠。⁠•⁠ ⁠ᵕ⁠ ⁠•⁠。⁠∩⁠`⁠)
ANA INOSTROZA: gracias me alegra que te halla gustados 🥰cariños
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