Elías era un estudiante de arquitectura solitario, tímido y sensible. Vivía para dibujar, cantar en silencio y refugiarse en novelas románticas donde el amor era intenso y absoluto. Tras la muerte de su abuela —la única persona que lo comprendía—, su mundo quedó vacío… hasta que una historia BL cambió su destino.
En aquella novela, el villano llamó su atención más que nadie:
un alfa poderoso, frío y temido, el gran duque del norte.
Un hombre incomprendido, marcado por una infancia cruel y condenado a morir solo entre el hielo.
Elías lo entendió.
Y lo amó… aun sin existir.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Tras perder la vida en un accidente, Elías despierta reencarnado en un mundo de fantasía, convertido en un omega masculino, de belleza delicada y mirada tierna. El mundo de la novela es ahora real… y el duque del norte también.
Esta vez, Elías no piensa ser un espectador.
Esta vez, no permitirá que el villano muera solo.
Entre jerarquías alfa–omega, heridas del pasado y
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Capítulo 22 – Pasión y esperanza en el Norte
La llegada al Ducado del Norte fue distinta a cualquier otro viaje que Lioren Aster hubiera hecho. Las montañas escarpadas se alzaban como gigantes de piedra cubiertos de nieve eterna, y los valles profundos eran atravesados por ríos caudalosos que parecían rugir contra el frío viento invernal. Las aldeas dispersas parecían aferrarse con valentía al terreno, construidas con madera reforzada y piedra, algunas cubiertas de hielo, otras resistiendo el embate de las tormentas. Todo en aquel lugar hablaba de dureza, resistencia… y necesidad de cuidado.
Kael Frostgrave, duque del Norte, caminaba con paso firme, orgulloso de su tierra pero consciente de los desafíos que enfrentaba. Sus ojos recorrían cada detalle, pero también estaban atentos a Lioren, quien no dejaba de observarlo todo con una mezcla de curiosidad y fascinación. Cada piedra caída, cada puente tambaleante, cada camino bloqueado despertaba en él un impulso creativo, un deseo urgente de dejar su huella y mejorar la vida de quienes allí vivían.
—Este lugar tiene carácter —comentó Lioren, sus dedos rozando la madera de un puente reforzado—. Pero puede ser más seguro, más accesible… y más hermoso, sin perder su fuerza.
Kael sonrió, admirando no solo la inteligencia de su omega, sino también su sensibilidad y el cuidado genuino que mostraba por la gente del ducado.
Al día siguiente, Lioren acompañó a Kael a recorrer el Ducado del Norte. Conoció a sus caballeros, aldeanos y trabajadores. Cada encuentro era una oportunidad para mostrar empatía y comprensión: hablaba con los aldeanos, escuchaba sus problemas y sugería reformas estructurales y de transporte que hicieran la vida más fácil y segura para todos.
—Es increíble cómo logra entendernos —comentó un aldeano—. Su mirada no juzga… escucha de verdad.
Kael se sentía orgulloso, pero también sorprendido. Nunca había visto a Lioren moverse con tanta seguridad y gracia entre su gente. En cada gesto, en cada palabra, demostraba que su dulzura y sensibilidad podían generar cambios reales y positivos.
Mientras recorrían los caminos cubiertos de nieve y hielo, Kael compartió fragmentos de su infancia: las dificultades de crecer en un ducado frío, la soledad que a veces lo acompañaba, las pérdidas y las responsabilidades asumidas desde muy joven.
—No tienes que cargarlo todo solo —dijo Lioren con suavidad—. Estoy aquí… y vamos a trabajar juntos, como un equipo.
Kael lo miró con una mezcla de admiración y deseo. Cada palabra fortalecía el vínculo que los unía.
Reformas estratégicas y admiración del pueblo
Lioren propuso soluciones audaces y prácticas: puentes colgantes para aldeas aisladas, sistemas de calefacción comunitarios y carreteras elevadas para evitar inundaciones. Caballeros y habitantes se sorprendían por la claridad de sus ideas y por cómo combinaban estética, funcionalidad y cuidado humano.
—Tu omega es increíble —susurró Kael mientras caminaban hacia la siguiente aldea—. No solo lo admiro como pareja… sino como persona.
Lioren se sonrojó y se refugió parcialmente en el hombro de Kael, disfrutando del calor del alfa y de la sensación constante de protección. La admiración del pueblo, unida a la ternura de Kael, lo hacía sentirse amado de una forma que nunca había conocido.
Esa noche, tras un día agotador de recorridos y reuniones, Lioren decidió sorprender a Kael. Inspirado por recuerdos de su vida pasada y por la conexión profunda que habían construido, preparó un traje elegante y sensual, pensado para una noche íntima. La timidez lo envolvía mientras se vestía, temiendo la reacción de su alfa.
—Pequeño… —susurró Kael al verlo—. Es perfecto. Tú eres perfecto.
El abrazo que siguió fue largo, cargado de deseo y ternura. Los besos se mezclaron con caricias, risas suaves, susurros y gemidos apagados. Cada roce reforzaba la intimidad y la confianza entre ambos. Era un amor maduro, consciente, intenso, libre para explorar la pasión con respeto y entrega.
Lioren, confiando cada vez más en su relación, se permitió tomar la iniciativa, provocando leves sonrojos en Kael mientras recorrían sus cuerpos con caricias y besos profundos. La pasión era romántica y ardiente, equilibrando ternura y deseo. Cada contacto reforzaba su vínculo, haciéndolos sentirse completos en una entrega mutua que nadie más podía compartir.
Al amanecer, los rayos del sol iluminaron la terraza donde descansaban abrazados, manos entrelazadas, respiraciones sincronizadas y cuerpos aún cálidos.
—Nunca imaginé que esto sería así —dijo Lioren, apoyando la cabeza en el pecho del alfa—. Tan intenso… tan real.
—Yo tampoco —respondió Kael, besando suavemente su cabello—. Pero ahora sé que podemos enfrentar cualquier desafío… juntos.
El Ducado del Norte, con sus dificultades y su gente, ya no parecía frío ni inaccesible. Con la unión de sus duques, el ingenio de Lioren y la fuerza y estrategia de Kael, comenzaba a transformarse en un lugar de esperanza, amor y prosperidad.