El Hospital Bernet siempre ha sido un lugar de segundas oportunidades… pero también de secretos que nunca sanaron.
Después de años lejos, Claudia Borges regresa para trabajar como interina, acompañada de su pequeña hija. Todos creen que la niña es hija de Agustín Murillo, su novio fallecido en un accidente.
Todos… menos alguien.
El doctor Osmán Bernet, hermano gemelo de Agustín, carga con un estigma que no merece: fue señalado como el villano de la historia, el que “arruinó” la relación de su hermano, el que siempre estuvo un paso detrás. Pero solo él conoce la verdad… o parte de ella.
Porque aquella noche en que Agustín la abandonó enferma, fue Osmán quien la cuidó.
Fue Osmán quien la sostuvo bajo el agua tibia.
Fue Osmán quien escuchó su llanto, su fiebre, su ruego…
Y fue a él a quien Claudia entregó su cuerpo sin saber que no era Agustín.
NovelToon tiene autorización de yeimy mora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
En mi corazón existe alguien.
—Escucha, no voy a discutir aquí. Iré arriba y firmaré ese documento, luego discutimos en privado.
Claudia, sígueme.
Osmán subió las escaleras de dos en dos.
—No puede ser… —Patrick corrió tras ellos—. ¡Hijo, espera! No puedes firmar así.
Pero Osmán no lo escuchó. Abrió la oficina de su padre y buscó la carpeta.
—Aquí está…
Claudia y Patrick llegaron justo cuando Osmán dejó caer el bolígrafo.
—Está hecho. Mi firma ya está en ese documento.
—Hijo… —Patrick tembló.
—Soy el accionista mayoritario. Tengo las acciones de mi madre y las mías.
—Y yo las de Agustín —respondió Patrick, aferrándose a su nombre—. Estamos parejos. En el fondo se niega a retirarse, todavía no puede hacerlo.
—Entonces tengo voz y voto. La doctora Borges no se irá de este hospital. No te metas con ella.
—¿Ves lo que provocas? —rugió Patrick—. Me quitas a mi otro hijo y nos lanzas a pelear.
La secretaria observaba desde afuera. Por esa razón, Patrick pasó entre Claudia y Osmán y cerró la puerta con furia.
—He esperado este día para recordarte tus palabras —continuó—. ¿Acaso ahora no soy un asesino para ti? ¿Ahora sí soy tu hijo?
Las venas de su frente se marcaron. Osmán estaba furioso.
—Deja de aparentar que tenemos una buena relación. Nunca me escuchas, nunca estás para mí. No culpes a otros por esto. No culpes a la doctora Claudia cuando sabes que siempre me comparaste con tu adorado Agustín.
Osmán despertó una ira que ni él sabía que cargaba.
—Doctor… creo que debo irme —intervino Claudia—. No pelees con tu padre por mi culpa. Déjalo seguir equivocado conmigo.
—No. Yo iré contigo.
Pese a su malestar, Osmán la sujetó del brazo.
—No me toques —Claudia se apartó, y sacudió el brazo—. Puedo salir sola. No quiero comentarios.
Osmán lo entendió y ambos salieron.
—¡Osmán, regresa! ¡No hemos terminado! —gritó Patrick.
—Yo sí terminé. En los próximos días tomaré mi lugar. Solo dame tiempo para encontrar mi reemplazo.
Claudia bajó a toda prisa y, Osmán la siguió hasta la salida.
—Claudia, espera. No te vayas así.
—Lo siento mucho, doctor. Gracias por defenderme, pero no puedo quedarme. El señor Patrick es una persona realmente mala.
—¿Te hizo algo? —Osmán le bloqueó el paso, sintió que había algo más y que no lo quería decir.
—No te diré. Es tu padre… y el de Agustín.
—Claudia, por favor, confía en mí —le habló con suavidad.
—No puedo… En ese instante, recordó las palabras de Amber.
—Eso es entre el señor Patrick y yo. Por eso no voy a regresar. Gracias por lo que hiciste.
—Deja de ser tan terca.
—¿Terca? Ahora me ofendes. Doctor, creo que se ha tomado atribuciones que no debería. Usted y yo no podemos siquiera ser amigos.
—¿Por qué? Solo dame un motivo…
Osmán la sujetó de la cintura.
—Por esto —respondió ella—. Su parecido con Agustín me confunde. A veces he deseado que seas él.
—No digas eso… —su voz se quebró—. Eso me duele.
—Es verdad. Tu boca me provoca muchas cosas. Y sí, el día que te sinceraste conmigo deseé besarte.
—Claudia…
—Pero no eres él. Y es mejor no estar cerca de ti. Sería traicionar a Agustín, y si no lo sabías, odio las traiciones… las mentiras… y que me oculten cosas.
—Tiene razón —respondió Osmán, herido—. Nunca seré Agustín. No me gusta ni me gustó ser comparado con él. Y tampoco permitiré que alguien se enamore de mí solo por su recuerdo. Que me desees solo porque me parezco a él.
Las miradas fueron puñales. Ambos están negándose a aceptar la verdad. El lazo que los unía a Agustín, ponía una brecha entre ellos.
—Quiero que sepas que conmigo no hay problema. Puedes quedarte si lo quieres.
Osmán vio a Silvia salir del lugar. Era su salvación en ese momento, un escape a la realidad.
—Yo ya tengo a alguien en mi corazón.
El joven estiró la mano y Silvia tomó la suya. Sonrió y lo besó frente a Claudia.
Claudia abrió los ojos, incrédula. Su corazón golpeó con fuerza. Las piernas le flaquearon.
No se quedaría a ver más.
De inmediato, detuvo un taxi. Y solo se escuchó el portazo.
Osmán observó cómo el vehículo se alejaba. Y su pecho ardió.
—Mi amor… —Silvia sonrió y pasó su dedo por el labio de él—. Te quedó un poco de pintura.
—Déjalo. Gracias por aparecer.
—Vi que discutías con ella… no sabía que realmente me necesitabas.
—Esto te lo voy a recompensar. La confianza entre ellos parece muy sincera.
—No hace falta —Ella le dio un golpe suave en el brazo—. Ese beso me gustó. Te salió barato esta vez.
Osmán asintió y regresó al hospital con una presión insoportable en el pecho. No sabía qué era… solo sabía que le dolía.
Tal vez su actitud había abierto una brecha irreparable. Nadie lo sabe.
En el taxi, Claudia se limpió una lágrima rebelde.
—Osmán… eres un tonto. Maldito idiota…
No se parecía a Agustín.
Agustín era diferente.
Ahora estaba desempleada. Comenzaría a buscar trabajo en otros hospitales.
Minutos después...
—Hija…
Ezequiel la vio entrar.
—Papá… perdí mi empleo, pero no te preocupes, encontraré algo pronto.
Claudia atrajo a su hija hacia ella.
—Ven aquí, nena.
Al darle un beso, notó que llevaba algo en la mano.
—¿Qué es eso?
Claudia tomó la fotografía y se quedó sin aliento.
—Es Agustín… ¿de dónde la sacaste? Ella había guardado esa fotografía. Era de los pocos recuerdos que le quedan.
—Es el doctor —respondió la niña, confundida.
—No, amor. Este es Agustín, tu papá. Recuerda que te dije que te cuidaba desde el cielo.
—¿Mi papá? Ella aún era muy chica para comprender ciertas cosas.
—Luego lo entenderás.
Claudia contempló el rostro de Agustín… Y lo acarició.
pero en su mente apareció otro nombre.
Osmán...
No se dio cuenta del error, pero su corazón sí. a ese no lo puede engañar.
los padres nunca deben tener favoritos 😭😭😭😭😭😭