La historia de Megan Lowens y Craig Whitley es un poderoso relato de amor y superación personal. A través de su encuentro fortuito, estos dos personajes encuentran la fuerza necesaria para enfrentar sus propios demonios y apreciar la delicadeza de la vida. Cambian su perspectiva sobre ella, dándole un valor significativo y recordando a los lectores la importancia de la empatía, la amabilidad y la resiliencia en medio de la adversidad.
NovelToon tiene autorización de Taycreaciones. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
22.
Megan Lowens.
Pasaron 4 meses más en los cuales tanto, Craig, como yo, seguíamos frecuentando nuestras habitación y perdiéndonos en el deseo y la locura.
La verdad es que el primer mes fué un golpe muy duro para mí ya que ninguno se había cuidado y la verdad... Aún albergaba la posibilidad de quedar embarazada. Pero nada de eso pasó, ni el primer mes... Ni los siguientes.
Sí, las noches se volvían mis aliadas y lloraba hasta el cansancio dejando a Craig fuera de todo esto, pues era algo que tenía por superar sola.
Él decía que no sufriera por ello, que aún éramos jóvenes y teníamos mucho por disfrutar, que llegado el momento veríamos si se puede solucionar de alguna forma o adoptar.
La verdad es que no me importaría adoptar, darle un hogar a un niño que no lo tiene pero... Creo que como cualquier mujer desearía dar a luz un hijo de ambos, uno que sea parecido a mí o a su padre.
Abrazándome a mí misma y doblando mis piernas comienzo a llorar una vez más, maldiciendo a Selig por todo el daño que me hizo, por ser el responsable de que hoy no pueda disfrutar libremente de un embarazo, pensando en que quizás... Nunca pueda experimentarlo.
— Ángel... —la voz de Craig sonó detrás de mí pero aún así no me giré a verlo, no quería que me viera llorar una vez más —... Ángel, déjame estar contigo, poder consolarte —pidió y lloré aún más.
Él es un hombre muy dulce, amable y quien se merece una buena mujer que le de todo lo que yo no puedo. Porqué pese a que ahora estoy un poco mejor, las inseguridades siguen formando parte de mi vida y el hecho de pensar en que no podré darle hijos me frustra aún más.
Quizás sólo es mi deseo, quizás él no lo quiera y por ello no le tome tanta importancia.
—¿Tú no... Tú no quieres hijos, Craig? —pregunté con mi voz completamente rota, sintiendo el peso de su cuerpo a mi lado.
—Quiero hijos, pero no aún —respondió acariciando mi brazo y dejando un suave beso en mi mejilla —sé que anhelas ser madre y quien dé a luz a nuestro hijo pero... Aún es pronto para pensar en ello y tenemos posibilidades de intentarlo más adelante —añadió —y de no ser posible, adoptaremos y...
—Adoptar no es lo mismo —interrumpí sentándome en la cama y cruzando mis piernas mientras mi mirada quedaba puesta en algún lugar perdido —no estoy en contra de hacerlo y darle un hogar a un niño necesitado pero... Quiero experimentar esa etapa de embarazo, quiero cargar a nuestro hijo y... —mis lágrimas volvieron a salir acompañadas de un sollozo —...Él me quitó la posibilidad de ser madre.
—Ángel... —susurró acurrucandome en sus brazos y permitiéndome llorar, siendo mi único consuelo —no llores mi amor, verás que lo conseguiremos más adelante, haré todo lo posible por...
—Lo odio, lo odio a tal punto que desearía verlo morir, ser convertido en un montón de nada —añadí con enojo mientras aferraba mis manos a su abrigo y lo veía a los ojos —quiero que él sufra más de lo que yo estoy sufriendo.
—Ángel, ¿Crees que lo dejaría ir así como así? ¿solo con una condena? —preguntó y me sorprendí —pagará muy caro por todo el dolor que te causó y yo me aseguraré de que así sea —agregó y sólo asentí.
No era la clase de persona que deseara el mal de alguien más, pero con Selig es totalmente diferente.
Él se merece lo peor del mundo y quisiera presenciar en persona todo su maldito sufrimiento, quiero verlo llorar como tantas veces yo he llorado, quiero que... Pague en vida por todo el daño que me causó.
—¿Qué te parece si dejamos el encierro y vamos a ver una película? —preguntó y giré mi mirada en otra dirección, no tenía ganas de salir.
—Craig yo...
—Si no quieres eso, podemos pasear por el jardín o aún mejor, visitar el centro comercial —¿El centro comercial de noche? ¿Se puede?
—¿Se puede visitar el centro comercial en la noche? —pregunté aturdida, pues jamás supe que el centro comercial pudiera frecuentarse en la noche.
—Mi ángel, así estuviese cerrado lo haría abrir por ti —contestó con una sonrisa y mis ojos se iluminaron —¿Entonces aceptas?
— Quiero visitar el centro comercial, jamás he ido de noche —respondí limpiando mis lágrimas y viendo una hermosa sonrisa aparecer en su rostro.
—No se diga más, vamos ahora mismo —pronunció mientras me tomaba de la mano invitándome a ponerme de pie.
—Espera, tengo el pijama puesto —lo detuve y él me vio de pies a cabeza —las personas pensarán que soy una loca por salir de esta forma a la calle —añadí oyéndolo reír.
—Está bien, dejaré que te cambies —respondió entre risas —pero que conste que si decides ir así y alguien se atreve a decir algo... Les presentaré a mis dos amigos —agregó mostrando los músculos de sus brazos y reí.
—Deja a tus amigos tranquilitos, por el momento prefiero parecer una persona cuerda —contesté entre risas —no me tardo.
Dicho eso, corrí a mi guardarropas por algo lindo para pasear dirigiéndome luego rumbo a la habitación de baño, pues pese a que Craig ya me conoce sin ropa; cambiarme frente a él significaría provocar a Craig junior y tener que quedarnos en casa como castigo.
Una vez lista, salí de la habitación encontrando a Craig en la cama viendo sus pies, aunque parecía que su mirada estaba mucho más lejos de lo que podía imaginar.
—Estoy lista —anuncie una vez me puse frente a él y me extendió su mano.
—Ángel —habló dándome a entender que si estaba pensativo —¿rechazaste mi propuesta de matrimonio por no estar preparada o por la parte de los hijos?
—No yo… Solo quiero que nos conozcamos más y llevemos nuestra relación despacio —contesté. Él besó mi mano y luego me regaló esa hermosa sonrisa que tanto lo caracteriza.
—Bien —agrego —ahora si vamos —asentí y juntos abandonamos mi habitación.
Él es todo un caballero.
Capaz de desvelarse por mí, matar a un sinfín de enemigos con tal de que sea feliz y... ¿Cómo sería posible no enamorarme de él?
En un principio temía arrastrarlo a mi inseguridad y formarlo parte de ese mundo de tormento, pero la realidad es que él era quien me llevaba a ese mundo lleno de felicidad y más felicidad.
Te lo debo todo, Craig.