Ludmila es una chica tímida que esta cursando su tercer año en la universidad. ella siempre se encuentra sola ya que su timidez la mantiene al margen de todos. vestida constantemente con gorros que cubren su cabello completamente, lentes que cubren casi todo su rostro y ropa holgada, es alguien que pasa desapercibida.
Shain es el chico popular, el que siempre tiene a toda chica loca por el, pero tiene una debilidad por su hermana menor a la que protege y consiente constantemente.
Ayse, hermana de Shain, logra que su hermano se acerque a la chica tímida para ella poder tener momentos mas que románticos con su novio Bruno, que es a su vez hermano de Ludmila.
¿podrá esta tímida muchacha lograr concertar una amistad con el chico que en el fondo de su corazón es su amor platónico?
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baño de madrugada
Nunca en mi vida odie este tipo de eventos como ahora. Siempre lo veíamos como un suceso divertido que pasábamos junto a mis amigos, cosa que, hoy no lo veo así.
Quien quiere ver a alguien con su espada enfundada lista para encertar su primer florete en medio del campo estudiantil.
Supongo que nadie.
Y acá estoy, vistiendo de forma apresurada a mi Luz. Tomo su pantalón y se lo lanzo para que apresuradamente se lo coloque. Luego tomo la remera que llevaba puesta y la ayudo a colocársela. Miro a mi alrededor buscando mi remera y es ahí que me percato que fue la mía la que le puse a ella.
Sonrío viendo que le queda como si fuera un vestido, me acerco y beso sus labios para voltear y buscar una en mi armario para mí.
Luego de colocarme la camisa, tomo los pantalones que vestía anteriormente y me los coloco rápidamente. Al terminar veo que mi Luz ya se calzo sus botas. Miro a mi alrededor nuevamente para colocarme mis zapatos, pero al no encontrarlos, tomo unas ojotas y ya.
—¿Lista? —pregunto. Asiente y tomo su mano para correr escalera abajo y salir del departamento para correr donde ya hay muchos estudiantes refunfuñando por interrumpir sus noches un día sábado.
Ciertamente la comunidad estudiantil merma los fines de semana, pero no parece ser el caso de este. Abrazando a mi chica veo el momento justo en que el par de neandertales de mis amigos salen de unos de los departamentos semi desnudos con unas chicas que luce exactamente igual a ellos.
Leandro me ve y me saluda levantando la mano, lo imito y Martín le sigue a su gesto. Las chicas que los acompañan miran en mi dirección y sorprendidas cubren sus rostros como si yo fuera el único en todo el campo que ve lo que claramente está sucediendo entre ellos.
Como cada año, el rector de la universidad nos da su sermón y una hora después volvemos cada quien a su departamento.
Entramos y veo la hora, dándome cuenta que ya pasa de las diez de la noche y no sé si mi Luz querrá quedarse.
—Cariño quieres... —comienzo a decir, pero enseguida me quedo callado cuando la veo seguir el camino que lleva a las habitaciones.
Como si estuviera poseído por algún hechizo, la sigo. Llego a la habitación y me quedo casi de piedra cuando la encuentro en la misma posición en la que la tenía antes de que este ridículo simulacro comience.
—Si, quiero —dice cuando me ve.
No era lo que iba a preguntar, pero da igual. En menos de un segundo y con unos movimientos rápidos me despojo de los harapos que visto para enseguida estar sobre ella viendo esos encantadores ojos, sus mejillas sonrojadas.
Beso sus labios, mis manos tocan su tibio talle y profundizo el beso. Sus manos se alzan tomándome de mi cabello, soltando esos grititos que me enloquecen y logren que nuevamente esté listo.
Bajo por su cuello y nuevamente me encuentro con ese lunar que me tiene fascinado. Lo beso y me muevo hacia sus pechos para darle esa atención que la hace suspirar a la vez que arquear su columna.
Su piel se eriza a medida que mi boca humedece su piel, sigo mi camino hacia sus piernas. Dejo algunos besos y leves mordidas en sus muslos y me aparto para deshacerme de la última prenda que cubre su cuerpo.
Me sorprende su piel lampiña y no quiero pensar que mi hermana tenga algo que ver con esto. Levanto la mirada veo como aprieta sus ojos cerrados, acaricio sus muslos para relajarla un poco y veo como suspira y enfoca su mirada en mí. Le sonrío y sin apartar la mirada le abro las piernas para tener mejor acceso a su piel.
La primera lamida me hace gemir por lo dulce que es. Me pierde y devoro su centro. Sus manos tocan mi cabello y sus caderas se mueven por inercia. Escucho como se vuelve loca y no la suelto hasta que al deslizar un par de dedos en ella, su cuerpo se contrae y canta para mí el mejor de los gemidos que pude haber escuchado en toda mi existencia.
Sin esperar más, subo sobre ella. La humedad de su centro hará que sea más fácil y de una sola estocada me adentro a su ser.
El grito desgarrador que suelta me hace querer darme una patada en las bolas. Me mantengo quieto, llenando su cara de besos, limpiando las lágrimas que caen por sus mejillas rojas.
—Lo siento cariño, ya pasara —digo sin dejar de repartir besos.
—Fuiste muy bruto —se queja y asiento.
—Lo sé, lo siento —murmuro sobre sus labios—. Perdón, pero es más fácil hacerlo de una que ir despacio y prolongar todo.
—Ok... —gime y se mueve.
Dios, se siente tan bien estar dentro de ella que ya no aguanto estar tan quieto.
—Voy a moverme cariño, no aguanto más —anticipo y lentamente comienzo con el vaivén de mis caderas.
Al comienzo se estremece, pero pronto se relaja adaptándose a mí. Eso hace que adquiera confianza y besos sus labios mientras mis movimientos van adquiriendo velocidad.
Levanto una de sus piernas, gime y eso me hace que sea un poco más brusco. Muerdo la piel expuesta de su cello y su pierna se cierra en mi cadera. Sus manos jalan mi cabello y suelta un delicioso jadeo. Suelta mis torturados cabellos y siento como sus uñas se clavan en mi espalda y llegan a mi trasero para apretarme haciendo que este más profundo en su interior.
Esos movimientos salvajes me dan un indicio de lo que le puede llegar a gustar y estoy por resale a Dios para darle las gracias.
No tarde en llegar al clímax sintiendo que ella me aprieta. Nuestros gemidos se mesclan y siento que estoy tocando las puertas del cielo.
Caigo sobre su pecho agitado y de pronto somnoliento.
—Me has dejado agotado —murmuro sobre su hombro.
—Aja... —murmura igual de agitada que yo.
Levanto la mirada para encontrarme con sus ojos cerrados y una sonrisa en su boca. Beso sus labios y aunque no estoy listo para apartarme, lo hago. Ella protesta en respuesta.
Creo que el vacío nos recorre a ambos por igual.
—¿Quieres darte un baño? —pregunto.
—Si, pero dame un momento que no siento ni las piernas —murmura haciendo que mi ego se infle.
Me acomodo a su lado y ella se acurruca en mi pecho mientras sus dedos juegan con mi pecho. Cierro los ojos sintiendo la paz que ella solo tramite.
Debo de haberme quedado dormido, cosa que confirmo cuando miro mi celular percatándome que ya son más de las tres de la madrugada. Miro a mi chica que duerme sobre mi pecho. Ambos desnudos, recorro su espalda con la mano que esta debajo de ella y aparto las llamas de sus cabellos para ver mejor su rostro tranquilo.
Me muevo un poco y frunce su ceño, como si no estuviera conforme con mi movimiento. Necesito ir al baño. Me deslizo hasta por fin salir de su agarre y dirigirme al baño.
Hago mis necesidades y miro la ducha.
—¡Shain! —escucho el llamado de mi princesa y oprimo el botón del retrete para enseguida volver al cuarto.
—¡Aquí cariño! —digo traspasando las puertas de mi habitación.
—Necesito ir al baño, pero dudo que mis piernas me quieran ayudar —dice con un encantador puchero que me pone a maquinar ideas pervertidas con esa boca roja.
En dos zancadas ya estoy a su lado, tomándola como si fuera una princesa, aunque no hace falta que lo aclare, ciertamente lo es.
Vuelvo al baño con ella y la ayudo a que se siente en el retrete, para que haga sus necesidades, mientras me encargo de acondicionar la ducha para ese baño tardío.