Sara queda huérfana luego de perder a sus padres en un accidente, pero aun así ella sigue viviendo con optimismo y tenacidad, convirtiéndose en una hermosa chica. Sin embargo, su vida cambia por completo cuando conoce a ese hombre. Él es un mafioso homicida, el cruel emperador que ronda por las oscuras calles. La belleza de Sara lo deja hechizado, codiciando todo de esta hermosa joven.
-La mayoría de las mujeres, dicen que el sexo masculino, siempre muere primero por hacer cosas estúpidas…. Ella da dos pasos hacia atrás y me mira confundida.
-Me pregunto que hace una chica… que al parecer es bastante llamativa ante los ojos de cualquier hombre, cruzando un parque a media noche…. Si quieres que abusen de ti dímelo, yo estaría encantado…
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CAPITULO 22
Una vez el carro se puso en marcha, mi rostro giro hacia el cristal de la ventana, se me había vuelto costumbre, hacer eso cada vez que salía de mi cautiverio. Tenía miedo “si”, demasiado, pensar que tal vez me encerrarían y no volvería a ver la luz del sol, iba a hacer algo difícil de aceptar. La camioneta recorrió más de una hora, o eso creo, ingresamos, hasta una villa apartada de la civilización, sentía que los árboles nos tragaban porque por donde quisieras mirar, era forestación. Al cruzar la barrera de seguridad, hombres aparecieron por todos lados. Al menos, 5 o 7 hombres que a simple vista pude contar con armas visibles, nos miraron y en un asentamiento dejaron seguir la camioneta, que se detuvo frente a una lujosa mansión.
Acerqué mi rostro al cristal de la ventana y miré hacia la enorme casa, definitivamente era muy lujosa, estaba embobada mirando todo lo que tenía mi vista a su alcance, cuando, uno de los hombres abrió la puerta, invitándome a bajar; al poner un pie fuera sentí una sensación extraña. El frío viento, envuelto con la calidez del sol, acarició mi rostro, dándole un suave roce de calor. Una señal de parte de la guarura, fue suficiente para seguir y caminar hacia la entrada, empecé a escanear todo el lugar, jamás en toda mi vida ni siquiera en las películas que solía ver había visto algo como esta casa, a simple vista tendría unos 3000 m², estaba cubierta por cristales desde el piso hasta el techo. Detuve mis pasos, y giré en mi propio eje apreciando el paraje. Este hombre tenía que ser alguien supremamente grande para tener lugares tan hermosos… Mi vista murió en el comedor, a este lo decoraba todo su alrededor fuentes de agua que desplegaban un sonido relajante.
-Señora Sara sígame por favor.
Pegue un pequeño brinco del susto, estaba tan ida mirando tanto lujo, tanta belleza que se me olvidó por completo donde me encontraba. Dos mujeres, por lo que pude apreciar, asiáticas, con un pequeño, o más bien diminuto uniforme, llegaron hasta mí y me hablaron en un idioma que no distinguía, pero que si mi situación fuera otra hubiese muerto de risa. Me miraron de arriba abajo y una de ellas me hizo un gesto para que la siguiera, de inmediato nos encaminamos hacia el segundo piso, roso una tarjeta y un sonido proveniente de la puerta hizo que esta se abriera. Al entrar, quede con la boca abierta, era una habitación muy hermosa, desde cuadros, faroles, sofás hasta un minibar, la adornaba. Parecía una mini casa. Caminé hacia el enorme cristal que dejaba divisar un hermoso lago cubierto de árboles, quedando impresionada con tanta belleza; di aún paso hacia atrás, cuando las cortinas de color negro, se cerraron de golpe, la mujer que me acompañaba había oprimido un botón para que estas se cerraran. La miré con un poco de confusión. ¿Por qué hacía eso?, el lugar sin más se iluminó, lo cual me causo un poco de tranquilidad, porque no quería quedar en completa oscuridad.
Después de detallar cada rincón, la mucama salió de la habitación, encerrándome, suponía que órdenes del señor. Así que no tenía por qué desquitarme con ella. Ingresé al baño y como todo aquí, “era demasiado lujoso”. Me di una larga ducha que me ayudó a relajarme por un buen rato. Al salir me percaté que mi maleta aún no estaba en la habitación, así que revise el enorme closet y tome otra sudadera, me gustaba este atuendo, ya que tapaba gran parte de mi cuerpo, para no provocar a ese monstruo. Aunque sabía que en cualquier momento me violaría de nuevo, algo que me tenía muy inquieta. El sonido de la puerta me puso alerta, la misma mujer ingresó con una charola llena de comida que dejo en una mesita, y con las mismas salió y se fue, verifiqué la charola y nada de lo que había allí, Me apeteció comer así, que le di poca importancia y me introduje en la cama quedándome dormida en cuestiones de segundos.
Un peso inusual en mi cuerpo, en medio de mi somnolencia, hicieron que me estremeciera. Sentí como tomaron mis manos, subiéndola sobre mi cabeza. Al abrir mis ojos, encontré lo que me temía. Dominic tenía su boca enterrada en mi cuello. Me sacudí lo más fuerte que pude, pero fue una estupidez hacer aquello porque apretó mis muñecas al punto de generarme un fuerte dolor. Relajó su cuerpo y lo descargó sobre mí, sentí sus enormes pectorales hicieron contacto con mis pecho. Quería hablar y decirle que se detuviera, pero lo más seguro era que se molestaría y no quería que me golpeara nuevamente. Solté mi cuerpo y él pudo sentirlo porque empezó a descender la presión en mis muñecas al punto que dejó de doler, cerré mis ojos, deje que me besara, tocara, que hiciera lo que quisiera conmigo, deseaba que este bochornoso momento que de seguro sería muy constante, terminara. Soltó mis muñecas, pero aun así me quede en la misma posición, sus manos empezaron a viajar al valle de mis se**nos, poniendo toda su atención allí.
Su boca empezó a dejar besos húmedos por mi abdomen, cuando llego a mi ombligo deposito un suave beso que me hizo erizar la piel enviando olas de calor a mí entre pierna. Me reproché a mi misma, porque mi cuerpo me estaba traicionando.
-Quiero hacerte mía. Espeto con voz ronca
Decir esas palabras me hicieron golpear la realidad, haciéndome comprender que quien me estaba haciendo sentir placer, era una persona inhumana, malvada por donde la miraras, Iba a decirle no, pero me interrumpió hablando primero.
-Sé que estás igual de excitada que yo. Concéntrate en lo que haces y luego acatas la orden de arrepentimiento que te debe estar dando tu mente.
¡Mierda estaba en una batalla, con mi mente y el placer que este animal me estaba dando!. Dominic no paro y eso me tenía envuelta en una burbuja donde solo pensaba en el gustoso momento que estaba viviendo, olvidándome por completo lo animal que había sido conmigo. Toda su atención la tenia en mis lugares prohibidos, haciéndome sentir una ola de placer, que exploto haciendo que miles de estrellas pasaran frente a mi.
-Mira -Llevo sus dedos hasta mi boca para probar mis propios jugos - Sabes delicioso.
Retire la mirada, y la posé en algún lugar de esa habitación oscura, el sentimiento de culpa regreso golpeando más fuerte. No me reconocía. Esta no era yo. Una lágrima salió de mis ojos, e intente levantarme de la cama, pero las enormes manos de Dom me detuvieron.
-Yo te di placer, ahora creo que lo más justo es que tú me lo des a mí. -Hablo dando suaves besos en mi cuello.
Me empecé a remover un poco incómoda, por la situación, del placer y la necesidad que sentí hace un momento, solo quedaba el arrepentimiento, Dominic empezó a ejercer presión, esta vez en mi cintura, sentía como clavaba sus dedos en mi carne.
-Así como te di placer, te puedo dar dolor, así que no luches, contra algo que no quieres.
Mis manos se volvieron un nudo\, cerré y apreté mis ojos\, tratando de soportar. Dominic se detuvo por un momento haciendo un viaje con sus manos desde mis rodillas\, hasta llegar a mi zona v\, jugueteo con sus dedos\, pero al ver que no hubo reacción positiva de mi parte\, se tornó violento con sus esto*ca*das\, cada una era dolorosa\, como si me estuvieran arrancando las entrañas. Apreté mis labios\, para no pronunciar palabra alguna\, para no gritar\, pero fue imposible\, estaba siendo demasiado bruto al tomarme de esa manera. Jadee de dolor ya no soportaba más – Basta me lastimas. Y como si fuesen las palabras que estaba esperando\, termino corri**én**dose dejando un suave beso en mi frente. y retirándose para ir al baño.
Cuando toqué el suelo sentí caerme gracias a que mis piernas temblaban\, como pude tome la sudadera\, y me vestí rápidamente para salir de este lugar\, camine hacia la puerta y sentí como algo bab*oso co*rría entre mis pi*ernas\, me sentí sucia\, sabía que necesitaría un baño muy\, pero\, muy largo. Olvide lo de mi baño para recordar lo sucedido hace un momento\, como demonios mi cuerpo lo acepta\, si fue el maldito culpable de mis desgracias\, mato a mis padres\, me jodió mi niñez\, me arrebato mi libertad\, mi pureza e incluso me obligo a matar… Tome el pomo de la puerta sacudiendo mis pensamientos\, necesitaba salir de estas cuatro paredes y tomar aire fresco\, pero una voz al parecer muy molesta hizo que me detuviera en el intento.
-¿A dónde crees que vas? -solté el pomo, y me gire suavemente, podía sentir el calor de su cuerpo, él estaba frente a mí. -Tengo sed, dije lo primero que se me paso por mi mente.
Estiro su mano, y pensé que me golpearía, por instinto cerré mis ojos, esperando cualquier arrebato de su parte, arrebato que nunca llego, ya que solo estiro su brazo para encender la luz. Abrí lentamente mis ojos y el aún seguía frente a mí, mirándome, como diciéndome que demonios te pasa. Giro en sus pies y camino hacia el minibar, abrió la pequeña nevera y saco una botella de agua, que me ofreció
-Supongo haber dejado claro, que Odio que me dejen con las manos estiradas. Dijo algo serio.
Me despabilé y me acerque para tomar la botella de agua, la cual desocupe de un solo sorbo, me quede de pie en el mismo lugar, mis ojos, miraban cada movimiento que hacía Dominic. No quería acercarme a él, no quería que me tocara de nuevo.
-Crees poder dormir de pie. Hablo tomando su celular, para ponerlo en la mesa de noche que está al lado de la cama.
-Negué lentamente, boté el recipiente a la basura, y me acosté dándole la espalda, mi cuerpo quedo rígido, tratando de no hacer muchos movimientos. Cerré mis ojos y tomé un pequeño suspiro, no tardaría mucho en quedarme dormida, mi cuerpo estaba agotado, mi conciencia se fue perdiendo lentamente hasta caer en un profundo sueño.
A la mañana siguiente, cuando desperté, Dominic ya no estaba a mi lado.
Algo que agradezco es que no me preguntaba muchas cosas, más bien sentía como si me diera mi espacio, para procesar cada situación… Me levanté de la cama, y duré en la ducha más de una hora, mis dedos estaban
arrugados por tanto tiempo en el agua, Salí envuelta en una toalla, abrí el armario, pero esta vez no solo tenía ropa de Dominic, sino también vestidos blancos de todos los diseños, creo que este hombre tenía una obsesión con ese color. Cuando al fin me decidí por un vestido digno de mi estilo, me vestí, mirándome al espejo, no me veía mal y cubría justamente las partes que más me incomodaban que me mirasen.
Gire en mis pies para salir de la habitación, cuando esta se abrió, dejando el semblante serio de Dominic, su mirada me recorrió desde mis pies hasta llegar a mi rostro donde puso su atención.
-No saldrás de esta habitación, hasta que yo de la orden. Me visitará gente no muy amigable, así que no quiero que te vean rondando por la casa. -Se acercó a mí para posar un mechón detrás de mi oreja. -Espero que obedezcas, si me llevas la contraria, y alguno nota tu presencia, tú, y hasta tu hermana, se unirán a la cacería que muchos de mis enemigos me tienen. -Tragué saliva, de cualquier manera, iba a estar en peligro, pero como no lo pensé antes, es un narcotraficante, una persona ilegal, claro que tiene muchos enemigos en que mierda me ha involucrado. Tomé aire en mis pulmones, bajé la cabeza y asentí lentamente.
-Bien, le pediré a la empleada que te suba el desayuno, en cuanto termine mi junta, avisaré para que salgas al jardín a tomar un poco de aire fresco. –Sus enormes dedos fueron a mi mentón para levantar mi rostro; me miro con ese brillo en los ojos, era interesante como cambiaba su mirada cuando estaba tranquilo y enojado, deposito un suave beso, giro en sus pies y desapareció por la puerta, lo extraño fue que esta vez, no escuche el clic de la herradura.