En el mundo moderno, Yang Zhang lo tenía todo: diecisiete años, un cuerpo alto (de más de un metro ochenta y ocho), músculos definidos de atleta y la imponente masculinidad del capitán del equipo de baloncesto escolar. Era el escudo de sus amigos y el orgullo de sus padres, dos dentistas de costumbres metódicas. Sin embargo, en un parpadeo, un brutal accidente vehicular destruye su vida y se lleva a sus padres en las llamas.
En el instante previo a la muerte, una entidad fría y enigmática llamada el "Sistema" interviene para salvar su alma. Cuando Zhang abre los ojos, descubre que ha sido transmigrado a un mundo místico de cultivo y clanes marciales, adoptado como el único heredero del sabio líder del Clan Yang.
Pero el cambio no es solo de mundo: al mirarse en el reflejo del agua, Zhang descubre con estupor que ya no posee su cuerpo alto y robusto de deportista. Ahora habita la figura de un joven de facciones delicadas, tez de porcelana, contextura pequeña, delgada y frágil.
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Capitulo 22- El Regreso al Clan Yang y los Secretos de la Recámara Azul
El viaje de regreso desde los dominios volcánicos del Clan Huo hasta las tierras ancestrales del Clan Yang tomó seis días a través de valles cubiertos de sauces llorones y ríos serenos. Tras semanas de constantes batallas, persecuciones e infiltraciones contra la sombra de Daa More, la visión de las pagodas de tejados voladizos y las murallas de piedra azulina del Palacio Yang produjo un alivio profundo en la comitiva.
Al cruzar los portones principales, las campanas de bronce repicaron con un tono festivo.
En la gran escalinata de mármol blanco los aguardaba el líder Yang Lu, vistiendo sus túnicas ceremoniales azul cobalto, acompañado por la joven Yang Che. La hermana adoptiva de Zhang no esperó a que la caravana se detuviera por completo; al ver la figura menuda de Zhang descender del carruaje, corrió por la escalinata con una amplia sonrisa, envolviéndolo en un abrazo cálido que hizo volar los pliegues de sus vestidos de seda.
—¡Zhang! ¡Estás a salvo! —exclamó Yang Che, separándose un poco para revisarlo de la cabeza a los pies con genuina preocupación—. Mi padre y yo recibíamos los informes de la academia, pero ver las cicatrices de la Peste Verde en las fronteras nos tenía con el corazón en un hilo. Y mírate... ¡estás más delgado!
Zhang rió con su voz suave y cristalina, acomodándose las mangas de su túnica de viaje.
—Estoy perfectamente, hermana —respondió Zhang con calidez—. La instrucción en la academia y los viajes han sido intensos, pero no he estado solo.
Zhang se giró levemente hacia Chen Liu, quien permanecía de pie a un par de pasos de distancia, erguido y en respetuoso silencio. Yang Lu se acercó despacio, posando una mano firme sobre el hombro de su hijo adoptivo antes de dirigir una profunda inclinación de gratitud hacia el segundo amo del Clan Chen.
—El Clan Yang estará eternamente en deuda contigo, joven Chen Liu —declaró Yang Lu con voz solemne—. Los informes del profesor Wuyen Cho destacan que tu lealtad y tu espada han protegido la vida de Zhang en cada rincón del reino.
Chen Liu devolvió la reverencia con impecable protocolo marcial.
—Es mi deber y mi deseo proteger al príncipe Yang, líder Yang —contestó Chen Liu en un murmullo bajo y sincero, cruzando por una fracción de segundo su mirada oscura con los ojos brillantes de Zhang.
Al caer la noche, tras un banquete de bienvenida en el Gran Salón, la paz regresó a los pabellones privados del palacio.
Zhang y Chen Liu se dirigieron hacia el corazón subterráneo de la residencia: la entrada a la Recámara Azul, el santuario místico donde Zhang había despertado por primera vez tras su transmigración y donde fluía la vena de qi curativo más pura de la casa Yang.
Las pesadas puertas de piedra esculpida con motivos de dragones de agua se abrieron con un murmullo sordo.
El interior de la gruta sagrada estaba iluminado por un estanque cristalino de aguas termales que emanaban un suave resplandor azul cobalto. La atmósfera era tibia, impregnada de una energía espiritual tan densa y purificadora que el cansancio de los últimos días pareció disiparse de los cuerpos de ambos jóvenes con solo dar un paso adentro.
Zhang caminó hasta la orilla del estanque y sacó de su estuche el ensamble de las cinco piezas de la Llave Temporal.
En cuanto el artefacto (sincronizado al 50%) entró en contacto con la energía de la Recámara Azul, la cúpula de cristal y los aros dorados comenzaron a flotar en el aire sobre las manos pálidas de Zhang, emitiendo una pulsación rítmica y armoniosa.
—Las lecturas holográficas no mentían —susurró Zhang, fascinado por la luz turquesa que iluminaba su rostro de porcelana—. El Sexto Fragmento estuvo aquí todo el tiempo, guardado en la matriz espiritual que mi padre adoptivo usó para salvarme.
Desde el fondo del estanque de agua purificadora, una esfera de cristal prisma emergió lentamente envolviéndose en un halo de luz azul. Atraída por la resonancia electromagnética de las piezas anteriores, la sexta reliquia se elevó hasta encajar con un chasquido mecánico perfecto: ¡CLACK!
De inmediato, la Llave Temporal (sincronizada ahora al 60%) desplegó un holograma envolvente que llenó toda la caverna.
A diferencia de las proyecciones anteriores que mostraban mapas estáticos o diagramas de armas, esta vez el holograma proyectó una secuencia de imágenes en movimiento del mundo moderno: rascacielos iluminados, calles transitadas, partidos de baloncesto bajo luces de estadios y, finalmente, la figura del propio Zhang en su vida anterior.
Zhang se congeló por completo en el sitio, sintiendo que el aliento se le escapaba del pecho. Las lágrimas amenazaron con asomar a sus ojos al ver los reflejos flotantes de su pasado terrenal.
Chen Liu, que observaba los extraños edificios de cristal y las luces desconocidas en la proyección, no miró el holograma; sus ojos estaban fijos en el rostro pálido y conmovido de Zhang.
Comprendiendo en el silencio de su alma el dolor de esa nostalgia, Chen Liu dio un paso al frente y rodeó a Zhang por la espalda, envolviendo su túnica azul entre sus brazos con una delicadeza inmensa. Apoyó suavemente la mentón sobre el hombro menudo de Zhang, sosteniéndolo contra su pecho para darle todo el calor de su presencia.
—Ese era... tu mundo, ¿verdad? —preguntó Chen Liu en un susurro extremadamente suave cerca de su oído.
Zhang recostó despacio la cabeza hacia atrás, apoyándose contra el hombro firme de Chen Liu y entrelazando sus dedos pequeños con la mano grande del segundo amo Chen que descansaba en su cintura.
—Sí... era mi hogar anterior —admitió Zhang con un hilo de voz sincera—. Pero ahora... estando aquí contigo, siento que mi verdadero lugar está en este mundo.
Chen Liu apretó el agarre de su abrazo, sintiendo cómo una calidez profunda y desbordante le llenaba el corazón. En medio de la proyección holográfica que parpadeaba con el mensaje: [SINCRONIZACIÓN AL 60%: Grieta Temporal Establecida], Chen Liu inclinó levemente la cara, dejando que sus labios rozaran con infinita ternura la sien de Zhang.
—No importa qué secretos revele esa llave ni qué puertas abra el futuro —murmuró Chen Liu con una voz baja cargada de una devoción eterna—. Yo seré tu refugio y tu hogar en cualquier mundo, Yang Zhang.
Zhang cerró los ojos con una sonrisa dulce y plena, disfrutando de la calidez de ese abrazo sanador en el corazón de la Recámara Azul, sabiendo que la batalla final contra el Clan Daa More estaba cada vez más cerca, pero que nada en el universo podría volver a separarlos.