Valentina Mendoza, una joven humilde, de corazón noble, que lucha por salir adelante y ayudar a su familia. No tiene dinero ni contactos, pero sí una dignidad que nadie podrá comprar, y por otro lado Alejandro Montenegro, un empresario multimillonario, atractivo, serio y dominante. Está acostumbrado a conseguir todo lo que desea, hasta que aparece una mujer que no se deja impresionar por su dinero.
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Capítulo 1. Una secretaria para el hombre más frío de la ciudad
El encuentro
Montenegro International ocupaba cuarenta pisos de uno de los edificios más lujosos de la ciudad. Desde las enormes ventanas se podía contemplar el movimiento de los automóviles y las personas que parecían diminutas desde aquella altura.
Valentina entró sujetando su carpeta contra el pecho.
Todo le parecía impresionante: los ascensores de cristal, los suelos brillantes, los empleados vestidos con trajes costosos y las recepcionistas que apenas levantaban la mirada para saludar.
Se sintió fuera de lugar.
Pero recordó las palabras de su madre y levantó la cabeza.
—Buenos días. Soy Valentina Mendoza, la nueva secretaria ejecutiva del señor Montenegro.
La recepcionista revisó su computadora.
—Piso cuarenta. Suerte. La va a necesitar.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué lo dice?
La mujer se inclinó hacia ella y bajó la voz.
—Porque el señor Alejandro Montenegro ha despedido a tres secretarias en menos de dos meses. No soporta los errores, no acepta excusas y, sobre todo, detesta que le hagan perder el tiempo.
Valentina tragó saliva.
—Bueno… procuraré no cometer errores.
—Eso dicen todas.
El ascensor se abrió y Valentina subió hasta el último piso.
Al llegar, encontró una oficina de paredes oscuras, muebles elegantes y una puerta enorme de madera.
Tocó dos veces.
—Adelante —respondió una voz masculina.
Entró.
Y lo vio.
Alejandro Montenegro estaba detrás de un escritorio, revisando unos documentos. Llevaba un traje negro perfectamente ajustado, una camisa blanca y un reloj que probablemente costaba más que la casa donde vivía Valentina.
Era un hombre de mirada intensa, mandíbula marcada y expresión impenetrable.
Levantó los ojos lentamente.
—¿Usted es mi nueva secretaria?
—Sí, señor. Valentina Mendoza. Mucho gusto.
Alejandro no le devolvió el saludo.
Observó su carpeta, su vestimenta sencilla y los zapatos que Valentina había limpiado cuidadosamente antes de salir de casa.
—¿Tiene experiencia trabajando con empresarios?
—No directamente, señor. Trabajé en una pequeña oficina contable y también atendía clientes.
—Entonces, ¿por qué cree que puede trabajar aquí?
La pregunta la tomó por sorpresa.
—Porque aprendo rápido y soy responsable.
—No le he preguntado si es responsable. Le he preguntado por qué cree que puede trabajar aquí.
Valentina apretó los dedos alrededor de la carpeta.
—Porque usted necesita una secretaria que haga bien su trabajo. Y yo necesito una oportunidad para demostrar que puedo hacerlo.
Por primera vez, Alejandro dejó de mirar los documentos.
La mayoría de las personas que entraban a su oficina intentaban impresionarlo, halagarlo o demostrar cuánto sabían de él.
Aquella joven, en cambio, lo miraba directamente a los ojos.
—¿Siempre responde de esa manera? —preguntó él.
—¿De qué manera, señor?
—Como si no le tuviera miedo.
Valentina sostuvo su mirada.
—Le tengo respeto, señor Montenegro. No es lo mismo.
El silencio se instaló entre ambos.
Alejandro se recostó en su silla. Una expresión casi imperceptible cruzó su rostro.
Interesante.
—Su escritorio está afuera. A las ocho en punto quiero el informe de las inversiones que le envié ayer. Organice mi agenda, cancele las reuniones innecesarias y no permita que nadie entre aquí sin mi autorización.
—Entendido.
—Y una última cosa, señorita Mendoza.
Valentina se volvió hacia él.
—Mi vida privada no es asunto de mis empleados. No quiero preguntas, comentarios ni familiaridades.
Ella asintió.
—No se preocupe. He venido a trabajar, no a investigar su vida.
Salió antes de que él pudiera responder.
Alejandro se quedó mirando la puerta cerrada.
—¿Quién demonios se cree que es? —murmuró.
Sin embargo, cuando volvió a sus documentos, se descubrió pensando en los ojos de la nueva secretaria.
Y eso le molestó más de lo que estaba dispuesto a admitir.
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Holaaaaaa ❤️ besitos y disfruten este capítulo 😘