esta historia trata sobre dos estudiantes de universidad totalmente diferentes ya que uno es el popular y el otro el nerd de la clase con las mejores calificaciones que durante las vacaciones por cosa del destino se cruzan y así hablan un poco hasta que empiezan a ser más cercanos y empiezan una relación pero Adrián Walker es un estupido que solo vio a Liam como un pasatiempo durante las vacaciones
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No parece el mismo chico
La mamá de Adrián no esperaba volver a pensar tanto en Liam Carter.
Después de todo lo ocurrido, había decidido que lo mejor era mantenerlo lejos de su hijo.
Le daba igual si estaba arrepentido.
Le daba igual si lloraba o se disculpaba.
Porque ella había visto a Adrián llegar destruido a casa.
Y esa imagen todavía le dolía.
Pero entonces apareció el video.
La confesión pública de Liam.
Y aunque al principio no quiso verlo completo…
terminó haciéndolo.
Sola en la cocina.
De noche.
Mientras Adrián estaba dormido en su habitación.
Lo observó en silencio desde el inicio hasta el final.
Vio cómo Liam admitía todo.
Cómo aceptaba la culpa sin intentar justificarse.
Y sobre todo…
cómo hablaba de Adrián.
Con cariño real.
Con arrepentimiento real.
Cuando terminó el video, ella dejó el teléfono lentamente sobre la mesa.
Y por primera vez…
no vio al chico popular arrogante del instituto.
Vio a un adolescente asustado que había cometido un error horrible.
Uno muy grande.
Pero real.
Los días siguientes empezó a notar otras cosas también.
Adrián volvía a mencionar a Liam sin darse cuenta.
Pequeños detalles.
—A Liam le gustaba mucho esta cafetería…
—Max siempre se emocionaba cuando Liam venía…
—Liam odiaba el café sin azúcar…
Y cada vez que lo hacía…
su expresión cambiaba apenas.
Triste.
Confundida.
Como si intentara odiarlo y no pudiera completamente.
Eso preocupaba a su mamá más de lo que quería admitir.
Una tarde, mientras Adrián hacía tarea en la sala, alguien tocó la puerta.
Toby empezó a mover la cola inmediatamente.
Max levantó la cabeza del sofá.
Y Adrián se tensó de golpe.
Porque ambos perros solo reaccionaban así con una persona.
Su mamá abrió la puerta lentamente.
Y ahí estaba Liam.
Con ojeras marcadas y las manos metidas en los bolsillos de la sudadera, como si estuviera nervioso solo de estar ahí.
Max caminó hacia él primero.
Sin gruñir esta vez.
Solo olfateándolo.
Liam sonrió apenas y acarició su cabeza automáticamente.
Como si todavía fuera costumbre.
La mamá de Adrián observó eso en silencio.
Porque los perros habían dejado de reaccionar bien a casi todos desde que Adrián empezó a pasarla mal.
Pero con Liam…
seguían comportándose igual.
Adrián apareció detrás de ella segundos después.
Y se quedó quieto al verlo.
—Hola… —murmuró Liam suavemente.
El silencio fue incómodo.
Hasta que la mamá de Adrián habló.
—¿Qué haces aquí?
La pregunta no sonó agresiva esta vez.
Solo cansada.
Liam bajó la mirada un segundo.
—Solo quería traer esto.
Levantó una pequeña bolsa de papel.
Adrián frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué es?
—Las galletas de la panadería que te gusta.
Eso sorprendió a ambos.
Porque era un detalle demasiado específico.
Demasiado personal.
La mamá de Adrián observó cuidadosamente la expresión de Liam.
No parecía estar intentando impresionar a nadie.
Ni actuar.
Simplemente parecía… sincero.
Y agotado.
Liam habló otra vez:
—No voy a quedarme mucho. Solo quería saber cómo estaba Adrián.
La mamá de Adrián cruzó los brazos lentamente.
—¿Y por qué debería creer que ahora sí te importa?
Liam levantó la vista.
Y respondió algo que ella no esperaba.
—Porque ya no me queda nada que proteger mintiendo.
Eso la dejó callada.
Adrián también.
Porque Liam tenía razón.
Sus amigos se alejaron.
Los rumores explotaron.
Su reputación cayó igual.
Y aun así seguía apareciendo ahí.
Frente a la puerta.
Con miedo.
Pero quedándose.
La mamá de Adrián suspiró lentamente.
Luego miró la bolsa de galletas.
Y finalmente dijo algo que sorprendió incluso a Adrián.
—…Pasa antes de que se enfríen.
Los ojos de Liam se abrieron apenas.
—¿Qué?
—No significa que te perdoné —aclaró ella inmediatamente—. Pero hace frío afuera.
Liam parecía demasiado sorprendido para responder rápido.
—Gracias…
Y mientras él entraba a la casa con cuidado, Adrián sintió el corazón latiéndole demasiado fuerte otra vez.
Porque por primera vez desde que todo se rompió…
algo parecía empezar a cambiar.
Aunque todavía daba miedo.