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DOMANDO A LA BESTIA

DOMANDO A LA BESTIA

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él juró protegerla del mundo, pero no sabe cómo protegerse de ella. Entre reglas rotas y secretos compartidos, Alexander descubrirá que su cicatriz no es lo más difícil de sanar, y que, a veces, para ser libre, hay que dejarse domar.
¿Podrá la luz de Isabella iluminar la oscuridad de la Bestia, o terminará ella consumida por sus sombras?

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capitulo 20

Narrado por: Isabella

El eco de mis tacones sobre el mármol del gran salón suena como disparos amortiguados. Llevo un vestido de seda verde esmeralda, ajustado como una segunda piel, con un escote en la espalda que llega hasta la base de mi columna. Alexander dice que el verde es el color de la esperanza, pero hoy, mientras me miro en el espejo antes de bajar, solo veo el color de la envidia y el dinero. He recogido mi cabello en un moño tirante, dejando mi cuello expuesto; me siento desnuda sin el peso de su mano allí, pero necesito que este hombre, Julián Valente, vea a la mujer que ha sobrevivido a la Bestia, no a la niña que él cree poder manipular.

Alexander me observa desde las sombras del pasillo superior. No ha dicho nada, pero su mandíbula está tan tensa que parece a punto de estallar. Sus ojos grises me recorren con una mezcla de orgullo feroz y una protección asfixiante. Sabe que este es mi territorio ahora.

—Recuerda —su voz baja desde la barandilla, resonando en el vacío del salón—: un lobo solo ataca cuando huele el miedo. No le des ni una gota.

—He aprendido del mejor cazador, Alexander —le respondo, lanzándole una mirada que es a la vez un desafío y una caricia.

Entro en la sala de reuniones pequeña. El aire huele a rancio, a tabaco de pipa y a esa colonia barata que intentan usar los hombres que quieren parecer más ricos de lo que son. Julián Valente está sentado frente al ventanal. Es un hombre de unos cincuenta años, con el cabello canoso engominado y una sonrisa que no llega a sus ojos. Fue la sombra de mi padre durante dos décadas.

—Isabella... —se pone de pie con una elegancia fingida—. Estás radiante. Marcus estaría orgulloso de ver en qué mujer te has convertido. Aunque dudo que aprobara este "arreglo" con Thorne.

—Ahórrate los cumplidos, Julián —me siento frente a él, cruzando las piernas con una lentitud deliberada. El roce de la seda contra mi piel me recuerda el calor de Alexander hace apenas unas horas, y esa sensación me da una fuerza que Valente no puede imaginar—. Has venido a hablar de negocios y de "secretos". Empieza por lo primero antes de que pierda la paciencia.

Valente se inclina hacia adelante, apoyando sus manos sobre la mesa de cristal.

—Los socios de tu padre están preocupados. Creen que Alexander te está coaccionando para apoderarse del consorcio Colón. Han presentado una demanda para invalidar tu firma en los documentos de transferencia. Si firmas este fideicomiso que he preparado, nosotros protegeremos tus activos. Seguirás siendo rica, Isabella, pero sin el estigma de ser la "concubina" de un criminal como Thorne.

Siento una oleada de náuseas, pero mantengo mi rostro impasible. Mi mano derecha, oculta bajo la mesa, aprieta la tela de mi vestido.

—¿Concubina? —repito, dejando escapar una risa gélida—. Alexander Thorne es el único hombre que me ha dicho la verdad en este nido de ratas. Si crees que voy a entregarle el imperio de mi padre a un grupo de parásitos que huyeron en cuanto Varga atacó, es que me conoces muy poco.

—¿La verdad? —Valente saca un sobre de cuero marrón de su maletín y lo desliza sobre la mesa—. ¿Crees que ese hombre te ha dicho la verdad, Isabella? Alexander Thorne te usa como un escudo moral. Él necesita tu apellido para limpiar su sangre.

—Él me ama —digo, y mi voz suena más firme de lo que esperaba.

—Él te desea, que no es lo mismo —Valente golpea el sobre con el dedo—. Aquí dentro hay grabaciones que Alexander no rescató del puerto. Grabaciones que él borró antes de que tú pudieras verlas. Tu padre no fue el único arquitecto de la tragedia de los Thorne, Isabella. Marcus intentó detener el ataque a último momento. Fue Alexander... fue su sed de poder lo que precipitó la muerte de sus propios padres para heredar el control total de la empresa familiar. Él necesitaba una tragedia para justificar su ascenso.

El mundo parece detenerse. El aire se vuelve denso, difícil de tragar.

—Mientes —susurro.

—Escúchalas tú misma. Alexander sabía que Varga iba a atacar esa noche. Dejó la puerta abierta, Isabella. Dejó a sus padres morir para convertirse en la Bestia que hoy todos temen. Y ahora te tiene a ti, la hija del hombre que él convirtió en su chivo expiatorio.

Valente se pone de pie, cerrando su maletín.

—Quédate con el sobre. Piénsalo. Si decides que ya no quieres dormir con el hombre que planeó la tumba de su propia estirpe, llámame. El fideicomiso sigue sobre la mesa.

Se marcha, dejándome sola con el silencio y el sobre marrón que parece quemar el cristal de la mesa. Me quedo inmóvil, mirando hacia el jardín donde Alexander y yo compartimos nuestro primer momento de paz. ¿Es posible? ¿Es posible que el hombre que me sostiene en la oscuridad sea el creador de sus propias sombras?

La puerta se abre y Alexander entra. Su presencia llena la habitación, pero por primera vez, me hace retroceder internamente. Me observa, viendo el sobre, viendo la palidez de mi rostro.

—¿Qué te ha dicho? —pregunta, su voz es un trueno contenido.

—Cosas que dicen que eres un monstruo diferente al que yo conozco —respondo, levantándome. Mi vestido esmeralda ahora se siente como una mortaja—. Dice que sabías lo del ataque a tus padres. Que lo permitiste.

Alexander se queda petrificado. Sus ojos grises se oscurecen hasta volverse casi negros. No hay una negativa inmediata, no hay una explosión de ira. Solo un silencio pesado que confirma mis peores miedos.

—Isabella... —da un paso hacia mí, pero yo pongo la mesa entre nosotros.

—Dime que es mentira, Alexander. Mírame a los ojos y dime que no sabías que Varga vendría esa noche hace quince años.

Él baja la vista por un segundo, y ese segundo es una eternidad de dolor.

—Sabía que algo se movía —dice, su voz rompiéndose—. Era joven, estaba lleno de arrogancia... pensé que podía manejarlo solo, que podía atrapar a Varga en el acto y demostrarle a mi padre que yo era digno del mando. No sabía que Marcus había desactivado las alarmas. No sabía que vendrían a matar, no a negociar.

—¡Lo sabías! —le grito, las lágrimas finalmente desbordándose—. ¡Dejaste que pasara por orgullo! ¡Y me dejaste creer que mi padre era el único demonio en esta historia!

—¡Tu padre dio la orden, Isabella! —él rodea la mesa y me agarra por los hombros, obligándome a mirarlo. Su tacto es eléctrico, una mezcla de desesperación y una sensualidad oscura que me atrae a pesar de mi odio—. Yo cometí un error de juicio, pero él... él cometió un acto de traición. No me compares con él.

Me zafó de su agarre, sintiendo el calor de su cuerpo todavía impregnado en mi piel. La tensión en la sala es asfixiante. El deseo que siempre nos ha unido ahora se siente como una cadena que me arrastra al fondo del océano.

—¿Cuántos secretos más guardas, Alexander? ¿Cuántas capas de sangre hay debajo de este lujo?

Camino hacia la puerta, llevándome el sobre. Necesito escucharlo. Necesito saber si el hombre que me posee cada noche es el mismo que permitió que su mundo ardiera por un gramo de poder.

—Isabella, no te vayas —su voz es una súplica ronca.

Me detengo en el umbral, sin mirarlo.

—Esta noche dormiré sola, Alexander. Y si lo que hay en este sobre es cierto... mañana no habrá una mansión Thorne lo suficientemente grande para escondernos el uno del otro.

Subo las escaleras, sintiendo el peso de mi vestido verde como si fuera de plomo. Al llegar a mi habitación, cierro la puerta con llave y me deslizo contra la madera hasta caer al suelo. El sobre está en mi regazo.

  pero el lobo más peligroso siempre ha estado dentro de mi cama. Mientras el sol se oculta tras las montañas, me preparo para escuchar la verdad que podría destruir el único amor que he conocido.

La sensualidad de nuestra última noche juntos ahora me quema como un recuerdo prohibido. Si él planeó su propio infierno, yo soy solo el último trofeo de su guerra.

Abro el sobre. El primer audio empieza a reproducirse. Y mi corazón se rompe al compás de su voz más joven, más arrogante... y más letal.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Te da miedo enamorarte y no lograr protegerla de ti mismo 🤣, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay bestia, tu serás el domado por Isabella, estas muy seguro de que ganarás 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tanto miedo le tienes a Isabella que no quieres ni que te mire, eres un blanducho no mas 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tu derribaras las barreras de ese corazón de hielo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Comenzó muy buena, pero triste para Isabella, ciando se entere 👏👏👏
Edith Hernandez
muy bonita la novela
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Susy
Excelente historia me encantó♥️♥️♥️
Susy
Que capítulo 😈
Susy
Triste 😔
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