Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capitulo 21
Amara
Este tiempo desde que volví ha sido agotador. El príncipe haciendo hasta lo imposible por conquistarme, mis padres ayudando a organizar los planes para derrocar al reino… y yo, en medio de una tormenta política sin tregua. Todo era tan diferente antes. Cuando vivía sola con Mateo, todo era natural, sencillo, feliz. Ahora todo es presión, máscaras, traiciones y una paranoia constante porque no puedes confiar en nadie.
La gota que derramó el vaso fue ese intento ridículo del príncipe de presionarme a casarme con él… ¡en medio del público! ¿Quién se cree que es? Lo que él no sabe es que vergüenza y escrúpulos son cosas que olvidé hace mucho. Estaba a punto de decirle que se fuera a la mismísima mierda cuando…
Entró Aurelian.
Y Dios… ese hombre. Se miraba increíble. Llevaba un traje militar que haría que cualquiera se le mojaran las bragas. Pero mi sorpresa fue aún mayor cuando lo escuché declarar, con toda la seguridad del universo, que yo era su prometida… y, sin más, me quitó el velo y me besó.
Quedé en estado de shock por un instante.
No sabía si seguir flotando en las nubes o cachetearlo por atreverse. Porque ese beso… fue real. Firme. Posesivo. De esos que no se olvidan.
Me reí, lo juro. Apenas bajé el velo de nuevo, agarré a mis padres y a Aurelian, los llevé a un rincón más privado y les solté una explicación entre risas.
—La mayoría de los soldados ya ha visto mi rostro, literalmente estuve en la guerra con ellos —les dije—. Además, deben entender que aquí no conocen las costumbres de nuestro reino.
Miré a Aurelian con una sonrisa maliciosa, aún dentro del velo, y le solté sin más:
—Por tal osadía… deberás casarte conmigo.
Lo dije como si fuera una tontería, una broma. No esperaba que alguien lo tomara en serio.
Pero mis padres no lo vieron así. Asintieron con aprobación, muy serios.
—Incluso la besaste —dijo mi padre—. Eso, según nuestras tradiciones, es motivo de muerte.
—Pero… —agregó mi madre, mirándolo con una sonrisa contenida— por ser hermano de Mateo, y por haber sido el que organizó la caída de este reino corrupto… podemos perdonarte. Solo si te casas con nuestra hija.
Yo estaba que me reía por debajo del velo, dispuesta a decir que era solo una broma cuando…
Aurelian habló.
Con una voz grave, firme, sin titubeos.
—Acepto. Será el mayor honor de mi vida casarme con la princesa Amara.
Silencio.
Me quedé sin palabras. ¿Había aceptado? ¿Así, sin más?
Lo miré con los ojos abiertos como platos, sin saber si quería besarlo otra vez o golpearlo por tomarse todo tan en serio.
Pero quien definitivamente no estaba contento… era Mateo.
El pequeño travieso había escuchado todo a escondidas y salió enfurecido, directo hacia su hermano, gritándole con rabia.
—¡¿Te volviste loco?! ¡¿Cómo te vas a casar con mi mamá?! —le pegó con su puñito en el estómago mientras Aurelian se agachaba para calmarlo—. ¡¡No puedes!! …aunque…
Se cruzó de brazos, mirándolo de arriba abajo.
—…aunque sí eres el que más se le acerca a mi confianza. Pero no te la pondré fácil.
Mis padres se carcajearon suavemente y aprobaron las palabras de Mateo con orgullo. Yo… solo podía mirar a los tres hombres frente a mí, suspirar…
Y preguntarme cómo demonios había llegado a este punto.
Pero vaya que no estaba tan mal.
Después de todo… era mi caos favorito.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno