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ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Arrogante / Mujer poderosa / Malentendidos / Romance de oficina
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Sebastián Vélez vive convencido de que su matrimonio con Luciana Salazar es un plano perfecto que no necesita reformas, aferrándose a una vida de lujos, libertad y la compañía de sus dos gatas. Sin embargo, tras dos años de matrimonio, Luciana está lista para ampliar la familia y le entrega un ultimátum que amenaza con demoler su mundo ideal.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Por qué tiene que pasarnos esto?

...CAPÍTULO 21...

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...SEBASTIÁN VÉLEZ ...

Llegué al piso del maternidad sudando frío, con el brazo doliéndome a rabiar recordándome que no estaba en mi mejor forma física, pero con una determinación que no me cabía en el pecho.

Al final del pasillo, vi la escena: Sera forcejeando verbalmente con dos tipos de traje como si fueran los porteros de una discoteca exclusiva. A unos metros, en la estación de enfermería, escuché los gritos de mi suegro.

—¡Es mi hija! ¡Tengo el poder adquisitivo para trasladarla a una clínica de verdad y no dejarla en este nido de ineficiencia! —rugía Mauricio, golpeando el mostrador del hospital.

—Señor, cálmese —respondía el médico de turno, un tipo joven que se veía exhausto pero firme—. La paciente es mayor de edad, está consciente y, sobre todo, tiene un esposo registrado. Sin la firma de ella o la autorización legal de su cónyuge, esa camilla no sale de este piso. Moverla en este momento es un riesgo innecesario para ella y para el feto. Además, no tengo la autorización del esposo.

—¡El cónyuge es un irresponsable que no puede ni cuidarse a sí mismo! —intervino la voz de Enrique, que apareció detrás de Mauricio con esa calma cínica que me daban ganas de borrarle de un golpe—. Doctor, entienda que la familia solo busca lo mejor.

Caminé hacia ellos con pasos pesados, haciendo que el eco de mis zapatos en el piso de granito anunciara mi llegada. Los guardaespaldas se tensaron, pero no me detuve.

—El "irresponsable" ya llegó —solté con una voz que salió más profunda y peligrosa de lo que esperaba.

Todos se giraron. La cara de Mauricio se puso roja de inmediato; Enrique, en cambio, compuso esa sonrisita de superioridad que se le borró en cuanto vio la furia en mis ojos.

—Sebastián, qué bueno que llegas —dijo Enrique, tratando de tomar el control—. Estábamos explicando que por el bien de Luciana...

—Tú no vas a explicar nada, Enrique. Tú nisiquiera deberías estar aquí —lo corté en seco, poniéndome frente al médico—. Doctor, como esposo de Luciana Salazar y su representante legal, le prohíbo terminantemente cualquier traslado que no sea por una necesidad médica crítica certificada por usted. Mi esposa se queda aquí bajo su cuidado.

—¡Tú no tienes derecho a decidir sobre su salud! —gritó mi suegra, apareciendo desde la habitación con los ojos llorosos—. ¡Eres tú quien la tienes en este estado!

—Tengo todo el derecho legal, señora —le respondí, tratando de mantener la calma por respeto a ella—. Y si intentan moverla, no solo llamaré a la policía por intento de secuestro, sino que denunciaré a este hospital y a cualquier médico privado que se preste para esta locura. Moverla ahora en la condición que se encuentra es poner en riesgo su vida y la de mi hijo. ¿Eso es lo que quieren? ¿Arriesgarlos por un capricho de estúpido?

El doctor asintió, visiblemente aliviado de tener un respaldo legal claro.

—Lo siento, señores —dijo el médico mirando a mis suegros—, pero el señor Vélez tiene la razón. La paciente no se mueve de aquí. Les voy a pedir que salgan; Luciana necesita que su ritmo cardíaco baje y esta discusión solo la está perjudicando.

Mauricio dio un paso hacia mí, invadiendo mi espacio personal. Sentí el olor de su loción cara, el mismo de hace cuatro años.

—No me amenaces, muchacho. Sé perfectamente quién eres y no sabes de lo que soy capaz.

—Entonces recuerda que ya te puse la mano encima una vez por hablar de mi esposa —le susurré, bajando el tono para que solo él me escuchara—. No me tientes a hacerlo de nuevo. Ahora, quiten a sus perros de la puerta. Voy a ver a mi esposa.

Miré a Enrique, que seguía con los papeles en la mano. Le sostuve la mirada hasta que él la bajó. Sabía que la jugada del traslado les había salido mal.

—Váyanse —dije, señalando la puerta—. Ahora mismo.

El médico, aprovechando, se enderezó.

—Señores, por favor, despejen el área de la habitación o me veré obligado a llamar a seguridad del hospital y a la policía.

Me quedé un segundo apoyado en el marco, tratando de bajar mis propias revoluciones antes de acercarme a ella. Tenía que ser su roca, no una extensión de su pánico.

Luciana estaba hundida en las almohadas, pálida y con los ojos fijos en la puerta. En cuanto me vio, sus manos, que aferraban las sábanas con una fuerza desesperada, se extendieron hacia mí.

—Sebas... —su voz fue un hilo roto—. Se lo quieren llevar. Quieren llevarse a mi bebé a otro lado, quieren manejarme como si fuera una de sus empresas. No los dejes, por favor, no dejes que me saquen de aquí.

Me acerqué a la cama con cuidado, la envolví en un abrazo suave. Sentí cómo temblaba, era un temblor pequeño pero constante, como una cuerda a punto de romperse.

—Shhh, tranquila, amor. Mírame —le dije, obligándola suavemente a que conectara con mis ojos—. Nadie te va a mover de aquí. Nadie va a tocar a nuestro bebé.

—Pero Enrique dijo que tenían los papeles, que mi papá ya había hablado con el director... —insistió ella, con la respiración entrecortada.

—Tu papá puede hablar con el Papa si quiere, pero de aquí no te van a mover—le solté con una media sonrisa, tratando de inyectar un poco de ligereza en el ambiente—. Soy tu esposo, amor. Legalmente, su poder termina donde empieza mi firma. Los guardaespaldas ya se fueron y el médico tiene órdenes claras de no dejar pasar ni a una mosca que no tenga mi autorización o la tuya.

Le aparté un mechón de pelo de la frente y le acaricié la mejilla con el pulgar. Poco a poco, sentí cómo su ritmo cardíaco, que se reflejaba con prisa en el monitor, empezaba a estabilizarse. El pánico en su mirada fue reemplazado por esa confianza que siempre me ha tenido, esa que me hace sentir capaz de derribar edificios con las manos si ella me lo pide.

—Estamos a salvo, mi amor —le susurré—. El milagro ya ocurrió; el bebé está bien y nosotros también. Ahora solo necesito que respires y que dejes que yo sea el que se pelee con el mundo. Tú solo tienes que descansar.

Luciana cerró los ojos y soltó un suspiro largo, dejando caer todo su peso contra el colchón. Minutos después, su respiración se volvió profunda y rítmica. Había logrado tranquilizarla.

No dormí nada. Entre el brazo y la adrenalina de saber que mi familia casi es secuestrada legalmente, mi paciencia se evaporó. Al día siguiente, después de asegurarme de que Sera estaba instalada en la habitación con órdenes de no abrirle ni al espíritu santo, cité a mis suegros en el lobby del hotel donde se estaban hospedando.

Llegué al salón principal y los vi sentados en una mesa circular, tomando café con esa elegancia gélida que me fastidiaba. Mauricio levantó la vista, ajustándose los gemelos de la camisa, y mi suegra ni siquiera dejó de mirar su teléfono.

—Vaya, el arquitecto decidió aparecer —soltó Mauricio con una sonrisa condescendiente—. Supongo que vienes a pedir disculpas por el desplante de ayer en el hospital.

Me senté frente a ellos sin que me invitaran. Me dolía el cuerpo, pero mi mirada estaba más afilada que nunca. No iba a hacer chistes. No iba a ser el "payaso" para ellos.

—He venido a poner límites, Mauricio —dije, y mi voz sonó tan profunda que hasta mi suegra levantó la cabeza—. Estoy harto de que me tomen el pelo. Estoy harto de que actúen como si Luciana fuera un activo de su empresa y no su hija con una vida propia.

—Sebastián, por favor, no seas ordinario —intervino ella con un tono de fastidio—. Solo buscamos lo mejor para nuestra hija. Tú no tienes la capacidad económica ni el linaje para...

—Ahorrémonos el discurso del linaje, señora —la corté en seco—. Luciana es mi esposa. Lo es por ley y lo es por elección. Y les guste o no, cuando ella no está en condiciones, yo soy el que toma las decisiones médicas y legales sobre ella y sobre mi hijo. Exijo que me respeten esa posición.

Golpeé suavemente la mesa con mi mano sana para dar énfasis.

—Si vuelven a intentar un traslado a mis espaldas, si vuelven a poner guardaespaldas para bloquearme el paso o si Enrique vuelve a acercarse a mi mujer, no voy a usar los puños como hace cuatro años. Voy a tener que convertirme en una pesadilla para ustedes. Además, recuerden que tengo el testimonio del doctor sobre el estrés que le causaron ayer.

Mauricio se puso rígido. Su expresión de superioridad flaqueó un segundo.

—No se acerquen a ella —continué, bajando la voz hasta que fue una amenaza—. A menos que ella misma lo pida, no quiero ver sus sombras por el hospital. No son bienvenidos. Luciana necesita paz para que ese bebé nazca, y ustedes son todo lo contrario a la paz.

—Es nuestra única hija, Sebastián —masculló Mauricio, tratando de recuperar terreno—. No puedes prohibirnos...

—Puedo y lo haré —me puse de pie, sintiendo que por fin recuperaba el control de mi vida—Soy el esposo de Luciana, quieran o no. Acéptenlo de una vez o prepárense para vernos solo a través de abogados si siguen metiéndose en situaciones que no les compete.

Me di la vuelta y salí del hotel sin mirar atrás. Por primera vez en cuatro años, sentí que la balanza se había equilibrado.

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Entré a la habitación con el corazón todavía galopando por el enfrentamiento en el hotel, pero en cuanto crucé el umbral, el silencio sepulcral me obligó a bajar las revoluciones. Luciana estaba profundamente dormida; los medicamentos que le habían dado para frenar las contracciones la mantenían en un estado de sedación suave. Se veía tan pequeña y vulnerable entre tantas sábanas blancas y cables, pero al menos su rostro ya no reflejaba esa angustia de "animal acorralado" que tenía cuando estaban sus padres.

Me acerqué a la cama y me dejé caer en el sillón de cuero desgastado que se había convertido en mi segundo hogar. Solté un suspiro largo, de esos que parecen vaciarte el alma, y me froté la cara con la mano sana.

—¿Por qué nos tiene que pasar todo esto, Lu? —susurré, mirando al techo, aunque sabía que ella no podía oírme—. ¿Por qué no podemos ser una pareja normal que se pelea por el color de las cortinas o por quién dejó los platos sucios?

Me incliné hacia adelante, apoyando los codos en mis rodillas. La frustración me quemaba la garganta.

—Primero, Vanessa sacando su lado psicópata, luego el “accidente” y ahora tus padres y el imbécil de Enrique jugando a la familia del año... —negué con la cabeza—. A veces siento que la vida nos está tirando planos que no tienen sentido, con cimientos que se desmoronan cada vez que intentamos levantar un muro.

Miré su mano, conectada a la vía del suero, y la tomé con una delicadeza extrema.

—Dicen que este bebé es fuerte, y tiene que serlo, porque con los abuelos que le tocaron y el drama que estamos viviendo, va a necesitar una armadura de acero —esbocé una sonrisa triste—Pero te juro, mi amor, que mientras yo tenga aire en los pulmones, no voy a dejar que nos sigan tomando el pelo.

Me quedé ahí, en silencio, escuchando el pitido rítmico del monitor. Solo era un hombre cansado, aterrado de perder lo que más amaba, preguntándole al universo por qué el camino hacia la felicidad de los tres tenía que estar lleno de escombros.

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...NOTA DE LA AUTORA...

...Hola, mis queridos lectores 🤍...

...Quiero pedirles una disculpa por haber estado desaparecida estos días. No ha sido por falta de ganas, sino porque estuve un poco saturada y necesité tomarme un respiro para poder volver con la cabeza más clara y darles capítulos de calidad como ustedes se merecen....

...Gracias por la paciencia, por seguir aquí y por no soltar esta historia, de verdad significa muchísimo para mí....

...Así que prepárense, porque vengo a compensarles todo este tiempo con drama, comedia y muchas emociones (como nos gusta)....

...Los quiero muchísimo y gracias por acompañarme en esta locura....

...YAZZ...

1
Ana Elena Jiménez
pues claro mijo
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
cuenta los sucesos Oliver
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja los cobra diario de mi pueblo 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
hasta el momento las dos cosas
Ana Elena Jiménez
bueno vas por buen camino 🫢
Ana Elena Jiménez
🫢🫢🫢 jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
🫢🫢🫢🫢 jajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
woaoo está señora es toda una fiera 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
desgraciado viejo sinvergüenza, ojalá te desplume y te bote como basura 😡
Ana Elena Jiménez
como lo vas hacer no se sabe pero lo vas a lograr 🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
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