Reencarné en un mundo omegaverse medieval… como un omega masculino.
Todo iba más o menos bien hasta que descubrí dos problemas: 1️⃣ El alfa más atractivo del reino puede escuchar mis pensamientos.
2️⃣ Yo pienso demasiadas tonterías, especialmente cuando está cerca.
Mientras intento fingir que nada pasa (leyendo libros con mucha concentración), él no solo escucha TODO… sino que además me molesta a propósito, con una sonrisa molesta, voz peligrosa y una paciencia sospechosa.
Entre reencarnación, nobles aterradores, padres alfa sobreprotectores, política, proyectos sociales y pensamientos que jamás debieron ser escuchados…
¿Cómo se supone que un omega sobreviva sin pensar cosas como:
“¿Por qué este alfa es tan sexy?”
💭
Comedia, romance, omegaverse y malentendidos garantizados.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 10 Dos alfas adultos, una crisis… y yo hablando otra vez
Elio Renard Valemont tenía un presentimiento horrible.
De esos que no vienen con imágenes claras, sino con una presión incómoda en el pecho y la certeza absoluta de que, si abría la boca, algo irreversible ocurriría.
Por supuesto, la abrió.
Pero todavía no.
La visita al territorio Nocturne había sido presentada como algo “tranquilo”.
—Solo un par de días —dijo Lysenne con su sonrisa diplomática—.
—Para fortalecer lazos.
—Y vigilar —añadió Alaric, ajustándose la capa—. Mucho.
💭 “GENIAL.”
El dominio Nocturne era distinto al Valemont. Más sobrio. Más silencioso. Menos gente hablando a la vez… lo cual, para Elio, lo hacía más inquietante.
Caelum Nocturne los recibió con cortesía impecable.
—Bienvenidos —dijo—. Espero que el viaje no haya sido pesado.
—Mientras mi hijo esté bien, todo está bien —respondió Alaric, colocando una mano enorme sobre la cabeza de Elio.
—Padre —susurró Elio—. No soy equipaje.
—Eres valioso —corrigió—. Es distinto.
💭 “NO AYUDA.”
Seraphiel observaba la escena con diversión contenida.
—Tu padre es intenso —murmuró.
—El tuyo da miedo —respondió Elio.
—Equilibrio perfecto —sonrió.
La situación crítica llegó esa misma tarde.
No con explosiones ni gritos dramáticos.
Llegó con números.
Un administrador entró al despacho del marqués con el rostro pálido.
—Señor —dijo—. Tenemos un problema con los almacenes del sur.
Caelum alzó la mirada.
—Habla.
—El inventario no cuadra. Si los envíos llegan como están previstos, habrá escasez en invierno.
Silencio.
—¿Cuánta? —preguntó Caelum.
—Grave.
Los adultos se reunieron alrededor de una mesa. Mapas, listas, cálculos. Elio estaba sentado en una esquina, con un vaso de jugo, intentando activamente no escuchar.
💭 “No es mi problema.”
💭 “No es mi ducado.”
💭 “NO TE METAS.”
—El margen es muy ajustado —dijo uno—.
—Si retrasamos envíos, perdemos aliados —dijo otro.
Elio frunció el ceño.
💭 “…eso no funciona.”
Se llevó el vaso a la boca.
—Eso no soluciona el cuello de botella —dijo sin pensar.
Silencio mortal.
El jugo casi se le va por la nariz.
—…yo y mi bocota —susurró.
Caelum fue el primero en reaccionar.
—¿Qué dijiste?
Elio miró el piso.
—Nada importante.
—Dilo otra vez.
—No.
—Por favor —añadió Caelum, curioso—. No como marqués. Como alguien que escucha.
Eso fue trampa.
Elio suspiró.
—El problema no es el inventario —explicó—. Es la distribución. Están calculando en línea recta, no en consumo real. Si redistribuyen primero las zonas con menor acceso, el impacto se reduce sin afectar alianzas.
Silencio absoluto.
Uno de los administradores revisó los papeles.
—…espera.
Otro empezó a recalcular.
—Eso… —murmuró—.
—Eso funciona.
Caelum se quedó mirando a Elio con una expresión distinta.
No de orgullo exagerado.
No de alarma.
De interés genuino.
—¿Pensaste eso ahora? —preguntó.
Elio se encogió de hombros.
—Sí.
—¿Cuántos años tienes?
—Seis.
Silencio otra vez.
—
Y entonces ocurrió.
Alaric Valemont explotó.
—¡¿LO VEN?! —tronó—. ¡SE LOS DIJE! ¡MI HIJO PIENSA MEJOR QUE ADULTOS FUNCIONALES!
—Alaric… —intentó Lysenne.
—¡SALVÓ UNA ALDEA! ¡AHORA SALVA UN DOMINIO!
—PADRE, NO SALVO NADA —chilló Elio—. ¡SOLO HABLÉ!
—¡ESO ES LO PEOR! —respondió Alaric—. ¡NI SIQUIERA SE ESFUERZA!
💭 “QUIERO DESAPARECER.”
Caelum levantó una mano.
—Alaric —dijo con calma—. Entiendo tu entusiasmo.
—¿ENTUSIASMO? ¡ESTO ES PATERNIDAD!
—Pero —continuó Caelum, sin apartar la mirada de Elio—… esto es extraordinario.
Elio se tensó.
—No me gusta esa palabra.
—Lo comprendo —asintió Caelum—. Pero no es solo inteligencia. Es criterio bajo presión.
Seraphiel sonrió de oreja a oreja.
—Te lo dije —murmuró.
💭 “CÁLLATE.”
—
Horas después, cuando el problema estuvo encaminado, Elio se dejó caer en un sillón, exhausto.
—Otra vez no —murmuró—.
—Prometí no hablar.
Seraphiel se sentó a su lado.
—Y aun así hablaste.
—Sí.
—Eso también te define.
—Deja de decir eso.
—No —respondió—. Es interesante.
💭 “ESTE ALFA.”
—
Los adultos hablaban cerca.
—Tu hijo es… notable —admitió Caelum—. No exagerabas.
—¡NUNCA EXAGERO! —respondió Alaric—. ¿YA DIJISTE QUE ES OMEGA? ¿SABÍAS ESO?
—Alaric…
—¡UN OMEGA GENIO!
Lysenne tomó la mano de su esposo.
—Respira.
—NO PUEDO.
—
Caelum observó la escena con una leve sonrisa.
—Ahora entiendo —dijo—.
—Por qué mi hijo no deja de mirarlo.
Alaric se puso rígido.
—¿Qué?
—Nada —respondió Caelum con calma peligrosa—. Solo una observación.
Seraphiel miró a Elio.
—Creo que ahora sí estoy en problemas —dijo.
—Bienvenido —respondió Elio—. Yo llevo meses.
—
Esa noche, Elio escribió en su cuaderno:
Nueva actualización:
El padre del alfa también me observó raro.
Situación:
Dos alfas adultos impresionados.
Padre propio en modo baboso 2.0.
Conclusión:
Nunca volveré a opinar.
(Mentira.)
Desde el pasillo, Alaric gritó:
—¡Lysenne! ¿Crees que ya puedo contarle esto al rey?
—ALAAARIC, NO.
Elio se tapó la cara con la almohada.
—…yo y mi bocota.
Y, muy cerca, Seraphiel pensó lo mismo.
Pero sonriendo.