Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 21 Ojos Furiosos
Durante dos largos días, Lady Maisie estuvo causando estragos en el castillo, gritando y ordenando a todo el que veía.
Por su parte, Victoria y Fridda estaban felices atendiendo los animales, eso les permitía estar fuera del castillo, además alejadas de esa mujer.
Victoria veía a la pareja feliz desde lejos y se le revolvía el estómago, a la insoportable Maisie solo le faltaba besar el suelo por el que Duncan caminaba. Por si fuera poco, a él también se le notaba feliz junto a ella y eso a Victoria le disgustaba.
—¿Me vas a decir qué te pasa? —Fridda notaba el comportamiento de Victoria, se veía molesta e intranquila. —Últimamente has estado muy extraña.
—Son ideas tuyas. —Respondió Victoria queriendo evadir el tema.
—Te conozco muy bien y sé que algo me estás ocultando. —Fridda se puso los brazos en jarra mientras la miraba.
Victoria seguía acomodando el heno como si nada, quería hablar, pero no sabía cómo decirle a su amiga lo que estaba pasando.
—Está bien, me duele que no quieras contarme, pero...
—Te lo diré. —interrumpió Victoria. —Pero promete que no me vas a regañar. —sonrió como niña pequeña.
—Lo prometo. —Fridda arrugó los labios. —A diferencia de tí, yo si puedo prometerlo.
—Gracias, siempre has sido grandiosa.
—Habla ya, no me des más vueltas. —pidió impaciente. —Sé que algo te traes con Duncan; no sé hasta cuando pretendías fingir.
Victoria abrió su boca en forma de O y se sentó en una pila de heno.
—¿Tan evidente soy? —Preguntó.
—Lo eres, no lo disimulas ni un poco. —Fridda sonrió con burla y tomó asiento frente a ella.
—La noche que estuvimos en Perth, él me besó, pero estaba un poco pasado de copas. —comenzó su relato. —Pensé que no recordaría nada y lo que había pasado era a causa del alcohol, pero me equivoqué.
Fridda tenía los ojos muy abiertos mientras escuchaba.
—Siguió pasando, dijo que quería conocer más de mí, por supuesto yo me negué. —continuó Victoria. —¡Por Dios! Está comprometido con esa víbora. Yo no voy a ser su amante.
—Te gusta, puedo verlo. —le dijo Fridda casi en un susurro.
—¿Para qué negarlo? Un par de besos y ya me atrapó, así de fácil soy. —Victoria se estaba reclamando a sí misma. —No sé cuando dejó de odiarme.
—Por primera vez, creo que no sé que decirte, somo un par de tontas las dos. —Fridda se reía de ambas.
—Estoy de acuerdo, yo diciéndote que no te involucres con Rory y ahí voy yo a besuquearme con el Lord. Somos un desastre. —Victoria se soltó el cabello, como tratando de liberarse de algo.
—Tu caso es más complicado, digo, Rory no tiene a nadie más. Pero el Lord, ese ya tiene un pié atado.
—No me importa, igual no pienso continuar con esa locura. Ahora más que nunca necesito salir de aquí...
Justo entonces, Duncan entró en el establo, iba por dos caballos para dar un paseo con Maisie.
Victoria y Fridda se tensaron, esperaban que el Lord les gritara por estar allí sentadas charlando, sin embargo, no lo hizo.
Él miró a Victoria como si quisiera decirle algo, pero prefirió guardar silencio y alejarse una vez que obtuvo lo que necesitaba.
—Lo tienes loco, solo basta ver cómo te mira. —comentó Fridda una vez que quedaron solas de nuevo.
—No digas tonterías, mejor terminemos aquí y luego vamonos.
—Llámalo como quieras, pero lo que digo es verdad.
Estuvieron trabajando casi hasta el anochecer y luego se retiraron a su descanso.
Esa noche, Victoria salió a dar su paseo nocturno por el lago, casi se le había hecho costumbre.
De pronto vió a Duncan acercarse.
—¿Me estás espiando? —cuestionó Victoria no creyendo que fuera coincidencia.
—Estoy en mis tierras, puedo hacer lo que quiera. ¿Algún problema? —Respondió él con orgullo.
—Ninguno, mi Lord.—Victoria hizo una pequeña reverencia. —Con su permiso, me retiro.
Duncan no iba a permitir que ella huyera, así que la tomó por la cintura y la pegó a él.
—¿Algún día te cansarás de huir de mí? —Preguntó con tono burlón.
—Yo no huyo, solo estoy tratando de mantener los problemas fuera de mi vida.
—No soy un problema.
—Lo eres y lo es aún más tu prometida. ¿No te da miedo que nos vea en esta comprometedora posición? —Victoria arqueó su ceja esperando una respuesta.
Pero no la obtuvo, Duncan le cerró la boca con un beso que la debilitó por completo.
El efecto que él tenía sobre ella era impresionante, Victoria no se reconocía, cuando estaba junto a él su convicción se iba al diablo.
—No me importa. —Susurró Duncan, aún pegado a sus labios.
—Entonces ¿Por qué sigues con ella? Cancela el compromiso y liberate.
—Es más complicado de lo que crees. —Duncan quería hacerlo, pero no era tan simple. Incluso había estado cerca de Maisie solo para que no fastidiara a Victoria.
Ellos permanecían abrazados, ignorando por completo el par de ojos furiosos que los estaban mirando.
Maisie había seguido a Duncan, estaba segura de que algo andaba raro y no se equivocó. Ella podía sentir su rechazo, también había notado cómo se le iban los ojos hacia Victoria cada vez que se cruzaban.
No iba a permitirlo, el Lord era su prometido y ninguna aparecida iba a robarselo, menos una sirvienta sin linaje. Si tenía que obligarlo, entonces lo haría.